Escenario

Martín Díaz Valdés: “La imaginación también puede ser un territorio que nos lleve a una sana alineación”

'El acto de los wayob' del autor guatemalteco fue reconocida con el Premio Centroamericano de Novela 2023 Mario Monteforte Toledo.

Martín Díaz Valdés gana Premio Monteforte Toledo 2023

Martín Díaz Valdés inició su carrera literaria hace más de 10 años. Además, es titiritero y artista visual. (Foto Prensa Libre: Cortesía Fundación Paiz)

Luego de la reanudación en 2021 del premio literario Mario Monteforte Toledo, el jueves 5 de octubre del presente año, un jurado conformado por los escritores guatemaltecos Denise Phé-Funchal, Julio Serrano Echeverría y Arnoldo Gálvez Suárez, seleccionó la novela El acto de los wayob como la ganadora de la más reciente edición del concurso literario.  

Escrita por el autor, titiritero y artista visual guatemalteco Martín Díaz Valdés, la obra premiada se acerca a elementos narrativos de la cosmogonía maya, así como también se localiza en un territorio imaginario construido desde Guatemala y la ficción.

La más reciente obra de Díaz Valdés se suma a una bibliografía que el escritor empezó hace diez años y en la que ha matizado dinámicas relacionales donde sus personajes confabulan desde la polaridad de la naturaleza humana.

De acuerdo con el jurado seleccionador, El acto de los wayob resulta ser una historia con personajes “memorables, complejos, moralmente ambiguos, confrontados con la oscuridad y el horror”.

¿Cómo siente la pronta liberación de El acto de los wayob? ¿Qué ha provocado el fallo desde el Premio Monteforte Toledo 2023?

Es muy emocionante poder compartir una historia ficticia que ocurrió con imágenes de varias épocas históricas que me interesan. El premio es una gran cosa, pero la difusión es algo irreal. Llevaba 10 años de no publicar narrativa. Mi último libro fue publicado en 2014.

Siempre me ha emocionado mucho compartir y lo he hecho con la poesía también. La escribo como un náufrago que lanza botellas al mar, y ese mar es el público. Es improbable que alguien llegue al mensaje, lo lea y encuentre lo que el autor quería decir. La narrativa es más directa, más concreta y sencilla de entender. En ese sentido, para mí es algo lúdico.

Por eso me emociona un montón el premio. Es muy extraño que las personas consientan en darte de tu tiempo para escucharte y especular sobre escenarios e imaginarios. Para mí es alucinante y un privilegio hacerlo.

Sus personajes comparten el juego y operan en un entramado de confabulaciones. ¿De dónde surge la relevancia de lo lúdico?

La cuestión lúdica vino mucho antes que la literaria. Algo importante fue haber jugado Mario Bros. Recuerdo haber dicho: “Yo quiero hace eso. Quiero que alguien actúe con algo que que se me ocurrió a mí”. Mi “Fever to tell” (fiebre por narrar), como dicen los (integrantes de la banda) Yeah Yeah Yeahs viene de allí, de querer dar respuestas en un rectángulo donde los signos se vayan superponiendo e interactuando a través de mecanismos que pueda manipular el público.

Con El acto de los wayob quería contagiar cómo se puede saber más sobre hechos míticos. Para mí se trata de ir construyendo una maqueta con lenguajes metafóricos para referirnos a la literatura. Se trata de construir y hacer algo, que se parece a lo que hacen los desarrolladores de videojuegos.

Martín Díaz Valdés gana Premio Monteforte Toledo
Ilustración contenida en el libro ‘El acto de los wayob’, escrita por Martín Díaz Valdés. (Foto Prensa Libre: Cortesía Fundación Paiz)

La novela por publicarse está cimentada desde elementos de la narrativa maya. ¿Por qué considerarlas? ¿Cuáles fueron los cuidados literarios en la elaboración de la historia?

Tiene que ver con cuestiones identitarias como haber nacido en Guatemala y con un interés por los pueblos originarios desde la antigüedad, pero también desde su espiritualidad.

Si encuentro pasión por cualquier otra cultura, la voy a tomar. Últimamente ha sonado la “apropiación cultural”. Se ha satanizado mucho, pero tiene matices como todo. Internet muchas veces polariza las cosas: es bueno o es malo. Creo que los elementos culturales han enriquecido nuestro imaginario como humanos, han hecho comprendernos más entre grupos super alejados.

Parte de mis intereses ahorita fueron los mayas y los wayob. El concepto me pareció muy interesante y por eso lo tomé. Hay una excepción de la palabra “wayob” que significa “criatura mágica”. El libro podría ser también “El acto de las criaturas mágicas” y con esto señalo cierta inocencia.

Hay un personaje que habla en k’iche’ que también refleja parte de mi entorno. Mi bisabuelo hablaba el k’iche’ porque su familia tenía ese origen. Sin embargo, debido a las diferentes épocas de opresión, su respuesta fue alejar a su descendencia de las figuras mayas, cosa que ahora se dice muy condenable, pero fue un sistema de defensa vital para muchas personas que, o se ladinizaban o los iban a matar en la época de Estrada Cabrera. Esta es una herida que no puedo juzgar, pero que atraviesa mi historia personal y familiar.

