PARALELO 30

Río revuelto

Publicado el
Samuel Pérez Attias
Samuel Pérez Attias

La manifestación ciudadana es como un río de indignación desembocado que corre vertiginoso buscando cauce y que crece cada vez más por los escándalos que salen a luz destapados por Cicig, el MP, y por el descaro de funcionarios y la clase política, incluyendo candidatos y partidos punteros.

El movimiento ciudadano comparte algunos puntos en común:

– Poner un fin a la corrupción

– Desarticular mafias enquistadas en el Estado

– Construir un estado de Derecho

– En consecuencia, erradicar los niveles de violencia e inseguridad humana insoportables

Se ven algunas corrientes dentro de esta gran vorágine. Ninguna es hegemónica:

1. La conservadora: aboga por retornar lo antes posible al statu quo y retomar la institucionalidad con reformas en el mediano y largo plazos y a través de instancias ad hoc. Asume que el próximo gobierno respete esas instancias. No pide la renuncia del presidente. Esta es la que propone el grupo económico concentrado en el Cacif-Fundesa.

2. La reformista: que contempla cambios de fondo a través de cambios coyunturales. Pide la renuncia del presidente y se divide en dos grandes vertientes:

a. La “institucional”: Que identifica cambios de fondo, de corto plazo y de estructura, más radicales pero sin romper la “institucionalidad”. Desde la exigencia de un gobierno de transición temporal hasta la anulación de elecciones, reformas a la LEEP, validar el voto nulo hasta la convocatoria a una Asamblea que reforme la Constitución. Aquí hay diversas propuestas en campos pagados de varios grupos (Coordinadora #SomosPueblo, CPO, etc.).

b. La “anarquista”: Que más que una agenda, tiene objetivos de reforma estructural del Estado mediante cambios de choque y que puede beneficiarse de una desestabilidad institucional y una refundación a través de las dinámicas sociales. Una revolución de fondo. Esta no logra converger en un espacio organizado; más bien es la corriente en sí misma, que por la rapidez de los cambios toma vida propia. Su propuesta puede adquirir matices violentos o una inestabilidad caótica, pero también puede recomponer fuerzas históricamente silenciadas y remover las enquistadas. Puede generar desestabilidad económica, paros, corridas bancarias, saqueos o golpes a la democracia y al Estado. Pueden surgir figuras con liderazgo suficiente para dirigir las aguas. Esta involucra actores de diversos sectores, desde los más conservadores hasta los más liberales. A esta es a la que la comunidad internacional le temería más, por el riesgo de contagio e incertidumbre. Esta también corre el riesgo de reconfigurar fuerzas hacia grupos oscuros que se establezcan en el poder o bien revolucionar el Estado hacia una nueva institucionalidad de beneficio general, si el pulso es ganado por grupos con agendas profundas de refundación del Estado.

c. La última es la apática. La que ve que el río volverá a su cauce y nada cambiará. Que todo esto fue una pérdida de tiempo, energía y que son las fuerzas que conspiran más allá de nuestras fronteras las que deciden el futuro del país.