O cambia la sociedad o el clima seguirá cambiando

Variación de temperatura y patrones de lluvia vedan la disponibilidad de agua, sobre todo a causa de la deforestación. Se debe actuar ya para frenar el deterioro.

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Tanto la mala distribución de los desechos como su acumulación contribuyen al cambio climático, pues contribuyen a la emisión de gases de efecto invernadero. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL).
Tanto la mala distribución de los desechos como su acumulación contribuyen al cambio climático, pues contribuyen a la emisión de gases de efecto invernadero. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL).

Todos los días el planeta envía mensajes acerca de las transformaciones que está sufriendo debido a los efectos del cambio climático. Cada vez se observan más las cambiantes pautas meteorológicas que amenazan la producción de alimentos y el aumento del nivel del mar, que incrementa el riesgo de inundaciones catastróficas.

Los expertos indican que si no se toman medidas drásticas ahora será más difícil y costoso adaptarse a los efectos del futuro.

“Cuando se habla de cambio climático, nos referimos a la variabilidad natural del clima; es decir, en los cambios de temperatura, densidad de la lluvia, fuerza del viento, etc. Aunque estos se han dado durante toda la historia del planeta Tierra, en los últimos cien años se ha registrado un cambio mucho más rápido y fuerte, lo que hace preocupante el problema, porque todos los seres vivos somos afectados”, dice Alex Guerra, secretario técnico del Sistema Guatemalteco de Ciencias del Cambio Climático (SGCCC).

El primer reporte de evaluación del conocimiento sobre cambio climático del SGCCC en el país, elaborado en el 2019, detalla que en los últimos 40 años la temperatura en el país ha aumentado al menos un grado celsius y la lluvia es más intensa. Aunque esta tiene tendencia a un leve aumento anual, lo más significativo es el cambio de distribución temporal evidente por el retraso de la llegada de las lluvias de mayo en los últimos siete años. Se ha detectado déficit en la primera o segunda parte de la época lluviosa e intensificación de la canícula, con períodos secos que han superado los 40 días.

Esta situación es producto de los gases de efecto invernadero (GEI) generados por la actividad humana, que alteran la composición de la atmósfera y aumentan su capacidad de capturar calor. Por lo tanto, el calentamiento global ha aumentado y a la vez la variabilidad natural del clima, lo que afecta el desarrollo de la sociedad.

El exceso de lluvia hace que los ríos se crezcan, lo que causa inundaciones y deslaves, con el consecuente daño a la población. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL).

La huella humana

En Guatemala, las emisiones de gases de efecto invernadero son muy bajas en comparación con el resto del mundo. En el país equivalen a menos del 0.1%, pero han aumentado con los años, y de 18.1 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente (CO2-eq) en 1990 pasaron a 31.4 millones de toneladas de CO2-eq en el 2005.

Las actividades que más emiten gases de efecto invernadero y, por consiguiente, contribuyen al cambio climático en el territorio guatemalteco son la conversión de bosques en tierras de cultivo o para uso de ganadería, lo cual representa el 26%; la quema de combustibles para el transporte que corresponde al 18%; el manejo de suelos agrícolas, el 14%; la ganadería, 14%; y la quema de combustibles para la producción energética, 9%, según Gabriela Fuentes, directora del Centro de Estudios Ambientales y Biodiversidad (Ceab).

A criterio de Raúl Mass, director del Instituto de Investigación y Proyección sobre Ambiente Natural y Sociedad (Iarna) de la Universidad Rafael Landívar, la destrucción de recursos naturales es una acción común en Guatemala.

Cita como ejemplo la polémica por un proyecto inmobiliario en la en zona 16 de la capital, con el que se pretende eliminar un área boscosa, lo cual ha sido motivo de protestas de vecinos. “Pero estas acciones suceden siempre.

Eliminar un ecosistema natural para darle a la tierra otros usos, no solo urbanísticos, sino construcción de carreteras, puentes, para cultivos o incluso ganadería o pistas clandestinas del narcotráfico, entre otros. Cada año perdemos 130 mil hectáreas de ecosistemas naturales para darle otro uso. Esa cifra equivale a 19 campos de futbol por hora”, explica.

Además, la capacidad de absorción de CO2 de los bosques se redujo de 42.9 millones de toneladas en 1990 a 24.4 millones en el 2005, debido, principalmente, a la pérdida de áreas verdes.

A pesar de que existen varios proyectos de reforestación en el país, no son suficientes para mitigar el daño, porque aproximadamente se reforestan 10 mil hectáreas al año, por lo que la brecha es muy alta.

Tanto la mala distribución de los desechos como su acumulación contribuyen al cambio climático, pues contribuyen a la emisión de gases de efecto invernadero. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL).

