Cable a tierra

Seguir a contracorriente

Karin Slowing karin.slowing@gmail.com

Esta semana se abre una nueva etapa en el proceso de lucha por el control del Estado. El viernes, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) hará la convocatoria a elecciones y habrá otra dinámica. Difícilmente se suprimirán las acciones por eliminar a la Cicig; por defenestrar a los magistrados de la Corte de Constitucionalidad que han defendido la Constitución, y por inmovilizar actores y partidos que puedan ofrecer un mínimo de oxígeno al sistema político, en medio de tanta podredumbre. Recuerden que lo que más le conviene al #PactoDeCorruptos no es dar un golpe técnico de Estado, sino asegurarse unas elecciones a su medida para legitimar su actuar y mantener el control sobre el aparato público durante al menos cuatro años más. De la democracia, lo que quieren es la fachada nada más, aún y cuando estén haciendo acciones que más bien van en sentido contrario.

Es muy importante que la ciudadanía mantenga una actitud de alerta y vigilante, pero sin desanimarse. Siempre querrán infundir miedo a la población, pero es importante que la ciudadanía se siga expresando y pase también a una etapa donde todas esa protesta y malestar que sentimos por la situación en que han puesto al país se traduzca en más organización y en votos más conscientes, que permitan avanzar un paso más en la depuración del Estado.

No soy ingenua pensando que las elecciones son la panacea. Las reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos (LEEP) no fueron suficientemente contundentes como para garantizar que habrá un cambio drástico en la composición de la casta política que compita por el poder. Sin embargo, para quienes rechazamos rotundamente los recursos de la violencia como medio para resolver los conflictos sociales, y que queremos que Guatemala se convierta en una verdadera democracia, las elecciones se tornan en el único mecanismo a nuestra disposición para avanzar en esa aspiración, aunque será a contracorriente.

Como no se modificó la LEEP a fondo, pues la oferta electoral tampoco ha sufrido un cambio drástico. Ese es el principal problema que enfrentamos. Tendremos que ir viendo cómo se materializan las alternativas concretas. También tenemos que recordar que ahora el voto nulo tiene validez electoral, aunque habrá que ver su alcance. Yo sigo confiando que podrá vislumbrarse algún nivel de unidad electoral entre aquellos que queremos una sociedad democrática y un Estado cada vez más transparente, que nos garantice nuestros derechos y libertades políticas, civiles, sociales, económicas y culturales, para que tengamos todos oportunidades de una vida digna.

Perpetuar el statu quo con nuestro voto sería perpetuar el hambre, la ignorancia y la expulsión de nuestros conciudadanos, que insistirán en la emigración como la única alternativa que les va quedando.

Actualmente, la ciudadanía tanto urbana como rural —aunque de manera heterogénea— está más informada que nunca de lo que ocurre en el país, está más organizada y ya no se le engaña tan fácilmente con regalitos y promesas de plazas en el Estado. Estos años han servido para entender cómo operan estos mecanismos y estoy segura de que algo de conciencia se ha creado, de que si seguimos así el país terminará por hundirse y asemejarse a sus vecinos Honduras y Nicaragua.

Así que toca seguir impulsando la democratización de Guatemala; el involucramiento ciudadano. Que la creciente fuerza movilizadora que se ha mostrado se convierta ahora en una fuerza que haga conciencia entre pares de que se use el voto sabiamente; es cierto, votando no vamos a resolver la realidad del sistema político, pero podemos evitar que lo peor de lo peor nos gobierne e ir abriendo brecha para seguir avanzando.