Aleph

Vamos años atrasados

Carolina Escobar

¿Quién llegará al poder luego de Giammattei y qué Guatemala seremos cuando cambie de manos la estafeta? ¿Cómo se levanta un país sin una agenda de Estado consensuada y con corporaciones políticas llamadas “partidos” que nunca ponen a la niñez y la adolescencia en el centro de las políticas públicas o los presupuestos de Estado? ¿Cómo se llega a ser democracia si el inmediatismo y la represión son los métodos usuales de quienes tienen el poder en las manos? ¿Cómo generamos prosperidad, si seguimos dependiendo de las remesas de los emigrantes? ¿Cómo construimos una Guatemala sin hambre, con educación, trabajo y salud, a partir de la desvirtuada consigna del capital de “hay que ser felices aquí y ahora”? ¿Cómo respondemos estratégicamente a las necesidades prioritarias en lugar de reaccionar a este continuum de crisis?

Viendo el atraso de Guatemala en todos los rubros que importan, sabemos que en ningún presente se ha construido futuro. Los únicos que sí lo han pensado y lo han hecho son aquellos que compran a la clase política para proteger sus propios intereses; son los que permanecen mientras los sucesivos gobiernos pasan. De allí que vivamos en una sociedad distópica y que los gobiernos pasen sin que el pacto de la corrupción se rompa y salgamos del atraso. Sumémosle a esto el haber sido ofertados y comprados como Tercer País Seguro, abonando la incertidumbre del presente.

Las remesas familiares que ingresan a Guatemala se han convertido en el rubro principal del PIB. Durante el año 2019 entraron US$10 mil 508 millones 307 mil 400, gracias a los aproximadamente 2.5 millones de guatemaltecos que han migrado y que, en muchos casos, están siendo criminalizados en el Norte. La cifra en cuestión representa casi la totalidad de nuestro presupuesto y el Banco de Guatemala proyecta que se eleve a US$11 mil 600 millones en el 2020. Pensemos, por ejemplo, ¿qué plan tiene este gobierno en caso las deportaciones subieran, las remesas bajaran, y las economías familiares se vieran aún más afectadas en un país con la pobreza extrema que hay en el nuestro, con la desnutrición que aquí se padece y con la falta de empleo, educación, salud y seguridad que nos hacen campeones del absurdo a nivel continental?

En la mayor parte de Guatemala, altos niveles de atraso y violencia que nos remiten a siglos pasados conviven con cerradísimos guetos que viven una vida posmoderna, pero con poca relación directa entre ellos. Volvemos al concepto de las múltiples Guatemalas. La pobreza y la riqueza sí se han planificado en este país, pero por muy pocos para muy pocos. Con más de un 70 por ciento de pobreza y una altísima concentración de la riqueza, siempre nos preguntamos cuándo se planificará de cara al futuro, pero para todos los habitantes del país.

Otro de los grandes retrocesos es considerar hoy que la seguridad ciudadana está relacionada con sacar a más efectivos del Ejército a las calles, y justificar así la inversión siempre creciente para Defensa. Entendemos perfectamente que el crimen organizado no se acaba con bonitos discursos o palmadas en el hombro, pero hay más de una evidencia de que el Ejército, las maras y el crimen organizado son uno solo en infinidad de casos. Ir decretando paulatinamente estado de Prevención de municipio en municipio parece un eufemismo del estado de Sitio. Sabemos que toda seguridad ciudadana es preventiva cuando funciona bien. En los acuerdos de paz, el papel del Ejército en una sociedad democrática está bien definido. Pero queda claro que no vivimos en democracia.

Hay que comenzar a construir el país que queremos, y eso significa ver cuáles son los puntos medulares que nos harán un país desarrollado, educado, seguro y vivible para todos, del cual no se quiera ir nadie.