Sin fronteras

Nadie lava un carro alquilado

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Pedro Pablo Solares @pepsol
Pedro Pablo Solares @pepsol

Algún día escuché que los órdenes del mundo evolucionan, conforme las prioridades estratégicas de las potencias cambian. Así, a partir de la post-guerra, por ahí desde los años 50, ser comunista fue el rótulo perseguible. Árbenz, paradigma mundial de ello. Pero luego de la Guerra Fría, esa etiqueta perdió relevancia, y un nuevo orden reguló el mundo a partir de la ofensiva contra el terrorismo. Ya Hussein, y Gaddafi darán cuenta de ello, que ser terrorista era el motivo para derrocar e intervenir países y regiones. Primero comunismo, luego terrorismo. Y ahora, desde hace algunos años, en Latinoamérica en especial, el orden mundial persigue a la corrupción. Por ello, tras unos años de descanso, Guatemala nuevamente se puso interesante.

De toda América, Guatemala es el cuarto país más corrupto, según las percepciones recogidas por Transparencia Internacional. Eso no viene como sorpresa para un pueblo que ha visto cómo, no solo el Estado, sino la idea misma de Estado y de lo público, se ha venido degradando en perjuicio de la mayoría. Quizás lo burdo y lo vulgar, tocó fondo con una Baldetti navegando en un lanchón en Amatitlán. Pero prácticamente todo lo público es víctima de la maquinaria que persigue enriquecimientos individuales.

Es por ello que tantos salimos con genuina ilusión a manifestar en 2015. Porque nos afecta la corrupción. Porque sabemos y creemos que en gran cantidad, los presidentes, ministros, magistrados y diputados son y han sido corruptos. La esperanza de que esto cambiara, fue la razón por la que dejamos tirado el galillo en el Parque Central. Demandamos que el poder fuera tomado por figuras notables, apartadas del interés de hacer negocio con lo público. Aspirábamos a una figura que, con su recorrido humano, se hubiera adueñado del derecho de conducir y administrar el país. Por ello fue tan curioso que, a pesar del acompañamiento de la comunidad internacional, un personaje como Jimmy Morales, haya ganado esa elección.

Y se dice que es curioso, porque es difícil de creer que dicha comunidad, con sus eficientes mecanismos de información, no haya conocido entonces que el nuevo presidente tenía experiencias tan cercanas con la organización Patriota, a través de Anabella de León, y con estructuras corruptas de militares que, tan solo meses después, se dieron a la fuga. Ahora, poco sorprende que sus acciones demuestren que se opone a la lucha contra la corrupción, en vez de ser un protagonista de ella.

Estamos en julio y nos acercamos al año pre-electoral. Se siente un limbo absoluto en materia de liderazgo genuino. En cambio, los vehículos electorales se llenan de lo mismo de siempre, y cuesta creer que en esto, nuestros organizados aliados internacionales no tengan ya un plan definido. Viene a cuestión quién será el ungido en 2019, y si éste será un personaje limpio, o si será alguien con un pasado turbio, fácil de administrar.

Muchos guatemaltecos celebramos la cruzada anti-corrupción conducida por la comunidad internacional, por ser la única vía para tocar poderes fácticos y corruptos. Pero lúcidamente, también existe un llamado a que en esta cruzada se incluya a actores locales adecuados y que canales existan para que florezca el liderazgo nacional. De lo contrario, sucederá lo que Thomas Friedman, desde Nueva York, identifica como un vacío de interés por un proyecto propio de nación. Friedman identifica este como un constante error en política internacional estadounidense: el no permitir que la población local se adueñe de su propio país. Se pregunta a esto ¿quién en su sano juicio lava un carro alquilado?