ESCENARIO DE VIDA

Vicenta Laparra y otras mujeres novelistas

He visto a lo largo de la historia  mujeres del mundo literario que han venido produciendo cambios. Son mujeres que abrieron brecha, y requirieron de agallas, coraje y determinación para romper con los cánones establecidos.

El 5 de abril de 1831 nació Vicenta Laparra de la Cerda, una reconocida poetisa guatemalteca y primera dramaturga. Sus aportes fueron de valor incalculable y es evidente que rompió con todos los paradigmas de la época. Esta mujer de letras tuvo las agallas de fundar y crear el primer periódico femenino, exclusivamente escrito por señoras guatemaltecas. Fundó la revista La voz de la mujer y el periódico El Ideal.

Al sufrir en 1866 una parálisis que la tuvo postrada por 10 años, cobró el apelativo de La poetisa cautiva, con el cual se le conoció en algunos círculos sociales. A su casa llegaban a tertuliar con ella los literatos más importantes a nivel latinoamericano, entre ellos Rubén Darío.

Hoy contamos con la Orden Vicenta Laparra de la Cerda, a través de la Asociación Cultural con el mismo nombre, promovida por la periodista María Eugenia Gordillo (tataranieta de Vicenta) y la Hemeroteca Nacional de Guatemala, con el apoyo de la Embajada de México. El jueves pasado tuve el honor de recibir la medalla de dicha Orden, asistiendo los embajadores de México, del Reino de Marruecos y de Francia.

Margarita Carrera es otra escritora, poetisa y ensayista que nos cautiva y tristemente recién se nos fue. Tuve el honor de tenerla como profesora de Literatura en la Universidad del Valle de Guatemala. Demostró valentía en sus escritos, y jamás dejó de decir lo que pensaba, aunque fuese “políticamente incorrecto”. Con una excepcional trayectoria se consagró como la primera mujer en ingresar a la Academia Guatemalteca de la Lengua, trabajando también con la Real Academia Española y destacando a través del Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias en 1996. Dejó un gran legado: dos novelas, trece libros de ensayo y once de poesía. Siempre la recordaré con cariño.

Otra mujer de gran valía fue la estadounidense Mary Baker Eddy, quien pasó por muchas tribulaciones. Quedó paralítica y luego sanó con su descubrimiento de metafísica cristiana. Fundó el sistema de la Ciencia Cristiana en 1866, la primera Universidad de Metafísica en Boston Massachussets, y escribió más de 17 libros, resultando ser de las cien figuras más influyentes de la historia americana. Su principal obra Ciencia y Salud, escrita en 1875, aún está vigente. En 1908 fundó el periódico The Christian Science Monitor, ganador de siete premios Pulitzer y ha sido el principal referente de muchos presidentes norteamericanos como John F. Kennedy.

Su libro Ciencia y Salud fue seleccionado por la Asociación Nacional de Mujeres del Libro como uno de los “75 libros de mujeres cuyas palabras han cambiado el mundo”.

Otra mujer de talento y agallas fue mi abuela paterna, Celia Elizondo de Nicol, quien se acredita el honor de estar entre las primeras dos mujeres nicaragüenses que incursionaron al género de novela. Su obra La Loquita fue una ficcionalización, en 1922, del poeta Rubén Darío adolescente e inspiró dos poemas a Rubén: Ovillejo a Celia (1865) y Cantilena (1886). Quizás de ella heredé mi amor por escribir.

Celebrar a mujeres que han permanecido firmes en sus ideales y sueños sirve de inspiración y nos hace recordar la lucha plurisecular de la mujer por participar en una sociedad con principios de igualdad entre el hombre y la mujer y poner de manifiesto que podemos ser parte de los cambios de paradigmas que nos lleven a la justicia y a la paz

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