Remembranzas

Fray Ignacio de la Fuente Gutiérrez

Por 43 años, fray Ignacio de la Fuente condujo, prácticamente los 365 días del año, a las 6.30 de la tarde, el rezo del santo rosario en la Basílica de Santo Domingo, el cual era transmitido por radio desde hacía  unos 25 años.  Su voz se convirtió en parte del paisaje sonoro para los  católicos guatemaltecos.

Fray Ignacio  llegó a Guatemala el 14 de agosto de 1970. (Foto Prensa Libre: Archivo)

Fray Ignacio llegó a Guatemala el 14 de agosto de 1970. (Foto Prensa Libre: Archivo)

Con su deceso, el domingo 22 de septiembre último, se ha ido ese timbre característico y ese acento español que leían con tanta paz las meditaciones y recitaban con santo ímpetu cada padrenuestro y cada avemaría.

Nacido el 23 de agosto de 1936, en Valladolid, España, fray Ignacio  llegó a Guatemala el 14 de agosto de 1970, tan solo cinco años después de haber hecho sus votos perpetuos. Aquí  viviría el resto de sus días.

No era sacerdote sino fraile dominico cooperador, un “hermano”. Y en eso se convirtió para muchos jóvenes, pues dirigió sus energías a atraer a las nuevas generaciones,  no solo a través de la catequesis,  sino también del deporte. Fundó el club Santo Domingo, dentro del cual destacaron los equipos de voleibol, cuenta el sacerdote  Mario Torres, prior del convento.

Ignacio fue sacristán de la Basílica y encargado de la catequesis de niños de primera comunión.

Para los pequeños más pobres pedía donativos, a fin de  comprarles un traje y hacerles un desayuno.

También se ocupó de ser portero del convento y durante un tiempo atendió la librería de objetos religiosos, pero sin duda fue su rezo constante del rosario, los 365 días del año, lo que mayor huella dejó en la feligresía guatemalteca.

EJEMPLO DE FE

Tenía una mirada profunda. Su gesto adusto se transformaba con facilidad en una sonrisa. Bajo de estatura física, pero de enorme talla espiritual.

En 1984 renunció  a la Provincia dominica de España para hacerse parte de la naciente Provincia de San Vicente Ferrer de Centroamérica, en el  2007.

Le diagnosticaron  cáncer de estómago hace aproximadamente un año.  Le dieron dos meses de vida, pero fray Ignacio vivió por muchos más, sin quejarse ni dejar entrever su dolor.

Cantaba las misas con el gozo de quien vive en paz, con lo cual dejó una gran lección de aceptación  a la voluntad de Dios. Solía sentarse junto al órgano, listo para comenzar la siguiente alabanza o responder al salmo.

En la misa de 6.30 de la mañana del jueves 29 se le quebró la voz al cantar el ofertorio. Siguió cantando, pero esa tarde no pudo ya rezar el rosario, cuenta el sacerdote  Gregorio López. Fue llevado al sanatorio, pasó la noche allí, pero los médicos fueron sinceros y recomendaron su egreso.

Fue así como el monje vallisoletano descansó en brazos del Señor en su habitación del convento, al caer la noche del domingo 22. ¿Casualidad o designio de lo alto? Cuando se cumplan nueve días de su deceso, empezará un nuevo mes del santo rosario. Habrá muchas rosas en la Basílica y  miles de fieles abarrotarán las naves, pero a la hora de cada rosario  se hará notorio que él no está más aquí, sino allá, junto a la Madre de Gracia, Madre de Misericordia.

Su vida

Fray Ignacio de la Fuente nació en  España, el 23 de agosto de 1936.

Entró al noviciado en 1958.

En 1965 hizo  sus votos

perpetuos como fraile dominico cooperador.

En 1969 llegó a Costa Rica y en 1970 a Guatemala, donde vivió por 43 años.

Le llamaban “la Voz del rosario”, porque lo rezaba por la radio a diario a las 18.30 horas.

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