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A nueve años de la partida del académico maya Luis Enrique Sam Colop

Este 15 de julio se conmemora el deceso del académico Luis Enrique Sam Colop, quien investigó y escudriñó acerca de los pueblos mayas desde la abogacía, la poesía y la lingüística.

Luis Enrique Sam Colop fue académico y columnista de Prensa Libre desde 1996 a 2011. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca)

Luis Enrique Sam Colop fue académico y columnista de Prensa Libre desde 1996 a 2011. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca)

Una rápida investigación por Internet muestra en menos de cinco segundos, cerca de 300 mil resultados que se vinculan a Sam Colop. Entre el mar de información -textos en su mayoría- son pocos los sitios que se extienden a hablar acerca de una de las personas más reconocidas en Guatemala con dichos apellidos.

Los datos figuran dentro de plataformas antropológicas o culturales, y en las mismas aparece de facto el reconocimiento al académico Luis Enrique Sam Colop como el artífice de la versión mejor traducida del Popol Wuj desde el k’iche’.

La poeta Carolina Escobar Sarti escribió en una oportunidad que dicha versión “era un hito en el lugar de la identidad mesoamericana y de la literatura mundial”. Por otro lado, Francisco Pérez de Antón habría dicho que es “una traducción (…) definitiva, merced al extraordinario trabajo de la lingüística con talento, el saber y la dedicación del doctor Luis Enrique Sam Colop.”

Max Araujo -abogado, actual Director de Patrimonio Bibliográfico y Documental, ex viceministro de Cultura y gran amigo de lingüista – comenta que el principal aporte de Luis Enrique recae en su “magnífica traducción” del Popol Wuj del cual se “descubrió la rectificación apropiada”.

Aunque la traducción del escrito original k’iche’ le valió mayor reconocimiento a Sam Colop, sus trabajos alrededor de la vivencia de los pueblos originarios también fueron cimentados en ensayos, propuestas sociales, poemarios y hasta en su longevo espacio como columnista en Prensa Libre, el cual se desarrolló desde 1996 hasta 2011, cuando falleció por un paro cardíaco.

La sensibilidad poética

Nació en el municipio quetzalteco de Cantel en 1955 de padres k’iches -Mateo Sam y Marina Isidora Colop-. Ingresó a la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Rafael Landívar, URL, en donde se graduó como abogado y notario en 1983.

De esta época datan sus primeros registros donde dejaba verse como alguien convencido por la reivindicación de los pueblos mayas desde la academia. Su tesis, Hacia una propuesta de ley de educación bilingüe, cuestionó los mecanismos de culturización y colonialismo del español como idioma en un país donde -en aquel entonces- “por lo menos el 70 por ciento” tenía como idioma materno uno maya, según declaró en el texto.

En el mismo trabajo de grado propuso que se visibilizaran y abarcaran los distintos idiomas. Dicha investigación le valió su título como abogado y notario en 1983. Durante la graduación vistió un traje ceremonial de Chichicastenango y encima, la toga. Así lo recuerda Max Araujo, quien además fue uno de sus padrinos en el acto.

“Era una persona muy clara y decidida por la reivindicación en cuanto a los derechos de los pueblos indígenas. Soñaba con un país más justo”, relata Araujo, quien asegura hablaba con Sam Colop casi todos los días. Compartimos más tragos y amistad que cosas literarias, confiesa con estima el también abogado.

Ambos se conocieron por afanes del destino y de la abogacía. Mientras Sam Colop aún estudiaba Ciencias Jurídicas, Araujo ya se había recibido como abogado y notario. En aquel entonces, los acercó esa misma afinidad, ya que Luis Enrique consultaba a Max por asuntos de estudio, cuenta el ahora director de Patrimonio Bibliográfico y Documental. No obstante, fue la poesía la que se encargó de enhebrar dicha relación.

Durante los últimos años de la década de 1970, Araujo era parte del grupo intelectual Rin78, que había publicado textos de escritores como Dante Liano y Méndez Vides. A las manos de Max llegó un folleto con distintos poemas compendiados y editados por la URL. Entre los nombres de los poetas estaba el de Luis Enrique Sam Colop.

Interesado por su forma de abordar la cotidianidad indígena, Araujo se acercó al quetzalteco para proponerle lanzar un libro con el grupo. Así, la propuesta se materializó con La copa y la raíz, un poemario de 58 páginas donde figuran textos en k’iche’ y en español.

