Los riesgos de vivir con diabulimia, un trastorno alimenticio que sufren algunas personas con diabetes

En su peor momento, a Zohra Allana le llegaron a decir que iba a morir.

Zohra Allana estuvo al borde de la muerte porque decidió reducir la dosis de insulina que debía administrarse por miedo a engordar.
Zohra Allana estuvo al borde de la muerte porque decidió reducir la dosis de insulina que debía administrarse por miedo a engordar.

Esta joven de 25 años tiene diabulimia, un término que combina la palabradiabetes y bulimia que se usa cuando las personas que tienen diabetes tipo 1 deciden por voluntad propia tomar menos insulina de la que deben para intentar controlar su peso.

A Allana esta práctica la dejó al borde de la muerte.

“Me veo realmente horrible, demacrada”, le dijo a Newsbeat, un programa de radio de la BBC, mientras observa las fotos de sus vacaciones del año pasado.

En Reino Unido, esta condición no está reconocida clínicamente, pero los médicos advierten que cada vez hay más casos y de los peligros que envuelve.

La diabetes tipo 1 es una enfermedad autoinmune irreversible que requiere tratamiento constante: las personas que la tienen necesitan de la insulina para mantenerse con vida.

A Allana le diagnosticaron diabetes tipo 1 cuando tenía 19 años.

“Estaba en mi apartamento cerca de la universidad cuando me desplomé”, relata.

“Pensaba que me veía estupenda… No quiero volver a ese estado”, relata la joven a un programa de radio de la BBC (ZOHRA ALLANA)

 

“Mis compañeros me llevaron al hospital más cercano y ahí fue cuando me dijeron que tenía diabetes tipo 1”.

La joven todavía recuerda hoy el grito que pegó en el hospital.

Expertos en diabetes y salud mental creen que hasta un 40% de los pacientes restringirán su insulina en algún momento por “miedo a engordar“.

“El primer año lo llevaba bien”, rememora Allana. “Comer, inyectarme e ir a la universidad. Pero cuando me di cuenta de que estaba aumentando de peso por culpa de la insulina, empezaron los problemas”.

Al cabo de un tiempo, apenas se administraba insulina.

Todavía recuerda la pesadilla que fueron sus vacaciones en Rumanía el año pasado.

“No podía controlar mi vejiga, apenas podía caminar ni mantener el ritmo de mis amigos”.

“Me veo extremadamente enferma”, declara mientras ojea las fotos de aquel viaje.

Poco antes de ese viaje, los médicos le habían dicho que querían internarla.

Me dijeron que estaba a punto de morir”.

La joven tenía esta fotografía como salvapantallas del celular para recordar lo demacrada que le había hecho estar su trastorno alimenticio (ZOHRA ALLANA)

 

En efecto, poco después de ese viaje la ingresaron en una unidad de trastornos alimenticios del hospital londinense de South London y Maudsley (SLaM), que cuenta con una unidad de trastornos alimentarios para pacientes hospitalizados.

La trataron por diabulimia, pese a que el trastorno no está clínicamente reconocido.

La profesora Janet Treasure es consultora de SLaM:

“Estamos viendo cada vez más y más casos, pero como no ha habido suficiente colaboración y poder de maniobra entre las distintas clínicas de trastornos alimenticios y diabéticos, no hemos adquirido todavía los conocimientos suficientes para saber qué hacer con esta enfermedad”.

Pese a todo, los cuidados que recibió la joven Allana funcionaron.

 

La profesora Janet Treasure asegura que todavía queda mucho que aprender sobre este trastorno y que la colaboración entre clínicas de diabetes y de enfermedades como la bulimia y anorexia son fundamentales para dar pasos en la dirección correcta.

 

Pronto comenzó a tomar insulina.

“Una vez que empiezas a comer y a inyectarte, no tienes hambre. De hecho, hace mucho que no me siento llena”.

También pudo volver a dormir.

“No había dormido bien en cuatro años”.

Trastorno silencioso

Allana tuvo, de alguna manera, suerte. En casos como el suyo la pérdida de peso era obvia, pero los expertos advierten que el fenómeno lo viven muchas personas de forma oculta.

Fue el caso de Megan Davison. Su familia nunca se dio cuenta de que tenía diabulimia.

La joven de 27 años se suicidó en agosto de 2017 tras años padeciendo la enfermedad.

Dejó una carta de seis páginas explicando sus razones.

 

Los padres de la joven Megan Davison quieren dar a conocer el caso de su hija para que los familiares de personas afectadas por diabulimia eviten el final trágico que tuvo su hija (LESLEY DAVISON)

 

“Sentía que no había esperanza para ella, que no había un tratamiento que pudiera ayudar a gente con su condición”, le cuenta a la BBC su madre Lesley.

El profesor Jonathan Valabhji es Director Nacional Clínico de Obesidad y Diabetes en el NHS, el servicio de salud público de Inglaterra.

“Hay un espectro muy grande de esta enfermedad: hay una proporción muy grande de personas que la sufre de una manera menos obvia”.

Esperanza

Un proyecto piloto que se llevará a cabo en la ciudad de Bournemouth, en el sur de Inglaterra, analizará los casos más moderados. Está destinado a pacientes que, como Megan, tienen una complexión física normal, pero que aun así deciden no tomar la insulina.

Tim Kendall, director clínico nacional de salud mental del NHS, le dijo a la BBC que este tipo de trastorno era cada vez más común.

Allana ya lo ha superado y ahora la vida le va bien.

Tiene un nuevo trabajo y esperanza en el futuro.

“Ya no todo en mi vida se reduce al peso, ahora intento disfrutar. El peso siempre será un problema, pero tengo que sopesar qué es más importante”.

Cuando hace balance, la joven tiene claro que la vida es más importante que tener un cuerpo “ideal”.

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