Martín Díaz Valdés gana Premio Monteforte Toledo 2023
Díaz Valdés ha publicado los libros de poesía “Hiedra”, “Este mal”, “Teúl”; el libro de cuentos “Escolopendra”; y los libros juveniles “El prodigioso de la montaña” y “Los cuatro de Tevián”. (Foto Prensa Libre: Cortesía Fundación Paiz)

Hablando sobre la polaridad, El acto de los wayob retoma esto: vemos lo profano y lo sagrado; el horror y la fraternidad, así como un juego de moralidad e inmoralidad. ¿Hacia dónde quiere llevar estas miradas contrapuestas?

Es un mecanismo narrativo. La polarización existe en nuestras cabezas desde conceptos filosóficos, desde puntos de vista políticos y en el amplio panorama de las cosas. No es un mundo antropocéntrico y hay muchas ramificaciones. Creo que es necesario jugar con este especto de la polaridad: mostrar el bien y el mal; al protagonista y el antagonista; a los aliados y sus ramificaciones.

El fondo de su narrativa presenta un escenario que podría llamarse fantástico. ¿Cómo prefiere llamarle a la construcción del imaginario que no responde a lo que es precisamente es “real”?

Son símbolos. Y para mí no es una palabra ligera porque mucha de la literatura actual está algo harta de eso. Tiene un abordaje donde el personaje es un símbolo atado a la Tierra con el canon occidental y es algo que persiste en los imaginarios.

Lo que intento es explotar y a la vez hacer ver que en este siglo vivimos más en nuestras cabezas que en la realidad tangible. Si te aferras a la lógica que estableciste como a la lógica de la realidad, no podrías plantearle a la gente este desborde narrativo que es necesario para que estén enganchados.

Muchas veces acudo a eso, al ver a los personajes como símbolos y como personas. No como elementos de la realidad, sino que entran al mundo simbólico para ver cómo me convenga a mí entrar como autor y jugar con eso.

¿Qué tanto de ese simbolismo en su nueva novela parte de un contexto como el de Guatemala?

Sucede en Guatemala, en lugares reales, así como en lugares creados por mí. Lo veo como el símbolo que es Guatemala. Quise mezclar varias cosas que me apasionan y una de esas es la historia no solo antigua del país, sino también de épocas recientes.

Creo que es necesario desbordarse geográficamente de estas narrativas porque hay una especie de romantización en cuanto a la literatura latinoamericana e incluso como literatura que puede leerse desde la opresión y la victimización.

Es necesario expandir la imaginación del Boom latinoamericano, el mercado y el contexto artístico que suelen limitar. La literatura no es solo hablar desde abajo, sino como alguien que imagina y siente de esa manera.

Martín Díaz Valdés gana Premio Monteforte Toledo
Otra de las ilustraciones contenidas en el libro ‘El acto de los wayob’, escrita por Martín Díaz Valdés. (Foto Prensa Libre: Cortesía Fundación Paiz)

¿Qué opina sobre la opresión como sustancia literaria? ¿Cuáles son sus riesgos y posibilidades?

Es importante seguirla denunciando, pero se ha vuelto otra capa del abismo, se ha vuelto otra limitante. Ya se ha construido mucho y buen arte desde ahí. No solo desde la auto victimización, sino de la denuncia bien hecha y del statement político. Yo mismo he hecho obras que apelan a esas nociones políticas e históricas.

El acto de los wayob también muestra las opresiones, pero no se trata de eso. No está dentro de este interés “latinoamericanista”. No es importante solo hablar, sino de la forma a la defensiva en la que se tiene que hacer la aclaración de que no sos de una tendencia opuesta sobre todos los temas. La imaginación también puede ser un territorio que nos lleve a una sana alineación.

¿En qué medida cree que la construcción literaria necesita darle una respuesta al tiempo en el que vivimos?

Al final el arte no está obligado a nada. Es un espacio de libertad completo y debe abarcar todos los temas como se le da la gana. Ya después en la realidad cuando el arte tenga cierta difusión, el artista puede venir a dar un marco social para su obra y denunciar las cosas que le hayan quedado.

Estamos viviendo tiempos en los que hay que estar batallando contra el machismo, el racismo, el ahorillar a los pueblos originarios. Son cosas que hay que decir, pero si existe la posibilidad de ser un artista que hable de esto, hay que hacerlo, pero hay que saber que no es tu obligación. Se debe hacer desde la responsabilidad histórica, pero desde tu libertad, desde haber escogido hablar de estos temas porque para alguien son importantes.

Hay que retratar ese dolor y hablar de él para que deje de existir en la vida real. No es un deber artístico sino una posibilidad artística y un deber social.

ESCRITO POR:

Alejandro Ortiz

Periodista de Prensa Libre especializado en temas sobre cultura y bienestar, con 5 años de experiencia.