La copa y la raíz, uno de los dos poemarios de Sam Colop fue publicado por el grupo intelectual Rin78. (Foto Prensa Libre: Cortesía URL)

Mediante poemas y pequeños relatos, Sam Colop dejó ver una dualidad lingüística y cultural, así como una sensibilidad literaria. “Con Rin78 nos llamó la atención publicar autores de la época, pero con Luis Enrique nos generó interés porque era una voz distinta y nueva que escribía desde el k’iche’”, cuenta Max Araujo.

El poema Oiga Señor… es una prueba de esa forma diádica de ver las cosas para Sam Colop. Su primer verso, tanto en k’iche’ como en español dice:

Maj, maj tat nkbisojt alak…

wua xak jeuí plen tinimit,

k’o nqiaj que cmik, k’o nqiaj qe cumsxik

chí xak ksik ub’ak k’ak, jas lek nabé ktat xqi sik guá.

Traducción:

No, no se alarme señor…

esto es natural en el País,

mueren unos y a los otros “los mueren”;

usted recoge pólvora como los hebreos maná.

Otra de las acciones poéticas de Luis Enrique yace en Versos sin refugio, libro que salió a la luz cuando tenía 21 años. Del escrito, el filósofo Edgardo Barreda habría dicho en la introducción del poemario que este “desborda muchas veces sentimiento, muchas veces dolor, de amargura ante la incomprensión, ante la injusticia que sufre el desposeído”.

El poemario Versos sin refugio puede consultarse en la biblioteca de CIRMA. (Foto Prensa Libre: Cortesía CIRMA)

El poema Maestro aborda a preocupación del abogado y poeta por un territorio más plural; detalle que siempre estuvo vigente:

Ser Maestro:

es besar con los labios el alfabeto

las encallecidas manos del campesino;

ser claro manantial, esparcidor de esperanza,

ser… eternamente, estela de ideales.

Más allá de la poesía  

Aunque fue poca la poesía escrita, a Sam Colop se le conoció más por su trayectoria investigativa después de su paso por instituciones como la Universidad de Iowa City -donde obtuvo una maestría en Lingüística-, o la Estatal de Nueva York donde se hizo de un doctorado otorgado por el Departamento de Inglés.

Sus publicaciones figuraron en distintas organizaciones e instituciones como el Centro de Investigación Regionales de Mesoamérica, CIRMA, la Universidad de Denver o la editorial italiana Bonnano.

Lo que más sobresale de la época de investigación se dio con su ya mencionado trabajo de traducción con el Popol Wuj. La primera edición fue publicada en 2008 por la editorial guatemalteca Cholsamaj con un primer tiraje de 3 mil ejemplares. En 2011, F&G Editores publicó una nueva versión del libro. De esta casa editorial salieron dos versiones: una de corte académico y otra popular.

Versión del Popol Wuj publicada por la editorial F&G Editores. (Foto Prensa Libre: F&G Editores)

Para Raúl Figueroa, director de la editorial, aquella hazaña literaria fue toda una satisfacción pues con la versión del Popol Wuj de Sam Colop se inició la colección Biblioteca Guatemala, con la que se pretende abordar literatura insigne del país. “Fue una experiencia muy enriquecedora porque era de profundizar el porqué de las traducciones y sus planteamientos”, relata Figueroa.

Mientras Luis Enrique Sam Colop trabaja en estas traducciones, ya llevaba más de 10 años escribiendo de una a dos columnas semanales para Prensa Libre. En dicho espacio, titulado Ucha’xik, planteaba denuncias, problemáticas, y vivencias de los pueblos indígenas. Su última columna fue publicada el 16 de julio de 2011.

Un día antes se supo de su muerte. Tenía 56 años en el momento del deceso. Raúl Figueroa recuerda que, antes de esa semana, él y Luis Enrique estuvieron hablando constantemente, ya que presentarían la versión del Popol Wuj en la Feria Internacional del Libro el 15 de julio, pero ese día Luis Enrique no atendió el teléfono.

Funeral del escritor e intelectual maya. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca)

Con él se había ido una convicción única e irrebatible, pero que quedó plasmada en sus poemas, columnas, traducciones e investigaciones. “Personalmente, sigo lamentando la partida tan temprana de Luis Enrique. Dejó mucho trabajo pendiente para la literatura maya y del país. Es algo que necesitamos”, concluye Figueroa.

ESCRITO POR:

Alejandro Ortiz

Periodista de Prensa Libre especializado en temas sobre cultura y bienestar, con 5 años de experiencia.

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