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Heidy Juárez es la mujer leyenda del taekuondo

La historia de Heidy Juárez en el taekuondo se inició hace varios años en México. Su familia se trasladó al Distrito Federal cuando apenas tenía 6 años, e inició otra vida, lejos de su  abuela y primos, personas  con las que compartió eso primeros años de vida en la  zona 5.

Heidy Juárez, aunque ya no está activa, es la mejor exponente del taekuondo nacional. (Foto Prensa Libre: Romeo Rios)<br _mce_bogus="1"/>

Heidy Juárez, aunque ya no está activa, es la mejor exponente del taekuondo nacional. (Foto Prensa Libre: Romeo Rios)

Nadie, ni siquiera ella, se  imaginó que esa pasión,  que a los 7 años la llevó a  pisar la duela de su primer gimnasio en la ciudad az teca, la pondría como   la  primera mujer guatemalte ca en ganar  oro en unos  Juegos Panamericanos, en  Winnipeg 1999.

En total fueron cinco  medallas en el Ciclo Olímpico, junto a otras dos en  eventos de categoría mun dial y  un cuarto puesto en  los Juegos Olímpicos, Atenas 2004. Así se resume la  historia de Juárez en un  deporte donde se convirtió  en leyenda.

Sin embargo, las lesio nes le pusieron punto y fi nal a su carrera. En el  2007  se rompió los ligamentos  de la rodilla derecha en un  clasificatorio rumbo a los  Olímpicos de Pekín  2008  que  se disputó en Ingla terra, lo cual empezó a  marcar el prematuro adiós  del deporte.

Ya son seis años lejos de  la alta competencia, pero la  exatleta aún inyecta  a su  vida la energía  del tae kuondo. Tiene a su cargo el  desarrollo de este deporte  a escala militar, que alterna  con las enseñanzas a niños,  a quienes le comparte sus  experiencias y alegrías.

Heidy  aceptó compartir  con Tododeportes cada  uno de los buenos y malos  momentos de una vida en  el deporte. El punto de reunión fue en el Centro Cultural de España, en la zona  1, en el antiguo cine Lux,  que al final fue el lugar que  la llevó a retroceder en el  tiempo y despertar los re cuerdos de su carrera de portiva.

De sus inicios
“Tuve una niñez bonita,  crecí alrededor de muchos  primos de mi misma edad y  me gustaba mucho fre cuentar a mi abuela. Siem pre hubo  competencia en tre nosotros, me gustaba  ganar, pero creo que lo del  deporte lo heredé por mi  padre, Élmer Amílcar Juá rez, pues él hizo ciclismo y  gimnasia”, expresa.

La vida de la pequeña  Heidy, en ese entonces de   años, dio un giro cuando su  padre decidió radicar en Mé xico. En ese  momento no en tendía por qué lo hacía, por lo  que tuvo que adaptarse a su  nuevo entorno y aprender a  vivir lejos de la tierra que la  había visto nacer.
El primer deporte que le  apasionó a su corta edad no  fue el taekuondo,  sino el baloncesto.  En la escuela donde  estudió en México era la capitana del equipo por su buen  juego, además sobresalía por  su estatura y carisma en la  cancha.

“Recuerdo que mi madre  —María del Carmen—  se ha bía ido de viaje a Estados Uni dos y en las tardes iba a jugar  baloncesto a un Centro De portivo, que en México hay  muchos,  observé cómo llega ban los niños vestidos de blan co, me dio curiosidad y veía  los entrenamientos, fue allí  donde descubrí que me gus taba el deporte”, recuerda.

Quince días después Heidy  pisó por primera vez  una due la, le gustó tanto que hacía  cuatro horas seguidas de en trenamiento.  En su formación  siempre fue determinante su  primer maestro, el señor Adol fo Rodríguez, quien se con virtió en el guía y motivador,   pues le inculcó siempre buscar   la excelencia deportiva.

“No he vuelto a saber nada  del profesor Adolfo. Lo he  buscado por todos lados y  nada. Recuerdo que él fue  quien por primera vez me dijo  que iría a unos  Juegos Olím picos, confiaba mucho en mi  potencial”, asegura.

El regreso a casa
Fueron 10 años de residir  en México. Su formación co mo atleta se había encami nado,  era tiempo de volver a  casa, pero las cosas no serían  tan fáciles. “Había logrado un  gran nivel, vine a Guatemala  con cinta negra y mi intención  fue siempre continuar los en trenamientos. Me sorprendí  que cuando empecé a buscar  la Federación, nadie sabía na da de taekuondo”.

“Para mí fue una gran sor presa, el mundo estaba cre ciendo con el taekuondo y acá  no encontraba ni siquiera  dónde estaba la Federación.  Así que  no entrené por varios   meses.  Ingresé a la Federa ción de clavados, pero no fue  lo mío. Estaba decepcionada,  hasta que una mañana mi pa dre encontró la sede de mi  deporte”, agrega.

