Pluma invitada

Combatir la desnutrición es prioridad para Guatemala

En la búsqueda de soluciones sostenibles para reducir la pobreza y generar prosperidad compartida difícilmente encontramos consensos más fuertes que la necesidad de reducir la desnutrición crónica infantil.

En los últimos años Guatemala ha logrado avances importantes en esa lucha, pero todavía queda un largo camino por recorrer, ya que las tasas de desnutrición en el país siguen siendo de las más altas del mundo y las más elevadas de América Latina y el Caribe.

Esto afecta la calidad y el potencial del desarrollo humano de los guatemaltecos, ya que la desnutrición conlleva un retraso en el crecimiento en la infancia que tiene consecuencias graves durante el resto de la vida, tanto para los individuos como para la sociedad en general.

A nivel individual, los niños con retraso en el crecimiento tienen un mayor riesgo de muerte en los primeros años de vida, experimentan un desarrollo físico y cognitivo más limitado, perciben ingresos más bajos en su vida adulta y corren un mayor riesgo de padecer enfermedades crónicas a largo plazo. A nivel de la sociedad, la desnutrición supone mayores gastos en salud y pérdidas en las inversiones en educación.

Afortunadamente, la desnutrición no es un problema genético, sino que es prevenible. Para ello resulta importante atender aspectos cruciales como la salud materna, las prácticas de alimentación infantil, el acceso a agua potable y saneamiento y los servicios de salud de calidad. Dicho de otra forma, abordar la problemática desde un enfoque multisectorial.

Precisamente bajo ese enfoque y debido a la relevancia que tiene para el desarrollo de los guatemaltecos, el Banco Mundial aprobó en marzo del 2017 un programa de US$100 millones destinado a mejorar las prácticas, los servicios y los comportamientos claves para reducir la desnutrición crónica en el país, con un énfasis en los primeros mil días de vida y en las poblaciones más vulnerables, como las indígenas.

Los beneficiarios principales serán los niños de 0-24 meses, así como las mujeres embarazadas y sus familias en siete departamentos con elevado porcentaje de desnutrición crónica (Alta Verapaz, Chiquimula, Huehuetenango, Quiché, San Marcos, Sololá y Totonicapán).

El proyecto Crecer Sano busca apoyar la Estrategia Nacional para la Prevención de la Desnutrición Crónica 2016-2020, lanzada por el Gobierno en marzo de 2016. Para ello se enmarca en la experiencia adquirida por el Banco Mundial en otros países, como Perú (el más emblemático, por haber logrado reducir la desnutrición crónica infantil en 15 puntos porcentuales en tan solo ocho años), Brasil, Tailandia y Senegal, todos ellos ejemplos reconocidos en la lucha contra la desnutrición y que nos han dejado importantes lecciones.

Entre estos aprendizajes figuran la necesidad de contar con un compromiso político sostenido y al más alto nivel, el involucramiento del Ministerio de Finanzas para alinear el gasto público a ese fin y un abordaje multisectorial basado en resultados. Creemos firmemente que Guatemala, como todos estos países, puede ganarle la batalla a la desnutrición, ya que dispone de un compromiso al más alto nivel.

Un compromiso al cual desde el Banco Mundial nos sumamos hace tiempo. Estamos convencidos de la necesidad de que todas las personas tengan la oportunidad de alcanzar su máximo potencial. Con esto en mente seguiremos trabajando, de la mano del Gobierno y del Congreso, para que el programa pueda implementarse y que en unos años el futuro de ningún niño esté comprometido.