Pluma invitada

Conflictivo encuentro entre Estados Unidos y China

Se realizó un primer encuentro de alto nivel entre las dos potencias mundiales, Estados Unidos y China, en Anchorage, Alaska, del 18 al 20 de marzo, de la era Biden, que remarcó las profundas diferencias existentes entre ambos países, en un momento en que sus relaciones se encuentran en su punto más bajo.

La reunión, presidida por Antony Blinken, secretario de Estado de Estados Unidos, y Yang Jiechi, funcionario del más alto nivel del politburó chino, puso en evidencia la más profunda polarización y evidentes desacuerdos en temas que van desde comercio hasta derechos humanos, ciberseguridad y cambio climático.

El desencuentro diplomático confirma que la relación entre ambas potencias será aún más antagónica en el futuro. Los chinos acusaron a Estados Unidos de ser poco hospitalarios y hubo una andanada de acusaciones de Yang Jiechi contra los americanos, con la furiosa replicación de la comitiva estadounidense. La delegación china acusó a Estados Unidos de inmiscuirse en sus asuntos internos,y por su parte, Blinken respondió que las acciones chinas amenazan el orden mundial global y que “aplicar la ley del más fuerte nos llevará a un mundo más inestable y violento”.

A Estados Unidos le preocupan las acciones chinas en Hong Kong, Taiwán y el Tíbet, y las violaciones de los derechos humanos a las minorías musulmanas en la provincia noroccidental de Xinjiang, asuntos que Pekín considera internos.
Entre tanto, las declaraciones de Yang confirman el afianzamiento de Pekín y su convencimiento de que “Oriente está en alza y Occidente, en declive”, en clara alusión a los altos niveles de desarrollo económico chino y a su ya importante poderío militar.

Otro ataque chino se orientó a que Estados Unidos es campeón de ciberataques y de usar su fuerza militar y hegemonía financiera para extender su jurisdicción, reprimir a otros países y derrocar regímenes, en clara referencia a las acciones de Estados Unidos durante la Guerra fría, incluyendo la intervención militar en Guatemala, Panamá, Grenada y República Dominicana.

Al final de la reunión, que comenzó en un agrio intercambio de dimes y diretes, Blinken declaró que Estados Unidos esperaba un intercambio duro y directo sobre una gama de asuntos, y que eso fue exactamente lo que hubo. “Planteamos esos problemas de una manera clara y directa y obtuvimos una respuesta defensiva. Pero también tuvimos una conversación muy sincera”, afirmó Blinken. A su regreso a Washington, el secretario de Estado recibió una cálida felicitación del presidente Biden.

Lo que a primera vista puede verse como una provocación estadounidense en la arena mundial, no es más que un correctivo a lo que fuera la errática política exterior del expresidente Trump, tanto respecto de China como en relación a Rusia.

En el primer caso, Trump impuso a los chinos medidas draconianas en el intercambio comercial y los acusó de robar a los Estados Unidos alta tecnología para su desarrollo económico y militar. En el caso ruso, Hillary Clinton, secretaria de Estado durante el gobierno de Obama, en el que Blinken fue subsecretario, sugirió que Putin era un asesino. Por esta razón, Putin llegó a detestar a Hillary e interfirió en las elecciones presidenciales estadounidenses cuando ella era candidata. Sin embargo, Trump entabló estrecha amistad con Putin, considerado por muchos un déspota.

En síntesis, puede considerarse que esta primera reunión de alto nivel es lo que podría esperarse como una futura correlación de fuerzas en el equilibrio mundial, donde China se proyecta como una superpotencia global.