Si me permite

Hagámonos amigos de un libro

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

“Adquirir el hábito de la lectura y rodearnos de buenos libros es construirnos un refugio moral que nos protege de casi todas las miserias de la vida.” W. Somerset Maugham

En nuestra sociedad el día 23 de este mes se celebra el Día Mundial del Libro, para hacerle honor a esta fecha debemos recuperar el amor a los libros, no simplemente en la posesión de ellos, sino también el amor a la lectura.

Hace muchos años era muy frecuente encontrar a aquellos que estaban viajando o haciendo tiempo para encontrarse con alguien y lo ocupaban leyendo un libro que tenían consigo para aprovechar mientras esperaban. Los tiempos han cambiado sin lugar a duda y lo que hoy se observa es aquellos que están haciendo tiempo para un compromiso próximo usando sus dos pulgares para mandar un mensaje a alguien, jugando o revisando qué hacen y dicen otros en las redes sociales. Claro, es importante estar comunicado con los nuestros, pero también es importante ilustrarnos con una buena lectura.

La pérdida del habito de la lectura fácilmente se nota en las limitantes que generamos para poder comunicarnos con los demás en cualquier ámbito, como que las ideas no nos fluyen o bien tardamos cada vez más para estructurar nuestros conceptos, lo que queremos comunicar. Pero si cultiváramos la costumbre de leer un buen libro nuestras conversaciones y nuestras estructuras mentales serían más fluidas y más estructuradas.

Cuanto más temprano adquirimos el hábito de la lectura es mucho más fácil de conservarlo por el resto de la vida. Es evidente cuando uno llega a la universidad y se les asignan lecturas extensas de una clase a la próxima, los que tienen el hábito de la lectura no tienen problema en hacer la tarea, pero si la lectura no tiene dificultad en cumplir con los requisitos universitarios.

Una de las costumbres del pasado era que para el cumpleaños o para alguna ocasión por la que debería llevarse un regalo, un libro era algo frecuente y también muy apreciado por el que lo recibía. Si queremos recuperar un espacio perdido para hacer un bien a las generaciones futuras debemos regresar a esa costumbre. Claro está que quien no lee no puede saber cómo escoger un buen libro que sea apropiado para la edad y personalidad de quien recibirá el regalo.

Sin duda las buenas costumbres se contagian y la lectura es una de ellas. Si yo me estoy criando en un hogar donde mis mayores en su tiempo libre están con un libro en la mano y con una expresión en sus rostros de placer y agrado, también me uniré a ellos porque puedo percibir que están disfrutando y me anima a integrarme a ellos.

Por simple ilustración podemos ver como muchos se unen frente a la televisión en casa o en algún restaurante por un partido de futbol, por el simple hecho de ver la expresión de agrado y el modo como disfrutan el tiempo que ocupan en el juego, lo mismo sería si nuestro rostro proyecta placer y logro cuando estamos leyendo un libro, seguramente se nos preguntará qué estamos leyendo.

Cuando uno observa la riqueza que los libros contienen, no simplemente en la información, también en el poder que tienen para mejorar nuestra redacción, ortografía y las temáticas que mantenemos en nuestras conversaciones con nuestros seres queridos o las personas que nos rodean, se da cuenta de la importancia de la lectura.

El reto mayor de la lectura es que no hay que buscar quien nos acompañe y con quien nos reunamos para leer, sino qué tiempo le asignamos para hacerlo como prioridad, para poder tener el carácter e iniciativa de dejar otras cosas para poder leer.

samuel.berberian@gmail.com