Antes de eso,  Juárez, quien  siempre ha sido una persona  muy activa, buscó su destino  deportivo en el baloncesto y se  entrenó por varios días con un  equipo en la duela del gimnasio  Teodoro Palacios Flores.

“Me gustaba como deporte  recreativo, pero cuando vi el  entrenamiento no me agradó,  en especial porque la actua ción depende de otros. Estuve  dos semanas y mejor me re tiré”, resalta.    
Eran los inicios de 1994, el  entrenador español Ángel  Alonso tenía pocos días  de  haber tomado la Selección  Nacional, donde destacaban  atletas como Gregorio de  León, Saúl Lorenti, Maco Prado, Fernando Luna y Mario  Bonilla. El equipo se prepa raba para asistir a los Juegos  Panamericanos de Mar de  Plata, Argentina 1995.
“Me presenté con mis di plomas y cinta negra. Les dije  que quería entrenar y empecé a  llegar todas las tardes como  una atleta normal. Mi fin no era  integrar la Selección Nacional,  sino simplemente seguir activa  tras ocho meses fuera”.
  
La vida dio vuelta para  Heidy cuando un día hacía  combate  y entró Ángel Alon so,   la observó y le dijo: “Haber  tú, mañana acá a primera hora”. Fue la primera vez que el  entrenador español se dirigía  a la atleta, en ese entonces de  17 años, sin saber que años  después se convertiría en la  principal carta de Guatemala  a escala  mundial.

En el alto nivel
“Se llegó ese primer día  con la Selección y me aga rraron como que era punching  bag. Los que más duro me  daban era Goyo y Saúl, en  realidad todos porque eran  más grandes que yo. Cuando  regresé a casa le dije a mi  padre que ya no quería seguir,  me dolía todo”, recuerda  mientras ríe.

El cambio de entrenar por  diversión a alto nivel fue muy  fuerte para la guatemalteca,  quien recibió mucho apoyo de  su papá para seguir adelante.  Juárez se mantuvo de pie y  firme en las prácticas, aunque  cada día eran más fuertes y  llegó a pensar en retirarse.

El entrenador  español  Alonso, quien dejó la Selección  este año,  recuerda que siempre  vio en Heidy mucha actitud y  una genética impresionante  para el taekuondo y eso pesó  para llevarla a la Selección,  y  pocos meses después la tomó   en cuenta para un campamen to de entrenamiento en una  base militar en Corea.

“La filosofía de ese enton ces era que el que aguantara  se quedaba, yo me quejaba en  la casa,  pero en la Federación  con nadie, yo me le ponía a  cualquiera”, señala Juárez.

Su primer gran evento fue ron los Juegos Panamericanos  de Mar de Plata, Argentina  1995, pero unos meses atrás  compitió en un evento internacional en Cuba, sin darse  cuenta que ya era parte de las   ligas mayores y que empezaba  a escribir la historia del de porte guatemalteco.

“Poco a poco fui demos trando las ganas que tenía de  triunfar. En Mar de Plata gané  dos combates y luego me tocó  que enfrentar a la argentina,  con quien perdí en muerte  súbita por el bronce  luego de  quedar empatada 3-3, al final  terminé de quinta”, agrega.

Satisfacciones
El destello  que puso a Hei dy en el mapa del taekuondo  fue la medalla de bronce en el  Campeonato Mundial de Fi lipinas en 1995, tan solo 10  meses después de haber ido a  tocar las puertas a la Fede ración Nacional.

El mundo y Guatemala em pezó a interesarse en la del gada y morena atleta que se  estrenaba por la puerta gran de en la categoría de 67 ki logramos. “Siempre tuve el  apoyo de dirigentes como do ña María Bolero, presidenta  de la Federación, y de  mi en trenador, Ángel Alonso, que  siempre estuvieron al pen diente de mí”, indica.

“Lo sucedido en Filipinas  fue mi arranque en el alto  nivel, después quedé campeo na en los Juegos Centroame ricanos de Maracaibo, Vene zuela 1998 y en el 1999 lle garon los Panamericanos de  Winnipeg”, señala.

“Siempre fui una atleta que  pensaba bien sus combates,  trataba de hacer caer en mis  juegos al rival y lograba pun tos muy bonitos, así fue como  logré coronarme en Canadá  donde le gané la final a la  canadiense”, relata la ahora  entrenadora, quien está por  finalizar su carrera de licen ciatura en Deportes.
 
Recuerda que antes de lle gar a la final de Winnipeg  había mucha expectativa, in cluso   recibió la llamada del  presidente de la República Álvaro Arzú. “La prensa, mi fa milia y  los demás atletas era  una gran presión que también  me motivaba”, expone.
 
La exatleta aprendió a ais larse de todos los factores  externos previo a un com bate, se ponía los audífonos  para escuchar música en  busca de poner la mente en  blanco y repetía una y otra  vez las estrategias estudia das previamente junto a su  entrenador.

