La era del fauno

Como hace siglos, niñas obligadas a ser madres

Juan Carlos Lemus @juanlemus9

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Juan Carlos Lemus

El dominico inglés Thomas Gage recorrió parte del continente americano entre 1625 y 1637. Anotó sus impresiones en un libro que fue publicado en su idioma natal y cuya traducción al español lleva el título Nueva relación que contiene los viajes de Tomas Gage en la Nueva España.

Su experiencia en nuestro territorio quedó asentada en las descripciones que hace de Mixco, “Pinola”, Petapa y Amatitlán. Cuenta la forma de vida de los habitantes: sus viviendas, comidas, fiestas, ceremonias de fin de año, ritos durante la Cuaresma, artes, oficios, “hechicerías”. Otras descripciones no son así pintorescas; narra los abusos cometidos por los gobernantes y los curas en contra de la población indígena. Aun cuando no puede ser considerado un tratado de historia, pues, básicamente, se trata de un diario de unas 480 páginas, además de que para conocer nuestro pasado tenemos una bibliografía bastante amplia, lo escrito por Gage es interesante. De ese periodo esclavista narra cuando a los indígenas los casaban obligadamente a los 14 años de edad, los hombres; a los 13, las mujeres. Edades permitidas por el Derecho canónico de entonces que, como agravante, podían ser alteradas si, a criterio del cura o los gobernantes, niñas todavía más pequeñas tenían cuerpos con proporciones ya formadas para ser madres. De esa cuenta, podían casarlas de 12 años de edad o menos. Ese criterio quedaba sustentado de un plumazo, simple, bajo la aclaración nisi malitia supplet aetatem.

Si un padre de familia indígena no informaba sobre la edad de sus hijos y en su familia tenía varios adolescentes sin casarlos, era reprendido por la omisión y por haber guardado tantas personas inútiles que no tributaban al gobierno y a la iglesia; por lo tanto, explica Gage, “se aumenta al padre el tributo a proporción de los hijos e hijas que tiene sin casar y capaces de hacerlo”. Es decir, o los casa o da su aporte como si tuviera más familias en su rancho.

Algunos crímenes no han cambiado o han ido a peor. Las niñas siguen siendo obligadas a tener relaciones sexuales e hijos. Según el monitoreo Osar, noviembre 2018, entre enero y octubre de este año se hicieron madres 1,465 niñas de 14 años. En solo diez meses, fueron embarazadas 28,591 niñas de 10 a 17 años de edad. La cifra de niñas y adolescentes madres de 10 a 19 años de edad asciende a 65,533 (repito, en diez meses). Y eso que se trata de un subregistro. Nos quedamos cortos ante ese horror. No podemos imaginar a cabalidad el daño causado a cada una de esas niñas. Somos adultos, hombres o mujeres indiferentes, devotos y moralistas indolentes ante la maldad. De igual forma, muchos jueces, investigadores del MP, los agresores, policías, docenas de personas se convierten en victimarios antes que protectores de la infancia. No les importa la vida de otras, solo su salario.

Esa represión está encadenada a principios farisaicos, a la negación de la educación sexual en las escuelas, a la hipocresía parlamentaria que miente porque sabe que no se frenará el crimen invocando poderes sobrenaturales decretados en un Día nacional de oración; todo eso nos mantiene en el pozo de extrema pobreza, desnutrición, ignorancia, como hace siglos.

No es Gage un fraile que goce de la simpatía de sus biógrafos. Ni la mía. A su regreso a Europa abandonó el catolicismo para ingresar en la iglesia anglicana de Inglaterra. Se habla de una sugerencia suya de invadir la isla de Santo Domingo y desde allí una nueva conquista a Guatemala, para la gloria de Dios y para redimir a los habitantes de estas tierras de sus pecados públicos y privados.

@juanlemus9