SI ME PERMITE

Incursiona a la información

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“Solamente puedes aprender si tú mismo te abres a diferentes fuentes de información” Frank Tenkerton.

Es común dejarse llevar por lo que otros dicen y no tomarse la molestia de investigar si lo que se ha oído es cierto. Es posible que una mínima parte sea verdad, pero si se lleva la información fuera de proporción ya no será la misma verdad que en un momento intento ser.

Por lo anterior, desde los años formativos en el estudio se les instruye a los estudiantes el arte de investigar y llegar hasta la fuente de la información para poder apoyarse en el documento consultado cuando se habrá de emitir una opinión. Claro está que en los años formativos la idea de investigar se siente como un camino que los lleva cuesta arriba y se busca mil y una formas de evitarlo. Por ello es más agradable trabajar en grupos: uno apoyándose en otro, pero pocas veces recurrir a la fuente.

La investigación como un proceso no solo cultiva la comprensión sino también es una base para otras informaciones que necesitamos en la vida. Sirve como una red que nos sigue enriqueciendo la personalidad como también la capacidad. Lo anterior termina en el proceso definiendo lo que llegaremos a ser para el resto de la vida.

Si nos apegamos al principio que toda formación está lograda de lo conocido para llegar a lo desconocido, entenderemos que no hay atajos en la información. Quizás alguna vez recordamos tener que comentar o informar de algo a los que nos rodean y la respuesta que recibimos es “no sé de qué me estás hablando” esa simple expresión nos dice que nos faltó una información para poder darnos a entender.

Sin lugar a duda la experiencia nos enseña a reconocer que dependemos de la información. Esta puede ser primaria cuando está relacionada directamente con lo que estamos tratando o secundaria, cuando simplemente está ilustrando o complementando la información que estamos comunicando.

Lamentablemente muchos de los que nos informan se ocupan tanto en lo que es simplemente cosmético que se pierde la esencia de lo que está informando, pero por otro lado están los que dan por sobreentendido las cosas, pensando que eso todos lo saben. En estos días cuando las comunicaciones se han masificado con medios electrónicos y además se han inventado tantas abreviaturas que se manejan con una discrecionalidad particular, debemos ser muy cuidadosos de cómo nos informamos.

Una anécdota que recuerdo sobre mal entendidos fue en una playa: Alguien estaba ahogándose y pidiendo socorro para que lo asistieran, pero los que estaban afuera pensaban que agitaba las manos en un mensaje de despedida por lo cual nadie corrió a salvarlo.

La capacidad de informar nadie la tiene, porque todos nacemos sin esa capacidad, por lo cual debe ser aprendida, corregida y adecuada conforme al medio en el que nos desempeñamos. Este proceso puede nacer en nosotros o bien puede ser estimulado por aquellos que nos rodean. Si aceptamos esta verdad no solo seremos más productivos sino mucho más colaboradores los unos con los otros.

Esto es tarea para toda la vida porque nuestro medio cambia y nosotros por la edad cambiamos también. Lo más sano es ayudarnos y estimularnos a mejorar y no alejarnos los unos de los otros porque no nos entendemos. Seamos humildes y si la información no es clara, entonces una buena pregunta puede ser la solución.

ESCRITO POR:

Samuel Berberián

Doctor en Religiones de la Newport University, California. Fundador del Instituto Federico Crowe. Presidente de Fundación Doulos. Fue decano de la Facultad de Teología de las universidades Mariano Gálvez y Panamericana.