Vulnerabilidad

Debido a la diferencia de emisión de los GEI entre los países es que se habla de justicia ambiental, porque los territorios más desarrollados, que son los que más emiten esos gases, son los que deberían ayudar a los países subdesarrollados a mitigar los efectos del cambio climático. Pero como eso no sucede, los países tercermundistas son los más afectados, sobre todo cuando su sistema económico se basa en la agricultura, asevera Guerra.

En el país hay poblaciones, infraestructura, ecosistemas y recursos económicos, sociales y culturales vulnerables al cambio climático. La vulnerabilidad de Guatemala está determinada, entre otras razones, por la alta dependencia de la economía nacional de la producción agrícola, que representa el 24% del PIB.

Como consecuencia del cambio climático es probable que haya efectos negativos en la calidad y cantidad del agua. Pueden aumentar inundaciones que afecten diversos medios de vida. También habrá más humedad en el suelo que dañe la productividad de los cultivos.

“Cada año perdemos 130 mil hectáreas de ecosistemas naturales para darle otro uso a la tierra. Esa cifra equivale a 19 campos de futbol por hora”.
Raúl Mass, director del Instituto de Investigación y Proyección sobre Ambiente Natural y Sociedad

“La escasez o exceso de agua provocados por el calentamiento global afecta especialmente a los agricultores. Mucha agua y la mayor frecuencia de heladas significa para ellos la pérdida de sus cosechas, lo cual afecta la seguridad alimentaria del país”, expone Fuentes.

Se debe actuar ya

Debido a que la emisión de gases de efecto invernadero que emite Guatemala es mínima, la contribución que se puede hacer para frenar el cambio climático es poco significativa. Por ello, Raúl Mass, director del Instituto de Investigación y Proyección sobre Ambiente Natural y Sociedad (Iarna), comenta que se debe apostar por mitigar algunos de los problemas causados por la variabilidad climática.

A corto y mediano plazos es importante prestarle atención al recurso hídrico. Para el experto, es vital construir infraestructura para almacenar agua, ya que esta es útil para el consumo humano, para producir alimentos, para la construcción agroindustrial y generación de energía, entre otras actividades. “Debemos crear represas porque las pocas que hay en el país se usan para la producción de energía, lo cual está bien, pero hay que crear más para hacer llegar el agua a donde se necesita, a los cultivos y espacios, para generar seguridad alimentaria”, recomienda Mass.

En Guatemala, una de las principales fuentes para preparar alimentos es la leña, por lo que se debe optar por una energía accesible para todo el territorio nacional. Estas prácticas, además de contribuir a la tala de árboles, emiten gases que dañan la atmósfera. “Estas dos acciones, las represas y la energía accesible son responsabilidad del Estado, pero pueden ser exigidas por la población”, comenta el especialista.

Debido a que los GEI son ocasionados, en su mayoría, por la quema de combustibles derivados del petróleo, es importante prestarle atención al tipo de transporte que se utiliza. Cada vez que el petróleo se convierte en gasolina o diésel, el gas que se produce del escape del vehículo llega a la atmósfera y contribuye al cambio climático. Por ello se han impulsado campañas para optar por la bicicleta como medio para desplazarse de un lugar a otro.

Si una bicicleta no es de su agrado, puede contribuir llevar a otra persona, vecino o familiar en su vehículo, para que se emita menos gas.

A criterio de Fuentes, como sociedad podemos aportar por medio de disminuir o evitar las actividades que de cierta forma emitan GEI. Por ejemplo, no utilizar la secadora si se puede poner la ropa al sol para que se seque; al bañarse, hacerlo lo más rápido posible, sobre todo si es con agua caliente, para ahorrar energía eléctrica. Además, tratar de usar agua lo menos posible, para no desperdiciar el recurso hídrico.

En el hogar se puede optar por bombillas LED, que son más eficientes y reducen el consumo de energía eléctrica. Apagar la luz cuando no sea necesaria y utilizar paneles o calentadores solares son buenas prácticas que ayudan a mitigar los gases de efecto invernadero.

Ser consumidores más responsables y evitar la compra de materiales desechables o de un solo uso es otra de las recomendaciones, así como reciclar y reusar en la medida de lo posible, porque los desechos emiten metano, que un gas de efecto invernadero.

Además, se aconseja hacer compras más amigables con el ambiente y priorizar los electrodomésticos o marcas más eficientes en el uso de la energía. Esto se comprueba al revisar las etiquetas de eficiencia energética detrás de los aparatos.

“Sabemos que el ganado es una de las principales fuentes emisoras de GEI. Entonces, a medida en que consumamos menos carne, habrá menos área destinada al ganado. De esta forma también se apoya en evitar la destrucción de recursos naturales para crear áreas para los animales”, expone Fuentes.

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