Ruk’u’x

Carolina Escobar

Algo parecido, pero a la vez muy distinto a lo que, desde la visión occidental llamaríamos arte, y que integra las distintas manifestaciones y expresiones humanas cargadas de significado. Parecido en cuanto al proceso creativo, distinto en la concepción de lo que abarca. De hecho, en kaqchikel no existe la palabra arte o artista, sino la de patän samaj.

La visión que allí se plantea abarca la creatividad en todos los ámbitos de la vida, y no necesariamente solo en los relacionados con la estética desde su concepción occidental. Es el arte como medio y fin, que posibilita cambios políticos, sociales, culturales, ambientales, políticos, planetarios y cósmicos. No es folclore ni artesanía, sino el patän samaj como completud que nos mueve hacia transformaciones profundas. Este libro escapa a consideraciones etnocentristas,  victimizadoras, paternalistas o románticas, y no busca dar respuestas sino generar conocimiento.

Los cuatro capítulos del libro son llamados las cuatro semillas, puestas allí para germinar en el corazón y la conciencia, y cómo no sería de esta manera si parten de preguntas fundamentales como ¿somos mayas?, ¿la cosmovisión maya es una filosofía?, ¿existe un arte maya?, ¿nos asumimos como artistas o como artistas mayas?, ¿qué significa ser artista maya en una sociedad que no conoce, o niega, la cosmovisión maya?, ¿podemos equiparar el arte maya con las categorías del arte desde el pensamiento occidental?, ¿qué ha hecho que la cultura maya y su cosmovisión hayan pervivido hasta ahora?, ¿qué papel juega el Estado guatemalteco y el sistema global en el arte maya y en el artista maya?, entre muchas más. Ya lo dice Wagensberg: cambiar de respuesta es evolución, cambiar de pregunta es revolución.

Los mayas antiguos, y los de ahora también, hacen arte contemporáneo, dice el libro, no por los conceptos que actualmente enmarcan este tipo de arte, sino porque entienden el tiempo y el espacio. Hacen arte pensando en una visión que une los tres tiempos: pasado, presente y futuro, como lo dicen los abuelos. No buscan la ruptura del tiempo. Es como el aquí y ahora occidental.

Se está rompiendo la hegemonía del conocimiento y se están reafirmando conceptos, categorías y discursos sobre el arte y la cultura. En este camino de ruptura epistémica, la decolonialidad es una opción, una manera de tomar conciencia de un lugar en la matriz del poder, y en los supuestos de control en torno a las subjetividades y al arte. Un buen libro para abrirse más a la palabra, a la idea, al sentir.