Bien público

Ocho principios para un partido democrático

Jonathan Menkos Zeissigjmenkos@gmail.com

Los porrazos del gobierno español hacia los catalanes, la ley que castiga la protesta social en Honduras, y el financiamiento ilícito de los partidos en Guatemala, obliga a reflexionar sobre todo lo que se han alejado los partidos políticos de la ciudadanía al ejercer el poder que esta les ha otorgado. ¿Podrán los partidos volver a ganarse al pueblo al que tanto le han fallado? Probablemente, solo aquellos que planteen, desde sus raíces, cambios profundos. Hace dos años esbocé estos principios que, llevados a la práctica, serían pertinentes para un partido político democrático.

Uno: Las personas van primero. El fin de la vida en sociedad es el bienestar de cada uno de los ciudadanos. Los medios son el crecimiento económico sostenible y bien distribuido, con salarios justos y lucros regulados; la construcción de la igualdad entre sexos, territorios e identidades étnicas. Promovemos un Estado que responda efectiva y democráticamente a las demandas ciudadanas.

Dos: Sí hay un mejor futuro. Hay muchos hechos deleznables que quedan en la impunidad, pero hay muchas personas luchando por la justicia. Miles de empleados públicos se convierten en héroes al luchar contra la muerte, la ignorancia y la inseguridad. Son parte de un mejor futuro en construcción, como los trabajadores y campesinos que se fajan diariamente. Igual que aquellos empresarios contrarios a los que luchan por mantener todo igual. Estamos en política para lograr un mejor futuro colectivo. Estudiamos y nos preparamos para ello.

Tres: Temas urgentes. 1) Luchar contra la impunidad y la corrupción; 2) Apoyar la inserción de mujeres, jóvenes y pueblos indígenas en la vida económica y política; 3) En cada hogar, empleo e ingreso digno y garantizado; 4) Todas las niñas, niños y adolescentes a la escuela; 5) Reforma política para garantizar una sociedad multiétnica y democrática; 6) Reforma económica para el crecimiento con sostenibilidad, pertinencia cultural y equidad y, 7) Reforma fiscal para la transparencia, efectividad y progresividad (quien tiene más, paga más).

Cuatro: Un partido laico. Los discursos basados en la fe intentan esconder vacíos ideológicos y de contenido, y denotan un mesianismo contrario a la democracia y al carácter laico que debe tener la cosa pública. La religión, de tenerla, la conservamos íntima, para nuestra vida en familia y en comunidad.

Cinco: Dialogamos con todos para lograr una agenda política en la que las personas van primero. Debatimos con argumentos técnicos y políticos. Vamos a donde nos inviten a debatir, excepto a las casas de miembros de camarillas empresariales —adscritos o no al crimen organizado—, malacostumbrados a imponer el lugar de reunión y la idea de que los medios van primero y las personas después.

Seis: Mientras menor sea el monto del financista, mayor será su aporte a la democracia. No queremos ser los mayordomos de quienes pueden financiar una campaña millonaria pidiendo a cambio la prostitución de lo público. Este partido es para los ciudadanos, les toca financiarlo.

Siete: Asamblea Pública de Vecinos en cada distrito electoral, para la elección de candidatos y para la aprobación del plan de un gobierno, que incluya metas, costos financieros, fuentes de financiamiento e impacto esperado en la sociedad.

Ocho: Se necesitan ciudadanos que arrimen el hombro, que participen en política. Toca ayudar a organizar y definir las propuestas que sirvan para proteger lo que es de todos. En este partido no organizamos teletones ni días felices: más que su dinero o aprobación, queremos su interés y su compromiso.