“Esa final en Winnipeg fue  muy pareja. La canadiense  metía un punto y yo le res pondía. Al final logré ganar el  combate. Fue un momento  muy especial, después me en teré que era la primera me dalla de oro de una mujer a  ese nivel”, explica.

En ese entonces  era la  quinta medalla de oro en la  historia de Guatemala en un  Panamericano y se unió a las  conseguidas por Doroteo  Guamuch Flores, en el ma ratón de los Juegos de México  en 1955;  el tirador Víctor Manuel Castellanos, en Cali, Colombia 1971,  y los dos de Attila  Solti,  en blancos en movi miento, uno de Mar de Plata  1995 y Winnipeg 1999.

Camino a Atenas
El primero  y único ciclo  olímpico que completó Juárez  fue el que la llevó a los Juegos  Olímpicos de Atenas 2004. El  camino hacia la histórica sede  de las justas fue lleno de sa tisfacciones.

Empezó con oro en los  Centroamericanos 2001, lue go dominó los Centroameri canos y del Caribe de El Sal vador 2002 y los Panameri canos de San Domingo, Re pública Dominicana 2003.
 
En esa época Heidy lo tenía  todo:  experiencia, madurez y  mucho apoyo, lo cual la man tuvo  entre las mejores de  América y del Mundo,  pues  en el 2002 se colgó el bronce  en la Copa del Mundo de  Vietnam.

“Son tantas medallas, nunca  las he contado,  gané muchos  abiertos durante mi carrera.  Espero algún día tenerlas en  las paredes de mi gimnasio,  tener un lugar especial para  que la gente y mis alumnos las  vean como una motivación y  de prueba que se pueden lo grar las cosas”, dice.

Llegó a Atenas y  era el  momento esperado del de porte guatemalteco. El tae kuondo asistió con tres atle tas:  Euda Carías, Gabriel Sagastume y  Heidy Juárez. Se  soñaba con la primera me dalla y el equipo nacional es tuvo cerca de conseguirlo.
 
“Siempre voy a tener bue nos recuerdos de los Juegos  Olímpicos de Atenas. Como  atletas, todos soñamos en el día  de la competencia y con ganar  la medalla y en esa ocasión  estuve tan cerca”, explica.

“Si me hubiera tocado  competir en esta época, se guro Guatemala hubiera ce lebrado  la primera medalla en  esos Juegos, pero tristemente  no fue así. La vida me hizo  madurar y reconocer que las  cosas han evolucionado y que  viví otra época”, afirma.

Juárez terminó en el cuarto  puesto en la categoría de 67  kilogramos y se esforzó por  buscar su revancha y estar  presente en los justas olím picas de Pekín, China 2008,  pero las lesiones   vetaron la  posibilidad de hacer realidad  el sueño.

Dice adiós
La guatemalteca tenía 30  años en el 2007, buscaba el  boleto  a Pekín, China, en el  clasificatorio Mundial que se  celebró  en Mánchester, Ingla terra, pero una ruptura de li gamento cruzado posterior de  la pierna derecha la apartó de  por vida del deporte de sus  amores.
 
¿Cómo fue la lesión? Heidy  comparte ese momento tan  difícil de su vida: “Esa vez iba  bien, había ganado tres com bates y el cuarto por el pase  contra Ucrania estaba arriba y  en un choque de rodillas me  rompí el ligamento”.
 
“Cuando fue el impacto  sentí un dolor que me re corrió todo el cuerpo y cuan do puse el pie en el suelo la  rodilla se me movió. Detu vieron el combate y yo le dije  a mi entrenador Ángel que no  era nada”, expone.

“Seguí en la pelea y en un  cambio de reacción lancé una  patada y mi pierna rebotó sin  fuerza. No sabía lo que tenía,  pensé que era algo sencillo. Yo  insistía en que no me pasaba  nada, pero Ángel se dio cuenta  de  la gravedad  y tiró la toalla  para retirarnos”, indica.
 
“Me dolió y lloré mucho  por no haber clasificado a  Pekín. Después de Atenas me  di cuenta que estaba al nivel  de las demás atletas y ese  recuerdo era doloroso. Le vantarme de todo eso fue al go largo y triste para mí”,  afirma.
 
Finalmente, la ahora en trenadora se sometió a una  operación con el deseo de  volver al alto nivel, su re cuperación fue lenta con más  de un año fuera del tatami.

Empezó a entrenar para los  Juegos Centroamericanos y  del Caribe de Mayagüez 2010,  pero se volvió a lesionar, esta  vez de la rodilla izquierda.  Fue el punto y final de su  carrera como atleta, pero se  ha mantenido vigente sobre  todo como entrenadora.

Juárez finalizó  la entrevis ta felicitando al marchista  Érick Barrondo con la plata en  los  Juegos Olímpicos de Lon dres:  “Los disfruté tanto como  todos los guatemaltecos. Que mé cohetes, lloré de emoción  y sin duda recordé cada fase  de mi vida. Fue un gran regalo  para Guatemala”.

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