PLUMA INVITADA

¿Quién falló?

Eduardo Estrada Revolorio

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A raíz de los últimos escándalos de corrupción descubiertos, en un escenario complementado por la imparable y ascendente ola de violencia que azota al país y las inconformidades de grupos sociales, sectores de la sociedad coinciden en concluir que estamos frente a un Estado fallido, denominación que se traduce en que la estructura estatal ya no corresponde a las actuales circunstancias y, por consiguiente, sugieren su reforma, para lo cual consideran indispensable cambiar varias leyes. 

Si bien es cierto que tal apreciación pudiera mejorar algunos aspectos en la administración pública, estimo que la reestructuración del Estado no constituye en sí el problema de fondo, pues las entidades gubernamentales están conformadas por seres humanos a quienes se les ha confiado la dirección de las mismas para que sirvan a la patria con absoluta honradez y honestidad.

La historia de la humanidad nos enseña cómo y por qué muchas naciones se han desmoronado, lo cual debe ser una advertencia para las que estén enfrentando grandes problemas.

La Biblia nos ilustra cómo dos ciudades estuvieron en similares condiciones de perversión social y escogieron caminos distintos: una, hacia la destrucción, y la otra, hacia la redención.

En Génesis, capítulos 18:20 y 19, encontramos cómo Sodoma y Gomorra fueron señaladas por profesar el culto superficial, la opresión de los más pobres, la corrupción de los jueces, el adulterio, la mentira, entre otros. Jehová advierte de que en los habitantes de tales ciudades no existe la más mínima intención de cambio, motivo por el cual las destruye, haciendo llover fuego y azufre.

Por otro lado, en los capítulos del 1 al 3 del libro de Jonás tenemos un bello ejemplo en la ciudad de Nínive, de ciento veinte mil habitantes, en la que, en similares circunstancias que Sodoma y Gomorra, campeaba el pecado. Dios envía a Jonás, a efecto de que les advierta a sus habitantes de que en 40 días sería derribada. La noticia se expande como la pólvora y en poco tiempo la condena expresada por Jonás está en boca de todo el mundo.

Ricos y pobres, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos se arrepintieron de sus pecados. La reacción del pueblo llega a oídos del rey, y al escuchar el mensaje de Jonás se despojó de su vestido y se cubrió de cilicio y se sentó sobre ceniza. E hizo proclamar y anunciar en Nínive, por mandato del rey y de sus grandes, diciendo: Hombres y animales, bueyes y ovejas, no gusten cosa alguna; no se les dé alimento, ni beban agua; sino cúbranse de cilicio hombres y animales, y clamen a Dios fuertemente; y conviértase cada uno de su mal camino, de la rapiña que hay en sus manos.

Los ejemplos expuestos nos inducen a escoger en solo dos caminos: continuar con el pecado y la muerte, o la vida íntegra y la prosperidad.

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