Si me permite

Vale más un abrazo hoy que flores en la tumba

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

“La muerte sirve para hacernos pensar, no en ella misma, sino en lo que nos rodea”. J. H. Leigh Hunt

Una diversidad de vivencias que enfrentamos diariamente nos hacen pensar en aquellos que nos acompañaron en esta vida y que se nos han adelantado. Esto es legítimo y muy humano para poder valorar su memoria. El problema es cuando por alguna razón nos paraliza el recuerdo de ello y no nos permite cumplir nuestras obligaciones con los que están aquí.

El ser humano tiene una capacidad única en reconstruir escenarios del pasado, los cuales nos permiten tomar decisiones para lo que tenemos que hacer en un dado caso. No es extraño que tengamos pensamientos como “qué hubiera dicho él o ella si estuviera aquí” o “qué bueno hubiera sido poder tenerlo para pedirle un consejo”. Lo triste es si a esas personas, cuando las tuvimos con nosotros, nunca les pedimos la opinión o si nos dijeron algo nos molestamos.

Estas realidades nos tienen que hacer muy responsables con los que nos rodean, tomarlos en cuenta en nuestra vida y expresarles nuestros sentimientos, para que el día que por alguna razón ya no estén no sea un motivo más para tener cargos de consciencia, sino recordarlos con un sentir de satisfacción porque vivimos al máximo cuando los tuvimos y hoy el simple recuerdo nos anima a seguir adelante.

Nada cuesta entender que las relaciones se cultivan y básicamente estas son para beneficio propio, pero también por cosas insignificantes pueden ser afectadas y, como nunca sabemos por cuánto tiempo las personas estarán con nosotros, debemos tener la determinación de vivir de tal modo que la convivencia sea tan favorable que no necesite un día purgarse con flores en una tumba, sino con un momento de silencio y meditación gratificante, por lo agradable que vivimos.

Todos los seres que nos rodean son diferentes, y en el compartir la vida van tomando un lugar especial cada uno de ellos. La gran incógnita que debemos despejar cada uno de nosotros es si los seres queridos que están con nosotros saben cuánto los apreciamos y los valoramos porque son únicos. No esperemos tener que decir con congoja y lágrimas, en una tumba, lo que la persona ha significado para nosotros. Esto no es comunicación, es un simple desahogo, que si bien nos ayuda, no agrega valor.

Personalmente, cuando observo a los que visitan a sus seres queridos en el cementerio, y con arreglos florales bellamente elaborados toman un tiempo en ese lugar, la pregunta que me surge es si este acto es una continuación de una relación que se ha vivido en el pasado con los que hoy no están con nosotros o tristemente es algo remedial, por lo que no pudimos vivir cuando la persona estaba en vida con nosotros. En definitiva, en estos días apreciemos a los que todavía están con nosotros.

Es más gratificante el amontonamiento y bullicio con nuestros seres queridos cuando ellos nos acompañan, no importando el costo de tiempo y el tener que pasar el tiempo con ellos, que observar las incomodidades que conlleva en estos días visitar la tumba de un ser querido que ya partió pero que quisiéramos que estuviera con nosotros por más tiempo.

Nuestros actos, palabras y relaciones de hoy son mucho más valiosos y gratificantes que las mejores flores en una lápida fría, que se depositan con el mayor respeto y cariño, sin lugar a duda.