Viaje al pasado en carruaje y autobús

Crónicas del servicio urbano de la capital, desde finales del siglo XIX hasta mediados del  XX.

El golpeteo del trote de los caballos y del choque de las ruedas de los carruajes con el empedrado de las calles de la  capital era común a los oídos de los vecinos de la  segunda mitad del siglo XIX. Era la bulla de los únicos medios de transporte de esa época, a los cuales tenían acceso solo las familias pudientes, los demás se trasladaban a pie.
Por esos años, algunos emprendedores decidieron prestar el servicio de carruajes a las personas que desearan trasladarse dentro de la urbe sin agitarse. “A estos trabajadores les llamaban ‘realeros’, porque cobraban una cantidad de reales, según la distancia”, explica el historiador Miguel Álvarez Arévalo, en su libro inédito Crónicas de Guatemala de la Asunción.
Pero la modernidad, para ese entonces, llegó a Guatemala de la Asunción en 1882, cuando algunos empresarios comenzaron a prestar el servicio de tranvías tirados por caballos. Este novedoso medio de transporte permitía a los pobladores trasladarse más rápido, y “sin despeinarse”, a las dependencias del gobierno, centros de diversión, religiosos o residencias. 
Para organizar el sistema los dueños decidieron tomar como punto de partida la Plaza Central, y de ahí hacia El Calvario, la Estación del Ferrocarril del Sur, el Cementerio General, el Hipódromo del Norte y la Parroquia Vieja. Con este recorrido se beneficiaban los que residían en esas rutas y acercaba a sus destinos a los que vivían en los municipios aledaños.
 Eran los años del gobierno liberal de Justo Rufino Barrios (1873-1885), cuando se tendieron las primeras líneas telegráficas y ferroviarias, y se expropió de sus bienes a la Iglesia Católica. También se estableció la educación laica y gratuita. 
En aquel entonces, en la capital residían unas 50 mil personas y en sus municipios una cantidad similar. El edificio más  importante era la catedral, de 450 pies cuadrados, y había otras 24  iglesias, un hospital, una universidad, una escuela de Medicina, y una prisión. Guatemala tenía el mayor número de instituciones educativas de Centroamérica, según reportó en esa época, Antonio Batres de Jáuregui, embajador de Guatemala en Estados Unidos.

Arrancan los motores

Durante cuatro décadas el transporte citadino mantuvo como base la energía proporcionado por los equinos, fue hasta 1918, luego del terremoto que asoló la capital, cuando también tuvo su sisma, porque comenzaron a llegar los primeros tranvías accionados por un motor de gasolina.
Esto cambió un tanto el paisaje urbano, porque se veían pasar elegantes carruajes particulares, caballos, tranvías de tracción animal y los modernos motorizados. Incluso, las autoridades decidieron que solo estos  últimos podían transitar por la comercial y refinada Sexta Avenida.
La población de los cantones alejados del centro, como el Guarda Viejo, La Reformita, Barillas y Barrios, continuaron  utilizando para movilizarse carretas de bueyes y carruajes.
En 1926 se registró el primer paro de transporte, acción que con el paso de los años se convirtió en cíclica. ¿La razón? Los empresarios se negaban a pagar el aumento del impuesto de circulación, lo que  provocó que el presidente José María Orellana promulgara el decreto 914, en el que declaró que la paralización de cualquier servicio público afectaba los intereses de la nación.
De acuerdo con el informe El transporte colectivo urbano en el área metropolitana: Hacia una solución integral  de la Dirección General de Investigación (Digi) y del Centro de Estudios Urbanos y Regionales (Ceur) de la Universidad de San Carlos, en esa época había registrados mil 98 automóviles particulares, 456 camiones, 518 carruajes y cuatro  mil 173 carretas, la mayoría concentrados en la capital.

