¿Quiénes serían los próximos santos guatemaltecos?

Son varias las causas que se promueven, y en el 2019 se podría contar en el país con nuevos beatos.

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Primero se busca la beatificación, una vez lograda, comienzan nuevas gestiones para conseguir que se les proclame santo. (Ilustraciones: PRENSA LIBRE Esteban Arreola).
Primero se busca la beatificación, una vez lograda, comienzan nuevas gestiones para conseguir que se les proclame santo. (Ilustraciones: PRENSA LIBRE Esteban Arreola).

En el 2002 el papa Juan Pablo II canonizó al beato Hermano Pedro de San José Betancur (1626-1667), el primer santo de las Islas Canarias, donde nació y, dado que fue en Guatemala donde hizo su obra, es considerado también el primero en el país. La ceremonia fue en el Hipódromo del Sur, pero el proceso que  llevó a los altares al fundador de la orden Betlemita demoró más de tres siglos. Otros casos han sido más ágiles, como el de san Antonio de Padua, que ocurrió 352 días después de su deceso. San Pedro Damián fue reconocido a 756 años  de su muerte.
¿Qué factores inciden en este tipo de procesos? Son varios, explica el sacerdote Juan Pablo Noguera, y no hay una norma que determine su celeridad. Un fiel, antes de ser proclamado santo, debe satisfacer el criterio de peritos tanto ante autoridades eclesiásticas en el país donde hizo su obra evangelizadora, como ante clérigos de la Santa Sede. Primero se busca su beatificación, una vez lograda, comienzan nuevas gestiones para conseguir que se le proclame santo.
Se distinguen en el procedimiento dos etapas principales, la que se desarrolla en el país donde tomó lugar la causa recibe el nombre de fase diocesana y, cuando esta concluye se remite la solicitud al Vaticano para conocer el dictamen final en lo que se conoce como  fase romana. Otro periplo muy similar se desarrollará para todo beato que busque un sitio en el santoral.
 

Nuevos beatos

La quetzalteca María Vicenta Rosal Vásquez (1820-1886), quien al tomar los hábitos escogió el nombre María Encarnación Rosal del Corazón de Jesús, fue beatificada en 1997. Su proceso fue gestionado en Colombia, donde reposa su cuerpo incorrupto y llevó a cabo su obra. Es el segundo  de beatificación de un guatemalteco, pero pronto habría al menos cuatro más. 
“La causa del padre Hermógenes López es una de las más próximas a ser reconocida, se comenzó  en el 2007 y quizá culmine en el 2019. Se encuentra en la fase romana”, afirma Noguera.
Hermógenes es uno de cuatro  de los cuales tiene conocimiento  ya ha concluido la fase diocesana, pero el clérigo aclara que en el país habría más, sumando unos  10 casos.  Para el 2019  se podría dar la beatificación de fray Augusto Ramírez Monasterio, y otros procesos, como el de las religiosas sor Cecilia Charrin y María Teresa Aycinena y Piñol. Son los que conoce el Tribunal Eclesiástico de la Arquidiócesis de Guatemala y  se suman otros, a instancia de tribunales integrados en diócesis de Izabal, Quiché, Sololá y  una de Oklahoma, en Estados Unidos. Estos  tienen en común la causa por martirio ocurrida durante la guerra interna.
Culminar estos expedientes en lo que se conoce como la fase diocesana, explica el religioso Noguera, “es un trabajo que nos ha mantenido muy ocupados, recientemente son de conocimiento en la Santa Sede, cuando se logre el primer objetivo, que es la beatificación, se comenzaría con la otra parte,  la fase romana”.
Hay dos vías para conseguir el reconocimiento de beatificación, estas son por medio de una vida ejemplar en la práctica de las virtudes y la otra, a través del martirio. “Las del padre López  y fray Ramírez Monasterio son causas que se iniciaron por la segunda opción; las religiosas, por medio de las virtudes heroicas”, señala el sacerdote.
Hace casi una década comenzaron  y su resolución podría ser favorable  en los siguientes años. “Estos son los casos más próximos, esperamos sus beatificaciones pronto, si no ocurren en el 2018, sería a más tardar en el 2019”, señala.
 

