Omar Flores, de Guatemala para Taiwán

El entrenador nacional de tenis de mesa Omar Flores brilla e impone su estilo en la cuna de este deporte en Taiwán, país en el que ha encontrado apoyo y una forma de transmitir sus conocimientos.

El entrenador nacional, Omar Flores destaca en Taiwán, en donde trabaja con niños. (Foto Prensa Libre: Jorge Ovalle)<br _mce_bogus="1"/>
El entrenador nacional, Omar Flores destaca en Taiwán, en donde trabaja con niños. (Foto Prensa Libre: Jorge Ovalle)

Herido por el mezquino y mal ejecutado  apoyo que recibe el deporte nacional, el entrenador guatemalteco Omar Flores emigró hace tres años a Asia, y hoy en día prepara a más de 40 atletas de 11 a 27 años  en la ciudad que se apropió del seudónimo potencia mundial de tenis de mesa: Taiwán.

Cuando el respaldo en casa es escaso y el apetito por figurar entre los mejores es mayor, se fabrican historias que asombran e inspiran a todo aquel que las conoce, tal es el caso del ex tenista de mesa y ahora entrenador nacional.

Flores tomó la decisión de marcharse a un continente distinto y de emprender una aventura que requiere   una serie de sacrificios pero que va acompañada de una sucesión de beneficios y satisfacciones personales.
 

La mudanza de Guatemala hacia el país  más poblado del mundo, que además es rico en cultura e historia, ha representado uno de sus más grandes retos deportivos y en su vida personal.

La distancia de sus familiares guatemaltecos hasta el idioma —mandarín— y lo que implica el arte culinario  son algunos de los factores que por momentos parecieran complicaciones para Omar Flores, pero   finalmente se transforman en la fortaleza y motivación para continuar el trayecto que con esfuerzo, dedicación, disciplina  y persistencia se ha ganado.

Realidades distintas
El mejor argumento de Flores es sin duda su currículo de 133 medallas de oro, 63 de plata y 53 de bronce, en su carrera en el tenis de mesa. Sus resultados lo han convertido en lo que es actualmente y es su mejor carta de presentación a escala internacional.  

La destreza lo ha acompañado a lo largo de su trayectoria como deportista, y en el   2011  tuvo la oportunidad de exhibirse ante el pueblo asiático, que lo vio y no lo dejó marcharse sin asegurarse de que volvería como entrenador de la selección de Taiwán. Y así sucedió. Nunca imaginó que esa visita como atleta le daría la oportunidad de convertirse en estratega de aquel país.

“Yo entrenaba aquí en Guatemala, pero uno se desilusiona a veces de ver situaciones como que la paga no es muy buena y el apoyo es poco. Pero si viene algún extranjero, solo por el hecho de no ser de aquí  ya gana el doble o el triple que uno”, afirmó Flores, quien recientemente visitó Guatemala con los seleccionados juveniles de China, para competir en el Circuito Mundial Juvenil de Tenis de Mesa.

Uno de los principales factores en los que Flores hace énfasis al momento de hablar del trascendental cambio en su carrera  es el apoyo incondicional que el atleta asiático recibe en cada ámbito de su vida.

Otro de los cimientos que influyen de gran manera en el crecimiento de este deporte en Taiwán  es la disciplina, una palabra bastante trillada pero que al momento de ponerla en práctica ofrece resultados totalmente satisfactorios.

“Las diferencias entre el deporte nacional y el de Taiwán son muchas. Es triste darse cuenta de este tipo de situaciones, pero es la realidad. A veces parecen detalles insignificantes, pero que finalmente sí llegan a afectar o a facilitar las cosas”, reconoce  Flores.

“Algo importante que hay que mencionar es que, por ejemplo, en Guatemala es difícil que se le brinde apoyo a los atletas infantiles y juveniles, que deben estudiar y dedicarse al deporte al mismo tiempo. En Asia los establecimientos educativos son flexibles y le dan la misma importancia a los estudios y al deporte”, refirió el entrenador, quien inició su carrera como atleta a los 13 años, en El Estor, Izabal.

