Deserción escolar impacta mayormente en la secundaria ¿por qué nos debe importar?

Los niveles de básico y diversificados tuvieron las cifras de abandono escolar más altas del 2020. Esto preocupa porque limita la posibilidad de que los jóvenes ingresen al mercado laboral, que cada vez se torna más exigente.

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La secundaria es el nivel en donde más estudiantes desertaron durante el 2020, según reporte preliminar del Ministerio de Educación. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)
La secundaria es el nivel en donde más estudiantes desertaron durante el 2020, según reporte preliminar del Ministerio de Educación. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

Las cifras preliminares del Ministerio de Educación (Mineduc) indican que cuatro de cada 100 escolares que se inscribieron el año pasado al nivel básico en el sector público ya no culminaron el ciclo escolar. Sucedió lo mismo con igual cantidad de estudiantes en el diversificado. Son 19 mil 453 jóvenes los que al final optaron por retirarse.

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En preprimaria y primaria el porcentaje fue menor, con 2.19% y 1.57%, respectivamente, lo que representa 43 mil 180 niños que abandonaron los estudios. La cifra es más alta porque en estos niveles la cobertura educativa es mayor.

El abandono escolar era una de las secuelas anunciadas desde el comienzo de la pandemia debido a la irrupción educativa, que afectaría principalmente a los más desfavorecidos.

La crisis económica que golpeó a los hogares como consecuencia del covid-19 es una de las principales razones, pues las familias de escasos recursos tuvieron dificultad para apoyar la continuidad de los estudios de sus hijos, debido al gasto que representaba.

El impacto comenzó a verse a los meses de suspendidas las clases presenciales, el 16 de marzo. En las áreas rurales los niños y los adolescentes se sumaron a las labores de agricultura, otros se incorporaron a actividades informales para ayudar en la economía familiar. Dejaron de lado los estudios, pues había que apoyar en los ingresos del hogar. El reto para el Mineduc será que retornen este año a las aulas.

“Hay miles de niños en riesgo de no retomar los estudios por el tema de la pobreza, que se ha endurecido por el covid-19 y por las tormentas Eta e Iota que dejaron mucha destrucción. Ha habido poca migración a las fincas cafetaleras, corte de caña, eso ha reforzado la pobreza y allí es donde se necesita un programa de apoyo para las familias, para que los niños y las niñas vuelvan a la escuela. No solo es en el área rural, también en la urbana hay mucha gente desempleada”, advierte Héctor Canto, exviceministro Técnico de Educación.

Si bien la falta de recursos económicamente está entre las principales razones de la deserción escolar, durante le 2020 el estudiar a distancia también afectó. El no tener las herramientas necesarias para continuar con sus estudios, como acceso a internet y a dispositivos electrónicos, fuer una barrera para el aprendizaje de los niños y jóvenes.

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Una inadecuada oferta educativa también influye en la deserción escolar, y es acá donde se habla de la baja cobertura y de la calidad educativa. Guatemala es el país de Centroamérica que menos invierte en educación, por debajo del 3% del Producto Interno Bruto (PIB), cuando lo recomendado por la UNESCO es más del 6%.

El informe Pisa para el Desarrollo 2018 reveló que en el sector público la inversión promedio en un estudiante guatemalteco en la etapa preescolar es de US$667, mientras que en los seis años de primaria asciende a US$4 mil 607, y en la secundaria es de US$1 mil 370. Es decir que, si el niño completa los estudios y logra graduarse, se habrá invertido en él US$6 mil 644, una cifra similar a la que reporta Senegal con US$6 mil 818, mientras que en Costa Rica asciende a US$46 mil 531.

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Fuera del sistema

La cobertura educativa en Guatemala es frágil desde tiempo atrás. En cinco años el nivel preprimario es el único que mostró un leve aumento en el alcance a más estudiantes, un 3.3% entre 2015 y 2019.

En primaria y en básicos bajo, 2.9% y 3.5%, respectivamente; mientras que en Diversificado la cobertura se ha mantenido en un 24% en un lustro.

Que la cobertura en la secundaria sea baja, deja a cerca de un millón de jóvenes fuera del sistema educativo, que al sumarse a las cifras de deserción es preocupante. Influye la poca oferta educativa en el sector público, ya que hay 3 mil 248 centros educativos que cubren el nivel Básicos, y tan solo 636 el diversificado, y estos se concentran en las áreas urbanas.

De acuerdo con el informe BIDeconómics Guatemala 2019, la población entre 10 y 24 años representa a un tercio de los guatemaltecos, de los cuales seis de cada diez ya están en edad de trabajar, pero las posibilidades de comenzar una vida laboral de calidad se truncan al no tener las competencias que demanda el mercado.

