Pluma invitada

Desde nuestra historia, ¿es posible un futuro verde?

Las innovaciones que el ser humano crea e impactan son normalmente difíciles de imaginar antes de que aparezcan. No es sino hasta después de que su uso se generaliza que nos parecen naturales o con sentido común. Por ejemplo, desde la invención de los barcos movidos con vapor las personas viajaron por generaciones con alguna valija en la mano. Es sorprendente que no fue sino hasta 1970 que nació el invento de valijas con ruedas, y no fue sino hasta 1987 que realmente el uso de la valija con ruedas se popularizó. Si hoy alguien nos insinuara que viajáramos con una valija sin ruedas posiblemente pensaríamos que está loco.

De esta forma, el hecho de reconocer que nuestra mente no está del todo preparada para imaginar un mundo real diferente es clave para formular una nueva narrativa del futuro en este planeta. Sin la existencia de buenas historias que nos ayuden a envisionar algo diferente al presente, los humanos nos atascamos dentro de nuestro pensamiento convencional.

La pregunta entonces es ¿cómo nos podemos apartar, aunque sea solo mentalmente y por un momento, del paradigma ecológicamente destructivo de la economía lineal basada en el consumo de combustibles fósiles, la acumulación de desechos y la infraestructura que lo soporta? En mi opinión, no será por un resurgimiento valiente de idealismo o una consciencia moral entre nuestros políticos que visionariamente marcan un nuevo camino a recorrer. La historia nos enseña que será por la inexorable ola de innovaciones competitivas que vienen hacia nosotros y que posiblemente en el 2050 veamos como inevitables y de sentido común.

Son estas olas de innovación las que han marcado el camino hacia cambios sociales y económicos radicales en nuestra querida Tierra. Estas olas explicadas a través de la mecanización (1760-1830), el acero, vapor y trenes (1830-1900), la industria con sus técnicas de producción masiva en línea (1900-1970), la tecnología electrónica, televisión y aviación (1945-1990) hasta la era digital y el internet las que servirán de preámbulo. Dado todo lo que experimentamos y vivimos al día de hoy, es sorprendente pensar que el internet fue creado apenas en los 90.

Como todas estas olas previas, la era digital ha venido con un nuevo lenguaje, con una nueva narrativa. Hoy es normal hablar de tuitear, googlear, sitio web, portal, etc. Cuando nuestro vocabulario y nuestro lenguaje cambia, ya somos capaces de ver, entender y construir sobre ello. Aprendemos a decir con confianza “soy diseñador de páginas web”. La estructura y creación de valor en la economía de un país cambia, las compañías que antes eran las mejor valuadas económicamente, petróleo y automóviles, son cambiadas por las nuevas empresas mejor valuadas Apple, Google, Microsoft, Amazon y Facebook. La lógica de creación de valor ha cambiado.

Muchos creemos que la ola que viene es la ola verde. Por casi 250 años los innovadores encontraron formas geniales de mejorar la productividad laboral, principalmente a través de máquinas que hacían a la gente más efectiva. Sin embargo, en una Tierra que está cada vez más restringida por materias primas y el aire, agua, tierra y vegetación que pueda absorber sus emisiones de carbono y polución, hace totalmente sentido pensar en que la siguiente ola de innovación optimizara la productividad de los recursos (en procesos de producción más circulares); la ola verde vendrá. Los miembros de Pacto Global Guatemala lo tienen claro y su visión de cambio e innovación hacia el futuro marcará la pauta en este nuevo futuro.