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El gatopardismo en la UNE

Pedro Trujillowww.miradorprensa.blogspot.com

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Política

Sandra Torres vuelve a postularse para la Presidencia de la República. ¡A la tercera va la vencida!, pareciera ser el estratégico lema que le impulsa. ¿Hay ausencia de liderazgo alternativo en un partido con suficientes cuadros teóricamente capaces o, por el contrario, remarcado caudillismo que no permite otra opción? Cualquiera que sea la respuesta no es un buen diagnóstico para una oferta política.

Resulta difícil conseguirle votos a una mujer que descaradamente gobernó de facto en tiempos de su entonces esposo —Álvaro Colom— y que tomó fría y conscientemente la decisión de divorciarse de él para participar en lo que fue su primer intento fallido de llegar a la Presidencia de la República. La sociedad no le perdonó esa salida del guacal y se lo hizo pagar —electoralmente hablando— en 2015, la segunda ocasión en que se presentó. Se prefirió un bisoño como Jimmy Morales —aunque resultó mucho peor de lo esperado— que una traspapelada “socialdemócrata” con ínfulas autoritarias.

En el fondo, y creo que es lo importante después de tantos años, la no renovación del liderazgo en la UNE evidencia un acomodado conformismo de políticos jóvenes a quienes se les pasa el arroz mientras se contentan con ser diputados antes que confrontar un liderazgo caduco y estéril. También —justamente por lo anterior— hay una manifiesta obstinación que marida el absolutismo con el partido y lleva a concluir que la UNE y Sandra son lo mismo y por lo tanto no son opción democrática. La “vieja política” no ha desaparecido del escenario electoral 2019 y está tan presente y enraizada como antes.

Frente a ese panorama —sobradamente analizado por quienes planifican la estrategia electoral de la UNE— se ha optado, al parecer, por una política de “tierra arrasada”. Visto que en segunda vuelta en 2015 no pudo con un novel, la decisión parece estar en sacar del tablero político a quienes puedan hacer sombra, y mucho mejor si son todos. De esa cuenta la ley contra el transfuguismo, certeramente vendida como herramienta que impediría reelegir a quienes manoseaban la democracia, termina siendo la mejor arma para impedir —o dificultar— que más de setenta diputados de diferentes partidos queden fuera del mapa electoral. Hay que valorar tanto la bondad de la norma como que saca del liderazgo local cuadros afines a partidos opositores, lo que beneficia a la UNE. Otra línea de acción es impedir el surgimiento de liderazgos emergentes, razón por la que llenaron de piedrecitas el camino de Semilla y harán lo propio al entrampar la inscripción tanto de Zury Ríos como de Thelma Aldana, ambas contrincantes de doña Sandra y con quienes seguramente perdería en una segunda vuelta, si es que llega ahí y no se le indigesta el proceso.

Muchas cosas pendientes tiene la UNE por las que necesita empoderarse: plazas fantasma por resolver, diputados enjuiciados, todo el gabinete de la era Colom procesado y temas por aflorar de mayor calado como la confrontación por la banda 4G, cuestiones judiciales y ciertas concesiones millonarias que seguro persigue alguno de sus financista, además de la resolución definitiva del caso multimillonario —Tigo/Claro— por el que Julio Ligorría está procesado.

Durante la campaña veremos maniobras chabacanas en un afán desmedido por tomar el poder para intentar reconducir un rumbo que la justicia trazó hace rato pero que no es del interés de ciertos políticos. Si hace unos años Baldizón sufrió un síncope tras su derrota, no es de extrañar que este 2018 sea el momento en que a Sandra Torres le dé un jamacuco.

¡Al tanto del resultado!

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