Llega la EGA

Aunque en crisis, debido a que finalizaba el contrato suscrito con el ayuntamiento en 1925, el servicio de tranvía aún operaba en 1927, cuando comenzaron a circular buses colectivos de la Empresa Guatemalteca de Autobuses (Ega),  fabricados con motores de camión importados y carrocerías artesanales de madera.
 “Fue la primera empresa en establecer el sistema de transporte interurbano en la Ciudad de Guatemala. Hasta esa fecha (solo) funcionaban los tranvías de gasolina”, relata  Frieda Morales Barco en  el libro  Empresas de transporte urbano de la Ciudad de Guatemala Municipalidad de Guatemala.
La  Ega fue fundada por Roque Rosito y Rosito, originario de Morano Calabro, provincia de Cosenza, en la región de Calabria, al sur de Italia. El 8 de febrero de 1902  abrió en la capital el Gran Almacén Roque Rosito, en lo que hoy es la 8ª. avenida 8-55, zona 1, donde comerciaba  pieles, correas y  suelas.
“Después vendió abastos para vehículos desde lámparas señalizadoras, hasta llantas, lubricantes y aceites. Esto lo motivó a fundar la primera compañía de transporte urbano, en sociedad con otras personas. Su nombre fue Rosito Aldaz y Cía Ltda, logrando así  traer los primeros autobuses a Guatemala”, resalta el documento Historia Roque Rosito, que narra la historia de este personaje. 
Una línea partía del Parque Central hacia la Estación del Ferrocarril, pasando por la 9a. avenida, y la otra también comenzaba en el Parque Central y finalizaba en el Hipódromo del Norte, pasando por la Sexta Avenida. Meses después,  ampliaron el servicio con otros seis vehículos. “Así surgió el sistema de transporte colectivo de autobuses”, agrega Morales Barco.
Meses después comenzó a circular la empresa Autobuses de Guatemala (Aupaco), que  recorría la Plaza de Armas, la Avenida de La Reforma y La Aurora. “Con esto desaparecieron los viejos tranvías y el ferrocarril Decauville y circularon estos autobuses que no tenían el número de la línea que cubrían, solo letreros en los que mencionaban sus terminales, como Parroquia-Cementerio, Parque-Aurora, Aduana-Hospital”, explica Álvarez en Crónicas de Guatemala de la Asunción.
Morales Barco comenta que la Ega fue bastante criticada y atacada, porque la consideraban un monopolio y el señor Rosito era italiano. “Sin embargo, esto era por envidia de la competencia. Además, la empresa estimuló la industria nacional al abrir varias fuentes de trabajo como: ensamble de carrocerías, mecánicos, choferes y vigilantes, entre otros”.
En 1931, en la Sexta Avenida, que concentraba los comercios más exclusivos, se prohibió  el paso de autobuses colectivos. Las calles de doble vía evidenciaban problemas de circulación por el transporte.
Según el estudio de la Digi y el Ceur, en marzo de 1931 la Empresa Transportadora Guatemalteca propuso a la municipalidad absorber todas las empresas para modernizar el acarreo urbano. El planteamiento pretendía un transporte eficiente, con buses cómodos y horarios fijos y frecuentes.
El traslado llegaría al mayor número de barrios, sin embargo, fue atacada porque los empresarios que se dedicaban a este negocio alegaron que se quedarían sin recursos para el sostenimiento de sus familias. Aunque no se llegó a aprobar la propuesta, la municipalidad de Guatemala incorporó un reglamento para normar y unificar la actividad de los empresarios del transporte colectivo, por medio de la creación de consorcios.
A pesar del anterior reglamento, las empresas se fusionaban, definían su parque vehicular y  extendían sus rutas. En  1931 se unificaron la Empresa Guatemalteca de Autobuses y Autobuses de Guatemala creándose la Auraco, que cubría casi todas las rutas del área central de la ciudad con el mayor parque vehicular, compuesto por 60 autobuses.
También  se fusionaron la Simón Bolívar con la Agpa, en 1935.
Ya en esos años el servicio urbano de transporte movía millones de quetzales. En 1938, la Ciudad de Guatemala contaba con una población de 77 mil 400 y los transportistas vendieron 8.9 millones de boletos, es decir, 115 por habitante.
Conforme con Morales Barco, entre las décadas de 1930 y 1940 se fundaron las empresas Auraco que  cubría las rutas 1, 2, 3, 5 y 9;   Eureka que recorría las rutas 18 y 19; La  Unión  transitaba por  las rutas 11, 12 y 13 y   La Fe que lo hacía en la ruta 17. 
José Ignacio López Mayorga fundó e inauguró la empresa Atlas el 31 de julio de 1948, y cubría la ruta 20.

Revolución de 1944

En 1945, la pavimentación de calles y nuevas carreteras, dio lugar a la extensión de las rutas. Así, el tramo entre La Parroquia y la fábrica La Pedrera también amplió la ruta de buses que cubría ese sector. De igual manera, con la nueva carretera Interamericana se extendió el servicio de autobuses urbanos a Las Majadas y Mixco.
Según el informe El transporte colectivo urbano en el área metropolitana: Hacia una solución integral,  ese año se autorizaron nuevas rutas que fueron cubiertas con 123 autobuses. Con ello se tenían líneas establecidas que cubrían todas las áreas urbanas del municipio de Guatemala, así también se importaron los primeros buses manufacturados en el extranjero con capacidad para 33 personas.
A finales de 1945 se fusionaron las empresas Auraco, Aupaco y Sur, formando una sola empresa. Posteriormente, en   1947, esta empresa se disolvió, pasando algunos autobuses a manos de otros propietarios, con lo cual surgieron nuevos empresarios, algunos contando con solamente un bus, estructura que ha persistido hasta la actualidad.
Con la acelerada expansión de la ciudad, que se dio en la década de 1950, las distintas empresas del transporte urbano fueron ampliando sus rutas, incluso hacia municipios, considerados hoy “dormitorios”, entre ellos   Mixco, Villa Nueva y San Miguel Petapa.
En 1945 la población de la Ciudad de Guatemala era de 175 mil habitantes y se vendieron 20.9 millones de boletos, o sea, 119 boletos por habitante, lo que significaban ingresos de más de un millón de quetzales, indica  el informe de la Digi y el Ceur.

Huelgas y disturbios

En  la década de 1970 comenzó la mayor crisis del transporte urbano, en la cual se han registrado prolongadas huelgas, violentas protestas y viacrucis de los  habitantes para trasladarse al trabajo y residencia. También se han denunciado los más grandes hechos de corrupción, especialmente en la asignación del subsidio.
Uno de los incrementos al pasaje que mayor recuerda la población fue el que se decretó el 15 de diciembre de 1982, cuando el gobierno del general Efraín Ríos Montt  aumentó de Q0.05 a Q0.10.
Otro intento por resolver esta persistente crisis se registró en 1994, cuando la municipalidad comenzó su propio servicio de transporte público a través de los  Munitrans, que se  construyeron sobre un tráiler de aproximadamente 13 metros de largo, jalado por un cabezal. El servicio funcionó solo un año.
 En  1997, con un préstamo de US$60 millones del Banco Centroamericano de Integración Económica, la Municipalidad de Guatemala, obtuvo 750 buses preferenciales y 50 buses articulados, los cuales  también duraron poco tiempo.
Casi un siglo después de que Roque Rosito importó los primeros autobuses y dejó atrás el servicio de carruajes, la población continúa a la espera de un adecuado transporte citadino.