Pluma invitada

¿Y si pensamos en todos?

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Catorce vacunas contra el covid-19 han sido ya aprobadas en distintos países, y 860 millones de dosis han sido administradas alrededor del mundo. Los expertos siguen repitiendo que para acabar con la pandemia es necesaria la inmunidad de rebaño, de manera que se rompa la cadena epidemiológica y realmente podamos regresar a la normalidad, y no a una aparente.

La vacunación es indispensable para lograrlo. Israel, por ejemplo, gracias a sus destacados esfuerzos de vacunación, que iniciaron desde diciembre 2020, parece estar cerca de lograrlo. Dicho país, con un poco más de 9 millones de habitantes, ya ha vacunado a más del 50% de su población con la segunda dosis de la vacuna desarrollada por Pfizer-BioNTech. ¿Cómo lo ha logrado? Con un agresivo plan de vacunación que ha destacado del resto de países desde el principio.

Países como Chile, a través de la aplicación de la vacuna de la farmacéutica china Sinovac, también muestran un avance notable en Latinoamérica. A la fecha, más de 5 millones de habitantes han recibido la segunda dosis. Este país tiene una población comparable con Guatemala, con unos 18 millones de habitantes.

Se preguntarán por qué traigo estos casos a la luz. Simplemente para evidenciar que es posible y que dejemos de pensar que solo las potencias mundiales pueden lograrlo. Guatemala lleva un rezago en la vacunación y no es momento de quedarnos dormidos. Aunque sabemos que hay importantes retos para la adquisición, almacenamiento y distribución, así como para garantizar la calidad y seguridad de la vacuna mediante una adecuada cadena de frío y aplicación de la farmacovigilancia, estos desafíos serán más fáciles de afrontar si todos los sectores trabajamos juntos.

Si hay más disponibilidad y más acceso a la vacuna, ¿quiénes son los beneficiados? La respuesta es fácil: Todos. La inmunidad frente al virus debe extenderse ampliamente para que todos podamos volver a la normalidad. Pensar en el prójimo ha sido clave para contener la pandemia, pero ahora lo es para que logremos salir de ella. Nuestra humanidad se está poniendo a prueba nuevamente y debemos salir airosos como nación. Nuestra recuperación económica, nuestra competitividad ante el mundo y, sobre todo, nuestra salud dependen de ello.

Mostremos esta humanidad dejando a un lado ideologías, intereses políticos y la concentración del poder. Países como Perú, Colombia y Honduras han entendido la importancia de sumar esfuerzos con el sector privado para avanzar en los procesos de vacunación. Cada sector, haciéndolo solo, puede hacer poco, pero juntos podemos hacer mucho. El sector privado posee capacidades importantes que deben aprovecharse para lograr la inoculación de muchos guatemaltecos. Al llegar a colaboradores de empresas y sus familias se irá avanzando en el proceso.

La negociación, compra, almacenamiento, distribución y aplicación de las vacunas no debe politizarse. Tampoco debe volverse ideológico, porque transmitir los mensajes erróneos a la población sobre el involucramiento del sector privado en el plan de vacunación solo nos traerá más rezago. Las vidas de los guatemaltecos son las que están de por medio.

El gobierno central tiene el rol de garantizar la accesibilidad, como ente facultado para realizar los procesos de negociación y adquisición. Asimismo, debe promover la aceptación de la vacuna mediante estrategias de comunicación. El IGSS, por su parte, debe colaborar con el Gobierno para que, unidos, ejecuten el plan de vacunación y así garantizar la cobertura a la población, de manera gradual y progresiva. No es momento de buscar protagonismos ni cuotas de poder, sino de actuar responsablemente, pensando colectivamente y no de forma individual.

¿Y si pensamos en todos?

* Empresario