Con otra mirada

Vergüenza ajena y encabronamiento propio

José María Magaña Juárez jmmaganajuarez@gmail.com

De Wikipedia extraigo la definición de Sueño Americano: “El sueño americano o sueño estadounidense (en inglés: American Dream) es una de las ideas que guían la cultura y sociedad de Estados Unidos a nivel nacional… suele referirse a los ideales que garantizan la oportunidad de prosperar y tener éxito y para lograr una movilidad social hacia arriba. Estos ideales suelen ser la democracia, los derechos civiles, la libertad, la igualdad y la oportunidad… El concepto de sueño estadounidense se retrotrae al siglo XVI… con el que, como en el XVII, pioneros ingleses intentaron persuadir a los ciudadanos de su país para moverse a las colonias británicas… realizando tres persistentes mitos separados pero a la vez interrelacionados: 1. Estados Unidos como una tierra de abundancia. 2. Estados Unidos como tierra de oportunidades. 3. Estados Unidos como tierra del destino”.

Estados Unidos es, pues, tierra de inmigrantes. Al principio europeos blancos que acabaron con los llamados indios americanos. Con la conquista del oeste llegaron orientales para la construcción de las vías férreas y con las guerras, de otras partes. Independientemente de las condiciones de cada quien, ese país permite la superación personal. Los esforzados inmigrantes guatemaltecos que no encontraron aquí oportunidad de una vida mejor, mantiene a flote nuestra economía con el dinero que envían a sus familias.

Guatemala, en cambio, hace posible el Sueño Chapín, pero no para la mayoría de habitantes, sino para un reducido grupo de políticos que cada cuatro años llega al poder público mediante elecciones generales. Al igual que los inmigrantes, para alcanzarlo, hay que invertir dinero. Unos en el coyote que facilitará el viaje y paso por las fronteras; otros, para que los grupos de poder les apoyen a cambio de mantener el control sobre el país, que para fines prácticos se maneja como una finca, con patrón, capataz y peones.

Para que el mecanismo funcione se recurrió a la corrupción, infiltrándola en todos los estratos del Estado. Ofrece, incluso, la ilusión democrática de elegir y ser electos, a sabiendas de que aquella estructura funcionará, independientemente de quien ocupe los cargos públicos. El poder ha estado, está y seguirá estando en las manos de los herederos de quienes firmaron la declaración de independencia de España, 197 años atrás.

De los acuerdos de paz firmados en 1996 surgió la necesidad de crear la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (Cicig), que en abril de 2015 dio a conocer cómo el binomio presidencial llegó a saquear las arcas nacionales, así como otros casos de corrupción en los que están involucrados infinidad de personajes públicos y privados.

El presidente de la República, quien durante la campaña electoral se presentó como Ni Corrupto Ni Ladrón, fue sorprendido por esa comisión, con actos indebidos de familiares cercanos, y señalado de financiamiento electoral ilícito. Al sentirse amenazado decidió violentar el régimen de legalidad, haciendo de un problema personal una crisis nacional. Sus traspiés, junto a los de funcionarios que lo apoyan, provocan vergüenza ajena, al tiempo del encabronamiento propio de la mayoría de guatemaltecos que en todo el país manifiesta su rechazo, repudio y desprecio por la ligereza con que se actúa. (Encabronamiento, guatemaltequismo que significa malestar que se origina en el bajo vientre).

Bien hará en escuchar esas voces de protesta que le piden rectificar su actitud, y no a los integrantes de los cuerpos ilegales y aparatos clandestinos de seguridad que lo rodean, que lo han llevado a un paso de su irreversible caída.

jmmaganajuarez@gmail.com