Punto de vista

El péndulo y la Historia

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De acuerdo con Alexander Herzen, pienso que “la Historia carece de libreto” y es la compleja resultante de la interrelación entre los líderes y sus “orteguianas” circunstancias, incluyendo, entre otras cosas, instituciones, ideas y valores. No creo en la existencia de leyes históricas inexorables y deterministas, y por tanto tampoco en las “fumosidades” dialécticas y los simplismos del materialismo histórico marxista. Pero, junto con Mark Twain, pienso que “la Historia no se repite pero a menudo rima”, y también, con el gran napolitano Gian Battista Vico, entiendo que existen ciclos, i corsi ed i ricorsi della Storia. Al final de la Primera Guerra Mundial inició una década de generalizado optimismo, con los 14 puntos del presidente Wilson, el fin de los imperios ruso, alemán y austro-húngaro, la democracia tenía el viento a su favor y la economía de los roaring twenties crecía aceleradamente. Hubo serios y valiosos esfuerzos para establecer un orden internacional que evitara el estallido de una nueva catástrofe bélica. La Liga de las Naciones, en sus inicios, obtuvo éxitos relevantes. Pero la Gran Depresión de 1929 inició una década de pesimismo creciente, el capitalismo y las instituciones democráticas parecían haber entrado en un proceso de desintegración. La democracia tenía un aire depassé, representaba lo viejo, lo decimonónico. Hombres débiles y decadentes, como Chamberlain y Daladier, encarnaban el papel de sepultureros de un sistema político obsoleto. Lo nuevo, lo vital, la juventud (giovinezza), en fin el futuro parecía estar con los totalitarismos nazifascista y comunista. Todo cambió de nuevo con la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial, se instauró un orden liberal internacional, la economía de mercado, con solidaridad social, inició unas décadas de crecimiento impresionante y la democracia recuperó su prestigio y auge. Con la caída del imperio soviético y del comunismo, en 1991, la democracia y la economía de mercado habían demostrado su superioridad. Las relaciones internacionales se reducirían a resolver los problemas económicos y comerciales.

Pero el “péndulo” funcionó de nuevo. La pandemia y sus efectos económicos y culturales vino a “aguar la fiesta” de la economía de la “bonanza sin fin”. Se fortalece otra vez el papel del Estado en la economía. Al mismo tiempo el resurgimiento de un sistema internacional multipolar con China y Rusia revisionistas del statu quo, como lo fueron Alemania, Japón e Italia en los ’30, hay un retorno de la geopolítica y de las “esferas de influencia”.
También es evidente el fortalecimiento del autoritarismo y de los regímenes “iliberales” en general. Vivimos de nuevo en un mundo peligroso, que se va pareciendo a los años ’30. Hal Brands, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Johns Hopkins, en su reciente libro The Lessons of Tragedy. Statecraft and Worl Order, nos recuerda que los líderes deben aprender las lecciones de las tragedias de la Historia. Pero para Chamberlain y Daladier, la tragedia de la Primera Guerra Mundial les enseñaba solo que había que evitar a toda costa otro conflicto bélico mundial; en cambio, para Churchill la lección de la tragedia era la reafirmación de dos antiguos apotegmas romanos: Si vis pacem, para bellum (Si quieres la paz, prepárate para la guerra) y Vigilia pretium libertatis (La vigilancia es el precio de la libertad). Ojalá los actuales líderes mundiales sepan aprender correctamente las lecciones de las tragedias de la Historia.