Cable a tierra

Votar para que haya contrapesos

Karin Slowing karin.slowing@gmail.com

A dos semanas de las elecciones prevalece la incertidumbre y el desencanto con la oferta electoral. Algunos decidirán ejercer su derecho a no votar. A mí me parece bien; no veo por qué estigmatizar a la gente por ello, especialmente cuando es evidente que ya no hace ni falta cometer fraude electoral el 16 de junio para aseverar que estos comicios son los más deslucidos y opacos desde la democratización del país. Otros llegarán, pero votarán nulo por todos o por algunos puestos de elección. Y estamos los que hemos decidido que sí votaremos, aun en estas circunstancias y a pesar de ellas, pues no vemos otra salida democrática al estado de cosas, al menos por el momento.

De esa cuenta, a quienes sí votaremos nos toca buscar maneras de intentar hacer la mejor decisión posible con la oferta electoral que nos toca enfrentar. En mi caso, me inclinaré por partidos que no hayan tenido mayor participación política previa, o que, si la han tenido, tengan en su seno la menor cantidad de candidatos que hayan sido cuestionados por su actividad opaca o abiertamente colindante con la ilegalidad, sea por impunidad, tráfico de influencias, corrupción, o vínculos con el narcotráfico y otras actividades ilícitas. También trataré de esquivar aquellos que son evidentes expresiones políticas de los grupos tradicionales de poder que han controlado el país y que son corresponsables de habernos traído a esta situación de podredumbre que vivimos actualmente. Reitero la palabra “trataré” porque, mal que bien, están presentes en prácticamente todos esos vehículos electorales.

Otro tamiz que aplicaré es ver si al menos hicieron el esfuerzo por poner en un documento o en un video su oferta electoral. Antes de la redacción de esta columna solo obtuve las propuestas de 12 de los partidos políticos que compiten por el Ejecutivo y/o el Congreso. De los demás solo hallé declaraciones de sus candidatos, asunto que, en mi opinión, muestra ya que el sujeto, de ganar, solo hará lo que se le vaya ocurriendo en su cabecita o lo que le dicte alguien más, que sí tiene su lista de intereses particulares bien desarrollada. O sea, otro Jimmy. No es que el plan evite que eso ocurra, pero al menos queda por escrito lo que ofrecieron y se les puede monitorear.

Mi siguiente filtro es si el plan de gobierno deja tener una mediana idea de cómo conciben ciertos temas clave: ¿Cómo ven el rol del Estado en la sociedad? ¿qué harán para rescatarlo de su condición de narco-clepto-estado (si es que siquiera incluyeron el tema)? ¿cómo proponen revivir el aparato público para que ejecute las políticas y programas —algunas tal vez atinadas, otras fuera de la realidad— que están proponiendo? Resalto este último elemento pues, en la condición actual del aparato público que heredarán, no sé si me da risa o pena que aseveren que cumplirán en cuatro años con metas que no se han cumplido en toda la historia contemporánea del país.

Finalmente, no sienta que “desperdicia” si vota por el candidato o partido que vea como mejor opción, aunque las encuestas digan que no tiene posibilidades de ganar. El ejercicio del derecho a votar en condiciones tan adversas como las que enfrentamos exige que quienes tenemos el privilegio de examinar la oferta contribuyamos a que expresiones políticas que aspiran a una democracia más representativa e incluyente no mueran en su primer intento. Esto es especialmente importante en su voto para el Congreso y para la municipalidad. Es vital que el #PactoDeCorruptos tenga un contrapeso más efectivo que el que tuvo en esta legislatura. Ya vio y vivió usted los extremos a que son capaces de llegar con tal de no perder sus privilegios.