Érase una vez…

Desde mundos extraordinarios hasta historias fantásticas, la mente de los niños es capaz de asombrar a cualquiera; esto es posible con solo incentivar el desarrollo creativo de su conocimiento.

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Con la escritura, los niños plasman su creatividad.
Con la escritura, los niños plasman su creatividad.

Las habilidades de un pequeño no tienen límites. “La clave del desarrollo de sus habilidades se basa esencialmente en la confianza en sí mismo, transmitida por los padres y maestros”, explica Andrea Motta, quien dirige talleres de escritura en la Librería El Hormiguero.

“Todos los infantes están expuestos al lenguaje y a estímulos, incluso desde el vientre de la madre. Hay algunos que desarrollan facilidad para hablar, exponer, inventar, crear o argumentar; ellos pueden ser apasionados por las letras”, asegura Ligia García, formadora del club de lectura Leyendo en Familia, del Centro Cultural de España.

Sin embargo, todo depende de la estimulación oportuna que los padres y los establecimientos brinden al pequeño.

Habilidades

Las expertas comentan que cuando un niño escribe sus historias, este desarrolla —sin saberlo— muchas habilidades cognitivas como concentración, memoria, lenguaje e inventiva, lo cual hace que su mente sea más ágil.

“La atención de los papás es fundamental, tienen que observar constantemente las actitudes y habilidades de sus hijos y promoverlas al máximo. Si vemos, por ejemplo, que les gusta pintar, dibujar, crear historias o son capaces de narrar un relato con solo ver una imagen, se trata de una inclinación creativa”, explica María Eugenia de Solórzano, directora del Departamento de Formación Profesional de la Editorial Piedrasanta.

En primera instancia, los padres deben predicar con el ejemplo: “Todo buen escritor deber ser un buen lector, y por ello los papás debemos incentivar el hábito de la lectura. Del esfuerzo se pasa al hábito, y de este es muy probable que se pase al gozo por las letras”, dice Motta.

Es fundamental crear ambientes favorables que incentiven un desarrollo. Eso implica llevarlos al teatro, museos, lecturas de poesía o tener libros de acuerdo con la edad y materiales que puedan usar para la creación literaria.

Los progenitores tienen que respetar lo que el pequeño escribe. “Puede ser un dibujo hasta un breve cuento, pero cuando el padre otorga el valor y reconoce el trabajo al interrogar en qué se inspiró, o hacer preguntas inteligentes que obliguen al niño a analizar, se otorga un sentido de pertenencia hacia lo que hace”, ejemplifica De Solórzano.

Existen miles de opciones gratuitas en el país que ayudan a los chiquillos a desarrollar sus manifestaciones artísticas y es cuestión de buscar cuál es la que mejor se adecúa a este. No estaría mal pensar que en casa esté el próximo Premio Nobel de Literatura.