Esto está relacionado con que el país tiene la tasa de graduación de la secundaria más baja de América Latina, alcanza el 48%, cuando en la región es de 77%. Se suma que el promedio de escolaridad es apenas de 6.4 años, que a criterio de Juan Carlos Zapata, director ejecutivo de la Fundación para el Desarrollo de Guatemala (Fundesa), se debe aspirar a que en un lustro llegue a 10, como mínimo.

“Tenemos que ser conscientes de que una de las debilidades del sistema educativo es que no enseña un pensamiento crítico que ayude a las personas a discernir la importancia que tiene la educación en su futuro, esto lo vemos por la posición en que está Guatemala, el lugar 118 de 141 países en cuanto al pensamiento crítico en la enseñanza, según el índice de competitividad global del Foro Económico Mundial”, dice Zapata.

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Por otro lado, en el 2014 un 28% de los jóvenes guatemaltecos ni estudiaban ni trabajaban – grupo al que se le denomina “ninis”-, como producto de la salida prematura del sistema educativo, pero también de la escasa oportunidad laboral debido a su reducida escolaridad, pues no todos llegan a completar la primaria.

Este panorama plantea un capital humano con serias limitaciones para incorporase al mercado laboral, pues los jóvenes salen a buscar empleo desprovistos de capacidades y habilidades que cubran las necesidades de las empresa, según el informe del BID.

La opción es un trabajo con ingreso insuficientes para romper con la pobreza y el estado de necesidad que los motivó a dejar la escuela, agrega. En el 2017 alrededor del 83% de los guatemaltecos entre los 15 y 24 años con un bajo nivel educativo se encontró en el sector informal, y el subempleo entre ellos fue del 12%, con mayor repercusión en las áreas rurales y la población indígena.

“La pandemia aceleró muchos procesos hacia la digitalización, pero en el sistema educativo público la falta de insumos, tanto de computadoras como de conectividad, creo una barrera en la que muchos jóvenes tuvieron que dejar las aulas y pasar a la fuerza laboral. Esto trunca los sueños de la población y genera una fuerza laboral que no está capacitada para las demandas de una economía de servicios que está entrando a Guatemala,”, reflexiona Juan Carlos Zapata, director ejecutivo de Fundesa.

Sin mayores oportunidades en el mercado laboral local, este grupo también ve una salida en la migración.

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Por un cambio

De acuerdo con autoridades del Mineduc, se han generado criterios curriculares para atender específicamente a la población que cursa secundaria, pues están conscientes de la necesidad de que los jóvenes regresen a sus centros educativos y reciban educación de calidad.

Como parte de los esfuerzos para atraer a los estudiantes de nuevo al sistema escolar, la cartera capacitó a los docentes sobre los protocolos de bioseguridad ante la pandemia del covid-19 para crear confianza entre los padres de familia de enviar de nuevo a sus hijos a los centros educativos.

“Esperamos que esta medida acompañada de los distintos planes de apoyo que el ministerio trabaja como la alimentación escolar, útiles escolares, valija didáctica y el tema de gratuidad, nos ayuden a hacer realidad la ampliación de la cobertura y la retención de los niños en el ciclo escolar”, indica la viceministra Técnica, Zaida Lorena Aragón de Argueta.

También se realizan capacitaciones técnico-pedagógicas para que los docentes puedan trabajar el material educativo desarrollado para la modalidad hibrida en que transcurrirá el ciclo escolar 2021, donde la conectividad será importante, aunque la apuesta del Mineduc son los materiales impresos para todos los niveles educativos.

La funcionaria agrega que eso no significa dejar a un lado el tema de la “virtualidad”, pues trabaja en varios proyectos para dotar a los estudiantes de tablets y otros dispositivos, para  ir resolviendo de manera progresiva el tema de la conectividad.

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“La voluntad, el Ministerio de Educación la tiene, sabemos que es el escenario ideal, pero mientras eso sucede estamos asumiendo la responsabilidad al 100% entregando materiales impresos porque este es el camino que nos está dando resultados para llegar a todas las comunidades”, agrega la viceministra.

Pasos importantes

Zapata señala que el primer paso que se debe dar es incentivar a que los estudiantes regresen al sistema educativo y crear conciencia colectiva de la importancia de la educación para profesionalizar la fuerza laboral. Además de motivar la capacitación técnica para desarrollar en ellos las habilidades que demanda el mercado.

“Guatemala ha ido reduciendo la pobreza, pero a un paso muy lento. Los ingresos de la población no son suficientes y la clase media no ha crecido a los niveles que debería tener el país. La única forma de aumentar los ingresos es aumentar el PIB per cápita y para hacerlo se necesita mejorar la productividad de cada trabajador, que sea capaz de operar en un mundo de nuevas tecnologías, en una economía de servicios, y en la cuarta revolución industrial”, finaliza Zapata.


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