“El maestro de los dedos de oro” fallece y deja un legado musical para Guatemala

César Augusto Hernández, más conocido como “el maestro de los dedos de oro”, pianista y organista que deja un legado al gremio de la música nacional.

“Maestro de los dedos de oro” fallece pero deja un legado para Guatemala
Foto: Facebook César Augusto Hernández

Nació el 14 de septiembre de 1939 en la ciudad de Guatemala, fue abandonado por su padre en un convento ubicado en la zona 5 y perdió la vista a los 8 años luego de sufrir un accidente en el que se le desprendieron las retinas.

Su hijo, César Augusto Hernández, comenta que su padre, a la edad de 6 años, empezó con la inquietud por la música debido a que escuchaba misa todos los domingos. Durante esa época había órganos que se llamaban armonios, en los que el sonido era producido por aire soplado a través pedales. El pianista guatemalteco se interesó por ese instrumento y aprendió a tocarlo solo con escuchar la melodía. La primera vez que tocó en público fue cuando un músico se enfermó y había quién lo sustituyera.

A los 15 años ingresó a la orquesta “Armonía en tinieblas”, la cual estaba conformada por un grupo de jóvenes no videntes y así fue como aprendió a tocar piano. Trabajó por muchos años como músico en restaurantes y hoteles.

 

César Augusto
Foto: Facebook César Augusto Hernández.

 

Durante su adolescencia acompañaba a los cantantes con la orquesta Armonía en tinieblas en el programa Buscando Talentos, de la radio TGW.

En 1980 grabó su primer disco, Nuestra música al estilo bailable, que salió a la venta en 1981. En ese material figuró la melodía Linda Kelly, canción que dio a conocer por toda Guatemala. A partir de esa fecha el pianista grabó más de 56 discos y ganó su primer Disco de Platino por mayor venta de Vamos a bailar.

Entre sus composiciones más famosas se encuentran las cumbias Sebastián y El Chivo Mayor; Recuerdos de Ipala (corrido) y el Merengue en Do. Además, Cachacero, Puerto Alegre, Bailando en Purulhá, Inquieto y muchas otras.

Fue invitado por la Organización de los Estados Americanos (OEA) para un recital de piano, en el que interpretó música guatemalteca como Luna de Xelajú.

El hijo del artista comenta que viajaban a los departamentos y asistían a todas las ferias. Siempre lo acompañó y recuerda que visitaron varias aldeas de la Antigua Guatemala como San Bartolo en donde tuvo una participación en vivo en una de las procesiones. Sobre una tarima el artista interpretaba sus melodías con un órgano y un teclado, mientras los fieles católicos realizaban su recorrido procesional.

 

César Augusto junto a su hijo menor en una presentación. Foto: Cortesía

 

Ha compuesto diferentes marchas fúnebres, entre ellas: Jesús de San Cristóbal, Salve Fray Miguel, Perdón Señor, Jesús de los Milagros a tus Pies, El Beso de Judas; Descendimiento 3 de la tarde y Jesús de Candelaria, estrenadas en el concierto efectuado en el Templo de La Recolección del 11 de marzo de 1988; Se levantan las Andas, estrenada el Domingo de Ramos de 1997, Salmo Responsorial, Sentimiento Filarmónico, Varón de Dolores y Nazareno de los Milagros a Tus Pies.

César Augusto Hernández, además de componer, era un arreglista de marchas procesionales y un fiel católico, devoto de Jesús de Candelaria.

El pianista guatemalteco tuvo destacadas participaciones con la Orquesta Filarmónica (Pop de Guatemala), realizó varios viajes al extranjero, participó en un concurso para presentarse en México, fue reconocido como el “Mejor organista de Guatemala” por la radio TGW en 1977, destacó en el Benemérito Comité Pro Ciegos y Sordos de Guatemala y Asociación Nacional de Ciegos de Guatemala al otorgarle la orden “Luis Braille” y recibió el diploma que lo acreditaba en sus estudios de “Piano Académico” por el maestro Juan de Dios Montenegro.

 

Su pasión por la música inició desde que era niño. Foto: Facebook César Augusto Hernández. Foto: Facebook César Augusto Hernández.

 

Fue invitado por artistas como Bob Porter,  a quien acompañó en varias melodías en sus presentaciones en el Conservatorio Nacional y en el Gran Teatro. El saxofonista guatemalteco de renombre internacional Humberto, el Fantasma, Sandoval, en sus visitas a Guatemala, llamaba al pianista para que tocaran recitales juntos.

Perder la vista no fue un impedimento para que el artista cumpliera sus sueños en la música.

Para el hijo menor del artista, el mejor legado que pudo dejar su padre es: “No acomplejarse por tener un defecto físico”.

Luego de una batalla contra padecimientos asmáticos, de próstata y vejiga, el artista guatemalteco deja un vacío en la música nacional.