Si me permite

Las virtudes se cultivan diariamente

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

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“La humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes”. Ronnie V. B. Carrera

Cuando estamos pensando en virtudes estamos entendiendo que son parte de nuestra manera de ser y no necesariamente se apela a ellas por algunas situaciones, sino que son parte nuestra y se manifiestan tarde o temprano porque nosotros así somos.

Lo valioso de las virtudes normalmente se asimila en los años formativos de la vida porque alguien nos ha estado instruyendo o supervisando para que en el momento necesario se manifiesten.

Claro está que algunos en el transcurso de su vida han tenido que hacer los ajustes necesarios para integrar algunos elementos de las virtudes en su diario vivir porque así lo han decidido hacer.

Es fundamental entender que para que algo se pueda cultivar en nosotros primeramente debe ser aceptado y luego toma un lugar en nuestra vida.

Las virtudes no son completamente innatas en la vida de uno: no nacemos con todas las virtudes ya dadas, sino que en la vida en una manera progresiva las vamos asimilando, primeramente, por instrucción de nuestros mayores y luego en la vida cuando lo vemos en otros nos llama la atención y lo asimilamos para que podamos tener los beneficios de ellas.

Naturalmente el humano tiene una capacidad de observar y luego, si le agrada, normalmente admira lo que otros tienen y la forma como han producido sus frutos. En ese momento la admiración puede ser una herramienta que nos lleva a incursionar en los detalles de lo que hemos admirado y comenzar a incluirlo en nuestro modo de ser.

Claro está que hay muchas personas que nosotros conocemos que cuando ha pasado un tiempo y las volvemos a encontrar notamos cambios propositivos en ellas porque se han relacionado con seres que les han permitido mejorar, y por ello son personas mucho más virtuosas que cuando las habíamos conocido antes.

Lo anterior nos invita a no considerarnos como logrados en todo, sino al contrario: es una obligación de cada uno de nosotros el observarnos y evaluarnos para ver en qué áreas de nuestra vida podemos mejorar cultivando perfiles virtuosos para que nuestras relaciones interpersonales no solo sean más agradables, sino también seamos personas que al hacer lo que diariamente debemos hacer lo hagamos con virtud y excelencia.

Debemos recordar que nuestras relaciones interpersonales van elaborando un perfil con el cual se nos recordará cuando ya no estemos.

Si nos hemos tenido que alejar de nuestro círculo, seguramente nos recordarán por lo que hemos sido y el modo como hemos vivido.

Entendemos que en esta vida no es simplemente calcar perfiles de otros, porque no hay dos individuos iguales, sea esto por temperamento o gusto y aun en nuestra formación. Pero es determinante procesar lo que apreciamos en otros y determinar en qué manera o modalidad podemos integrar esos perfiles en nuestra vida.

Muchos de nosotros deberíamos descubrir en nuestro pasado los elementos virtuosos que se nos inculcaron. Y quizás veremos que por el trajín de la vida y lo accidentado de nuestras relaciones hemos descuidado algunos aspectos virtuosos que eran nuestros y que hoy día no se están proyectando.

Si solo pensáramos que con los que tratamos hoy y convivimos hoy posiblemente mañana ya no estaremos, esto es motivo suficiente para vivir más cuidadosamente y poner en práctica alguna virtud nuestra cada día.