Según  el entrenador de tenis de mesa, las jornadas de entrenamientos son intensas y a doble turno, de hasta cuatro horas cada sesión. El tiempo libre de los atletas es mínimo, pero invertido de una manera positiva.

“Entrenamos de lunes a domingo. Los muchachos lo agarran como una profesión. De 13.30 a 17 horas y de 19 a 21 horas. Descanso únicamente ocho veces al año. No se pierde tiempo, y ahí están los resultados, y eso es lo que a uno lo incentiva”, indicó.

El entrenador de 45 años opina que Guatemala está un paso atrás, pero que a pesar de todas las adversidades confía en que las cosas cambien en determinado momento y poder contribuir a ello.

“El talento existe, el punto es que no podemos sobrepasar esa barrera para estar a otro nivel competitivo, porque es casi imposible poder dedicarse a un deporte y vivir de él en nuestro país. Por el momento  debo estar agradecido porque en otro país, que no es el mío, me han abierto las puertas para enseñar algo en lo que ellos son especialistas”, declaró Flores, medallista centroamericano y del Caribe.

“Estoy en contacto con el tenis de mesa actual; lo último. Algo a lo que no cualquiera tiene la oportunidad de acercarse. Soy privilegiado. Tengo atletas de alto rendimiento a mi cargo, que han logrado posicionarse entre los mejores del mundo. Los resultados hablan por sí solos y eso me motiva a seguir adelante”, enfatizó.

Estilo de vida
Guatemala y Taiwán no solo están separados por miles de kilómetros y 13 horas de diferencia. En cuanto a tradiciones y cultura, son polos opuestos. La tarea para Flores no ha sido fácil, pero sí posible de manejar y adaptarse a su nueva vida.

“Fue un cambio difícil. Dejar a la familia en Guatemala, aunque ahora la tecnología nos permite estar en constante comunicación, pero no es lo mismo”, comentó.

Flores vive en Taiwán, junto a su esposa, que es su incondicional apoyo, y con su pequeño hijo, que es su inspiración.
 

“Ellos me han apoyado desde siempre y son mi motor. Este reto no fue solo para mí, sino para ellos también, que tuvieron que hacer este sacrificio junto a mí, pero en familia lo disfrutamos mucho”, manifestó.

“Mi hijo —Omar— ya aprendió a hablar el idioma local. Es muy inteligente. Así que no tiene problemas para comunicarse con los demás. Incluso está involucrado en el deporte. No en el tenis de mesa, sino en el beisbol, y es seleccionado. Estoy muy orgulloso de él y sé que va a lograr grandes cosas”, expuso el nacional.
 

Una sonrisa invadió el rostro del entrenador cuando tocó el tema culinario, que tal vez no es vital, pero que juega un papel importante.
“Extraño la comida guatemalteca, aunque no me puedo quejar de lo que se come en Taiwán. Es una gran variedad de cosas que en Guatemala tal vez no se conocen, pero que saben muy bien. Nos hemos acostumbrado, pero siempre hace falta nuestra comida típica”, señaló Flores.

Tiempo indefinido
El contrato de  Flores es por dos años, pero, según aseguró,  se lo ofrecieron   por tiempo indefinido y su estadía en el país asiático depende únicamente de él.

“En estos momentos no pienso en si voy a volver a Guatemala. Estoy bien en Taiwán, enfrentando nuevos retos todos los días y con las herramientas que necesito para desenvolverme de la mejor manera posible”, afirmó.

Flores sueña en grande y espera poder guiar a sus casi 50 atletas a conquistar  logros a escala internacional y posicionarlos entre la élite del tenis de mesa.

Aunque su prioridad no es volver al país de inmediato, no descartó la posibilidad de regresar en algún momento y poder compartir el conocimiento que ha adquirido y la experiencia que ha ganado al momento de codearse con el mejor nivel de esta disciplina deportiva.