Si me permite

La semana santa es tiempo para reflexionar

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

“La resurrección hace que mi vida cobre sentido. Me da un norte y la oportunidad de empezar de huevo, cualesquiera que sean las circunstancias en que me halle”. Robert Flatt

En nuestra Guatemala es de apreciar la creatividad que se tiene para la preparación y la conmemoración de esos días, pero no tiene que terminar como algo que se cumplió y luego regresar a lo nuestro, sino todo lo contrario, debe ser una oportunidad para revisar nuestra manera de vivir.

Cuestionarnos también si los valores que afirmamos están congruentes con nuestra confesión para que no sea simplemente una práctica externa sin un compromiso de corazón.

Durante la semana santa se experimenta una serie de sentimientos y se realizan una serie de costumbres que pueden de alguna manera alejarnos de la razón por la que la recordamos.

Algunas de dichas celebraciones nos pueden distraer de tal manera al punto de que en lugar de acercarnos al significado nos van alejando que nuestra cristiandad puede ser cuestionada.

Por ello debemos ser cuidadosos en el modo como la celebramos.

Por otra parte también podemos caer en extremos de una rutina y perder el valor o bien ser tan contemplativos que nos deja a la distancia.

Recordemos que en el relato bíblico también hubo aquellos que a la distancia contemplaron todo lo que pasó, pero de allí no hubo ningún acto de responsabilidad y mucho menos de cambio de vida y comportamiento.

Lo importante es que cuando los nuestros nos ven en la devoción expresada en los días festivos, también deben saber que cuentan con nosotros el resto del año en lo que tiene que ver con nuestra fe y devoción.

Claro está que somos las mismas personas y no solo en la festividad, sino en la convicción arraigada en nosotros que debe manifestarse durante toda nuestra vida porque así nos identifica.

Si la festividad nos llevara a una identificación con lo que se está recordando la primera cosa que tiene que surgir en nosotros es una gratitud por el simple hecho que quien murió y sufrió en esos días fue una persona que nos sustituyó y no fue por una culpa propia. Literalmente alguien fue absuelto y Cristo ocupó el lugar.

El entender esto debería crear una mentalidad de madurez en nosotros para que dejando lo nuestro proyectemos un cambio de vida.

Si bien las actividades están rodeadas de una religiosidad, esta no debe ser simplemente un repetir de actos, sino que al recordar los hechos nos tiene que llevar a una integridad de la vida y en cada faceta en la que estamos comprometidos.

Cuando entendemos que estos días nos invitan a poner un alto en nuestro modo de ser y la oportunidad de iniciar de nuevo en cosas muy personales que no solo afectan a nosotros, afectan a los nuestros también.

Por ejemplo, qué pensarían los que me conocen si el día de la independencia estoy orgullosamente desfilando conmemorando el gesto histórico y pasadas las fechas me escuchan disfrutando música extranjera y comidas que no son las autóctonas. Es exactamente lo mismo que puede acontecer con mi devoción de fe y la práctica de mi vida tristemente.

Una nación que tiene la devoción y reflexión de lo que estos días nos recuerdan debería tener una mejor imagen y mucho mejor entorno en el diario vivir no solo estos días, sino todos los días.

samuel.berberian@gmail.com