Con otra mirada

Los desastres como fuente de oportunidad

José María Magaña Juárez jmmaganajuarez@gmail.com

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José María Magaña Juárez jmmaganajuarez@gmail.com
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El título de este artículo no se refiere a la oportunidad que suelen generar funcionarios de Estado para hacerse de fondos públicos, al decretar estado de emergencia ante cualquier eventualidad.

La fragilidad del territorio coloca a Guatemala en la posición No. 4 de vulnerabilidad a nivel mundial. La erupción del 3 de junio del volcán Fuego, más allá del impresionante espectáculo que ofrece desde febrero, arrasó con comunidades asentadas en su falda. El territorio afectado abarca los departamentos Chimaltenango, Sacatepéquez y Escuintla, y el resultado de los flujos piroclásticos que sobrepasan los 2.5 m de altura, es conocido. Los daños más serios se concentran en Escuintla, cuya vertiente sur va de los 3,763 msnm al Océano Pacífico, con amplias zonas agrícolas. En el entorno inmediato a la zona afectada hay infinidad de tierra que, según las fotografías aéreas publicadas, podría ser sujeta de desarrollo urbano, de beneficio nacional.

Para fines del presente artículo hay dos desastres históricos que sirven, sea como reacción visceral del funcionario, o como una rápida y meditada decisión de Estado.

Con el primero me refiero a Martín de Mayorga, llegado a Santiago de Guatemala al inicio del mes de julio de 1543, cuando recién empezaba a temblar encontrando, por supuesto, el volcán Fuego en plena actividad, lo que debió espantar al desdichado Capitán General. Tembló todo el mes y el día 29 fue el terremoto de Santa Marta, que causó serios daños a la Ciudad, propiciando que el asustado Capitán General obligara su traslado.

El 22 de enero de 1774 se emitió la orden real aprobando la “provisional traslación de la ciudad de Santiago al establecimiento de la Ermita…” (distante cuarenta y cinco kilómetros y por lo tanto, a salvo de la furia del volcán). El 22 de octubre de ese mismo año fue promulgada la real orden de 23 de mayo, disponiendo que la capital asentada se titulara “Nueva Guatemala de la Asunción”, con lo que Santiago de Guatemala pasó a ser conocida como La Antigua Guatemala.

El segundo desastre fue el sismo del 18 de abril de 1902, que en menos de un minuto convirtió en escombros parte de la ciudad de Quetzaltenango. Hasta la erupción del 24 y 25 de octubre, el volcán Santa María se consideraba extinto. El 29 de ese mes, en sus faldas comenzó a formarse el actual volcán Santiaguito.

A raíz de ese terremoto, el presidente de la República, Manuel Estrada Cabrera, emitió el Acuerdo Gubernativo del 29 de junio de 1902 por medio del cual autorizó la edificación de “La Nueva Quetzaltenango” en el sector denominado La Democracia, según el plano levantado por la Comisión Oficinal de Ingenieros, encabezada por el ingeniero Claudio Urrutia, así como ordenar y reedificar la parte destruida. Las autoridades locales decidieron extender la ciudad hacia los cantones La Democracia, Los Alisos y Llanos de Olintepeque.

Hoy, a raíz de los daños causados por la erupción del 3 de junio, los damnificados siguen alojados en albergues improvisados, afanados en rescatar los restos calcinados de sus familiares. De parte del Estado, no se escucha intento de reubicación de los cientos de familias desplazadas, y menos aún, un esbozo de aprovechar la tragedia para incidir en el amplio territorio circundante, propiciando un desarrollo urbano que permita ver nacer una nueva ciudad, que podría generar el deseado desarrollo de esa región, tan rica y necesitada de ser planificada.

Señor presidente de la República: me pongo a su disposición para hacer propuestas profesionales sensatas en el ámbito de mi especialización.

jmmaganajuarez@gmail.com