Otro caso

La prelatura del Opus Dei, en la época en que Próspero Penados del Barrio fungió como Arzobispo Metropolitano, comenzó la causa de beatificación del doctor Ernesto Cofiño. Este culminó la etapa diocesana y su canonización se ventila en Roma.
 

El Padre Guatemala y otras causas

El franciscano Ramón Rojas nació en Quetzaltenango en 1775. Fue expulsado de Guatemala después de la Independencia y se exilió en Perú, donde adquirió fama de santidad. En el calendario de la tipografía Sánchez & De Guise de 1944, una nota recoge la siguiente información: “Conocido como el padre Guatemala, el fraile de la Orden de los Descalzos que, durante las turbulencias políticas que ocasionó la Independencia de Centroamérica y por su fidelidad al Papa, fue desterrado del territorio en 1831. Buscó y halló refugio en Perú, país en el que cosechó los frutos de caridad de santo varón”. La publicación señala que el Arzobispado de Lima recién había descubierto los restos del religioso en un templo de la localidad de Ica y que se había iniciado la causa de su beatificación. Consultado dicho arzobispado dijo desconocer si dicho proceso continúa vigente.
 

Más nombres

El sacerdote estadounidense  Stanley Rother (1935-1981) fue párroco de Santiago Atitlán,Sololá. Por la vía del martirio busca un lugar en el santoral y su caso ya se encuentra en la fase romana. Rother llegó a Guatemala en 1968, como misionero. Fue uno de los varios que a causa de su fe perdió la vida en el conflicto armado, defendiendo temas sociales. Fue asesinado en su parroquia, en 1981. Su cuerpo descansa en Okarche, Oklahoma, Estados Unidos.
Hay además, de acuerdo con una lista de la Conferencia Episcopal de Guatemala  103 catequistas, ministros extraordinarios de la comunión y sacerdotes, tanto guatemaltecos como extranjeros, que murieron durante la guerra interna. A esta se suma una elaborada por la Diócesis de Quiché, en la cual figuran, entre otros, los sacerdotes españoles José María Gran Cirera, Faustino Villanueva y Juan Alonso. También las diócesis de Izabal y Huehuetenango han iniciado causas en ese mismo contexto.
 
 

(Infografía: PRENSA LIBRE Esteban Arreola).

  • María Encarnación Rosal.  La quetzalteca María Vicenta Rosal Vásquez (1820-1886) fue beatificada en 1997. Su causa se encuentra muy adelantada en el Vaticano y se gestiona desde Colombia,  donde reposan sus restos. 
  • Padre Hermógenes López Coarchita. Nació en Ciudad Vieja, Sacatepéquez (1928-1978), fue párroco de San José Pinula, Guatemala,  en donde fue asesinado. Denunció en sus sermones el reclutamiento militar forzado y la explotación de los recursos naturales.
  • Fray Augusto Ramírez Monasterio. Nació en 1937, fue retenido y asesinado en 1983.  Murió defendiendo el secreto de confesión. Promovió el trabajo pastoral entre los jóvenes. Era fraile en el templo antigüeño de San Francisco. 
  • Teresa Aycinena y Piñol. María Teresa de la Santísima Trinidad (1784-1841), monja  de  las Carmelitas Descalzas, entraba en éxtasis y  llegó a tener estigmas de la Pasión de Cristo. Su cuerpo está en algún sitio no identificado del templo de Santa Teresa. 
  • Sor Cecilia Charrin. De origen francés, Charrin (1890-1973)  tomó votos con las hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl. Llegó a Guatemala en 1930 y entregó su vida a los pobres. Sus restos están en la Capilla de la Medalla Milagrosa, Casa Central. 
  • Ernesto Cofiño Ubico. Fue pediatra (1899-1991), sirvió  a personas de escasos recursos y formó a varios jóvenes.  En 1956 se incorporó como supernumerario del Opus Dei, prelatura que impulsa su causa. Es el primer laico que busca la canonización.