Punto de vista

Estado y sociedad, después del covid 19

Sadio Garavini di Turno @sadiocaracas

Así como la Gran Depresión, iniciada en 1929, y en particular la II Guerra Mundial, crearon las condiciones para el fortalecimiento del Estado como motor y rector de la economía, el covid 19 está creando las condiciones para un retorno de las ideas que promueven la intervención del Estado en la economía y en la sociedad. Se debilita claramente la imagen del modelo económico liberal-libertario que propugna el Estado mínimo. Pero este fortalecimiento del Estado no debe conducir al retorno del modelo del socialismo real, aunque algunos puedan tener sus ilusiones.

“El socialismo no sólo no creó riqueza, sino ni siquiera distribuyó con justicia la pobreza”. Esta frase del dirigente polaco Bronislaw Geremek explica, en buena parte, el colapso del sistema colectivista de la URSS y sus satélites comunistas y el estruendoso fracaso del modelo de desarrollo estatizante y proteccionista, adoptado en gran parte del mal llamado Tercer Mundo, durante buena parte de la posguerra. Por tanto, en el debate socioeconómico poscoronavirus, frente a la crisis del modelo paleoliberal y el riesgo del retorno al fracasado estatismo colectivista, creo que el exitoso modelo de la economía social de mercado alemana, la sozialemarktwirtshaft, iniciada por Ludwig Ehrard, durante el gobierno democristiano de Konrad Adenauer y adoptada, con sus matices, por la mayoría de los países del norte de Europa, es el modelo más adecuado para el “nuevo tiempo” pospandemia.

La economía social de mercado ha logrado conciliar más satisfactoriamente la eficiencia económica con la solidaridad y la justicia social. Se acerca más a lo que Juan Pablo II, en la Centesimus Annus define como “una economía social que oriente el funcionamiento del mercado hacia el bien común”. Los gobiernos deben invertir en investigación tecnológica, infraestructura, salud y educación. En síntesis, una microeconomía competitiva, una macroeconomía estable, nexos comerciales globales e inversión en tecnología, en infraestructura y en “la gente”. Pero, el Banco Mundial afirma que instituciones estatales efectivas y capaces son tan importantes, para el desarrollo, como políticas económicas sensatas. Este acento en la efectividad del Estado no significa un retorno al Estado intervencionista, proveedor directo del crecimiento, como quisieran los nostálgicos del estatismo, sino la construcción de un Estado catalizador y facilitador. Hay que elevar la capacidad estatal, fortaleciendo las instituciones públicas.

El Estado y el mercado son complementarios y el Estado es fundamental en la creación de las bases institucionales para el adecuado funcionamiento del mercado. En efecto el mercado es un verdadero y necesario motor de la historia, promotor del cambio y la innovación tecnológica, pero como todo mecanismo es ciego, crea riqueza pero la reparte con indiferencia, produciendo zonas y sectores de abundancia y de miseria. Además el mercado es inestable. Es sacudido por recurrentes crisis, desastres financieros y quiebras. Recordemos la crisis financiera del 2008. El mercado está formando una sociedad caracterizada por el relativismo ético y un materialismo hedonista y superficial que, como el hombre necio de Machado, confunde valor y precio. Una sociedad no debe andar muy bien si los héroes de buena parte de la juventud son solo actores, modelos, influencers o jugadores de algún deporte, en cambio de médicos, profesores, empresarios o estadistas. Mucho puede y debe cambiar después de la trágica pandemia.