Pluma invitada

La lotería electoral en Guatemala

Serví a mi Guatemala como voluntario en varios procesos electorales, ad honorem, al servicio de construir nuestra joven democracia, desde 1985 hasta 2015, y aprendí que el voto cada cuatro años es la herramienta única y máxima del ciudadano.

Hoy estamos en pleno proceso electoral en Guatemala y no se percibe como anteriormente. La nueva e innecesaria modificación a la Ley Electoral y de Partidos Políticos (LEPP) ha limitado la libertad de darse a conocer, ha limitado la propaganda y no vemos foros ni debates nacionales.
¡Realmente es difícil así saber por quién votar! Y lo peor es que la mayoría de los ciudadanos cree que “este arroz ya se cocinó!

Tristemente es un proceso que está torcido, por decisiones de la Corte Suprema de Justicia y de la Corte de Constitucionalidad, que han tomado atrevidos y cuestionados fallos, abusando de los términos y plazos, y saliéndose de su mandato.

Debemos, como ciudadanos, como guatemaltecos, simples y de la calle, velar únicamente por el cumplimiento de la Constitución Política de la República y de Ley Electoral y de Partidos Políticos. ¡Nada más!
Estos pleitos en las cortes, y no en las urnas, son una tragedia que afectará el estado de Derecho por los próximos cuatro años.

Observamos a una corte en contra de la otra y a un Tribunal Supremo Electoral que ahora es un simple observador, sin voz, sin presencia y sin ser ya supremo, como lo manda la ley, de acuerdo con el decreto número 1-85, emitido por la Asamblea Nacional Constituyente.

¡Qué diéramos de los previos procesos: abiertos, participativos, populares, multipartidistas y llenos de vida, debate y discusión! Como dijo don Juan José Arévalo: “Las alegres elecciones”.

Aun siendo libres las anteriores elecciones, desde 1985, y con resultados transparentes y diáfanos de los cuales nadie dudó, elegimos algunos gobernantes, diputados y alcaldes dudosos y pícaros.
Me preocupa que nosotros los ciudadanos, poco informados y limitados, lleguemos el día de las elecciones apáticos y desinteresados.

Si así fuere, esta elección será cooptada por la llamada “vieja política” y golpes de suerte. Los candidatos que más tiempo llevan participando en contiendas electorales tienen más probabilidades, pero no necesariamente son los idóneos.

Nadie votará por el que no conoce, y se nos negó la oportunidad de conocerlos. Ahora sí: ¡la lotería electoral de Guatemala!

Todavía nos queda una única oportunidad: indagar y estudiar con antelación la trayectoria, la hoja de vida, los logros y los antecedentes de los distintos candidatos. Y lo más importante: ¡Asistir a votar y a disentir!

No creamos que por el dato de las encuestas perderemos nuestro voto. ¡Es nuestro único voto y nuestra única y personal oportunidad! No es un partido de fútbol, en donde se escoge al más popular, al más antiguo y al posible goleador. ¡Es el futuro de nosotros, nuestros hijos y nietos, y de nuestra Guatemala!

Debemos ir a votar, a participar con un voto reflexivo y responsable.

¡Reflexionemos! ¡Podemos salvar a Guatemala con un voto consciente!