Punto de vista

Un mundo más peligroso

Sadio Garavini di Turno @sadiocaracas

Hace cuatro años, en julio del 2016, en esta misma columna, iniciaba un artículo titulado Un mundo peligroso, con unas palabras de mi libro Entre la soberbia y la incertidumbre (Random House Mondadori 2010): “Nuestro tiempo es un tiempo de transición “epocal”, cuya característica fundamental es la incertidumbre. Se advierte una clara aceleración del “ritmo” de la historia, vivimos en medio de un verdadero choque de fuerzas contrapuestas, que luchan por prevalecer: Democracia y autocracia, modernización y tradicionalismo, globalización y localismo, racionalismo e irracionalismo… Vivimos por tanto entre la soberbia y la incertidumbre de un mundo peligroso y en transición”.

En ese artículo mencionaba a las guerras civiles junto con el desastre socioeconómico, el caos y la anarquía en buena parte del Medio Oriente y el norte de África, y la consiguiente gran ola inmigratoria en Europa.

Señalaba el auge del terrorismo islamista y la crisis socioeconómica europea, particularmente en el sur del continente, que en buena parte tenía que ver con los cambios tecnológicos y con los sectores perdedores en el proceso de la globalización, que no habían sido atendidos adecuadamente por los gobiernos, lo cual, entre otras cosas, creaba las condiciones para el crecimiento de la candidatura de Donald Trump y el fortalecimiento de partidos y movimientos radicales de derecha e izquierda y sus políticas xenófobas, racistas, proteccionistas, autoritarias y nacionalistas anti Unión Europea. Recordaba también la desestabilización de Rusia en Ucrania y, en general, en su mal llamado “cercano exterior”, y el peligroso expansionismo chino en el Mar del Sur de China.

Jawaharlal Nehru, exprimerministro indio y líder, junto con Gandhi, de la independencia de la India, a raíz del conflicto fronterizo con la China en 1962 advertía de que: “Cada vez que la China vuelve a ser la China, vuelve a ser imperialista”.
En efecto, la agresividad geopolítica china se ha recrudecido recientemente, ha crecido su expansionismo en el Mar del Sur de China, pero ahora también en el Mar de la China Oriental, con su reclamación sobre las islas japonesas Senkaku y los provocadores vuelos de reconocimiento sobre Taiwán.

A esto habría que agregar el abrupto fin del estatus autónomo de Hong Kong, el nuevo incidente militar fronterizo con la India, donde murieron 20 soldados indios; el recrudecimiento de la controversia territorial con Bhutan, las amenazas y ataques cibernéticos a Australia y el aumento de la represión de la etnias Uigur y Tibetana.

Sigue también el belicismo irresponsable de la satrapía hereditaria comunista de Kim Yong-un. Todo esto está creando las condiciones para un posible rearme del Japón y el acercamiento geopolítico de la India y Vietnam a los EE. UU.

En este escenario geopolítico aparece el covid-19 y la gravísima crisis socioeconómica que ha desatado, cuyas consecuencias no pueden ser todavía anticipadas totalmente. Pero todos los gobiernos en funciones van a ser evaluados exigentemente, dependiendo de sus resultados frente a la pandemia. No son muchos los que van a pasar la prueba.

Vamos a ver cambios relevantes en el panorama político mundial. Es probable que también aumente el grado de violencia y agresividad en muchos conflictos políticos internos.

En los Estados fallidos la pandemia podría acrecentar el caos, el desorden y el colapso de la poca gobernabilidad residual. Definitivamente, vivimos en un mundo más peligroso.