la era del fauno

“Loquillos”

Juan Carlos Lemus @juanlemus9

Vivimos entre el terror y las ofertas de Semana Santa. Desde hace tiempo estamos así de contrahechos, pero la cosa se acelera a velocidad de balazos. Noticias trágicas se mezclan con anuncios autocomplacientes del Gobierno de Guatemala. Se imbrican reportes sobre los abusos delictivos de una empresa prestamista con anuncios que hablan bien de ella.

Las notas sobre la muerte de dos periodistas y la granada que estalló en la entrada del Hospital San Juan de Dios, más los disparos, las dos personas muertas y las 20 heridas, todo seguido de la falsedad publicitaria indician el choque psíquico del ser humano contra su realidad.

Al mismo tiempo, se buscan nuevas formas de colorear la desgracia. Se intenta hacer tanatopraxia al entorno, esto es, maquillar al muerto. Por ejemplo, desde que a alguien se le ocurrió decir “ultiman a fémina” en vez de “matan a mujer”, ya sea porque tenía que repetir el dato con mucha frecuencia o porque quiso fabricar un eufemismo, aquello se contagió cual peste. Y por mucho que lo parezca, no es lo mismo.

Después de la granada en el hospital, el ministro de Gobernación, López Bonilla, dijo refiriéndose a los criminales: “Son tan bobos que hacen un ataque que hiere a mucha gente y no logran su objetivo”.

En primer lugar, el objetivo era aterrorizar y lo consiguieron. En segundo, emplear el adjetivo “bobos” en un contexto de terror suena como decir que esos atacantes son unos “loquillos”, y que lo bobalicón del caso es que, en el intríngulis, los pillos continúan haciendo de las suyas, los muy zoquetes (es semejante a nombrar con animalitos los genitales o a llamarle pompis y bubis a las nalgas y pechos). Y es que al señor López se le hace un galimatías el tiquismiquis de las matazones.

Sospecho que el ministro vive fuera de la realidad. Ha de creer que hace un excelente trabajo. Sus amigos han de reforzarle tal idea. Pero que se lo pregunte a los pobladores de La Puya, a las víctimas de Alaska, de Huehuetenango, a los normalistas, al pueblo y advertirá que pasará a la historia como alguien que mandó estallar lacrimógenas donde había derechos civiles, que veló cobardemente por los intereses de una minoría con poder y que descuidó la prevención del crimen.

Esta semana, tras la muerte de los colegas, los periodistas salieron a las calles. Articularon un movimiento digno de conservar. Demostraron un poco de lo que son capaces. Su fuerza va más allá de los espacios para los que trabajan. De inmediato, acaso para aplacar su ira y evitar que se desbordara, la Policía capturó en tiempo récord a dos sospechosos. Celebramos la acción y esperamos justicia, aunque lamentamos que se establezcan prioridades según la conveniencia, pues no corren igual suerte quienes no tienen medios de comunicación, como Kimberly, la joven que hoy tiene parálisis cerebral debido a los atentados en el San Juan de Dios, donde trabaja como secretaria y ahora está recluida. La mayoría queda sin justicia. Así de jodidos estamos, digo, así de embobadillos.

@juanlemus9