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Resistencia Roller Guatemala: Un colectivo sobre patines que reúne efuoria y creatividad

El grupo Resistencia Roller Guatemala busca visibilizar el patinaje en la capital y fomenta la convivencia mediante la creatividad deportiva.

El colectivo Rsistencia Roller Guatemala es un espacio abierto al que puede sumarse cualquier persona interesada en el patinaje. (Resistencia Roller 
(Fotos Prensa Libre: Cortesía Cristian Salazar)

El colectivo Rsistencia Roller Guatemala es un espacio abierto al que puede sumarse cualquier persona interesada en el patinaje. (Resistencia Roller (Fotos Prensa Libre: Cortesía Cristian Salazar)

Cristian Salazar es uno de los jóvenes que los peatones o conductores en la ciudad de Guatemala han visto deslizar y coreografiar sobre patines en calles y banquetas. Cristian, de 27 años, es a la vez uno de los integrantes y el iniciador del colectivo Resistencia Roller Guatemala, un grupo de apasionados por el patinaje que nació en el 2019 como resultado de la insistencia por recorrer sobre filas de ruedas el asfalto de la ciudad.

Durante su existencia, el grupo se ha reunido en bowls o skateparks ubicados en las zonas 2, 3, 5 y 7. En cada encuentro, el número de personas que patinan no suele ser el mismo, pero casi siempre “son muchos”, comenta Salazar.

En cada actividad —ya sea una competencia o una de las reuniones que organizan semanalmente para patinar—, los integrantes de Resistencia Roller Guatemala suelen abrir el espacio para que personas de todas las edades confabulen y gocen.

“El grupo no ha estado encaminado únicamente a llegar a jóvenes o niños, pero estamos interesados en involucrarnos con ellos. Al final, esto puede promover la prevención de la violencia. Siempre estamos en la disposición de enseñar”, comparte el joven, quien asegura haber llegado a esa conclusión luego de 10 años involucrándose en el patinaje.

Cristian explica que ha sido la Psicología Social lo que lo ha llevado a comprender la posibilidad de conexión intergeneracional. “El patinaje es un deporte que abre lazos sociales, te hace conocerte, te libera y además te hace feliz”, dice el joven.

Lejos de la utopía que significa para Cristian y sus colegas el poder patinar, muchas veces estos deportistas suelen encontrarse con actitudes y estigmas en la calle.

“Varias personas que nos ven patinar han dicho que dañamos banquetas, cuando el patín siendo de plástico es más fácil de romperse. También asocian este deporte con una idea de vagancia, pero creo que los comentarios se deben al desconocimiento del patinaje. Quizá la gente no nos conoce, pero muchos de nosotros solemos trabajar y tenemos compromisos”, cuenta Salazar, quien es técnico en Diseño Gráfico que ha estudiado Psicología en la Universidad de San Carlos de Guatemala y quien en su empleo suele comunicarse en inglés.

El origen de la resistencia

El nombre del colectivo que Cristian integra no es coincidencia. Esa “resistencia” de la cual se habla está nutrida de una historia personal y colectiva donde los patines han sido el medio para movilizar una práctica no tan popular en el país, el llamado patinaje agresivo, que según explica Salazar no tiene que ver con las implicaciones negativas o dañinas que podría evocar su nombre.

El deporte se distingue porque desde su nacimiento, cerca de los años noventa, se ha practicado en calles o parques especiales, además de que presta importancia a un estilo libre que a través de trucos promueve un “espectáculo” con deslices sobre barandas, bandas, rampas, tubos, cajones y distintos tipos de superficies urbanas.

A decir de Cristian, esta forma de patinaje es común en otras partes del país, como Quetzaltenango, Izabal, San Marcos y Retalhuleu.

La colectividad, incluso a distancia, es importante para que esta creatividad en movimiento pueda existir, comenta Salazar, quien patinó por primera vez a los 6 años, luego de haber recibido sus primeros patines como obsequio de un tío.

El gusto por los artefactos fue tanto que pasado un año sufrieron daños y dejaron de funcionar. Luego de varias mudanzas y otros deportes a los que se inclinó el joven, los patines volvieron a su vida a los 17 años, nuevamente con el obsequio, esta vez por parte del esposo de su prima.

En cada actividad, los miembros del grupo invitan a que personas de todas las edades y estratos sociales se sumen, practicando con sus patines. (Foto Prensa Libre: Cortesía Cristian Salazar)

Esa fuerza lo llevó junto a otro colega a formar Resistencia Roller hace cuatro años. Desde el colectivo, Salazar y los demás patinadores han logrado llevar a cabo competencias de estilo libre y otras más generales para aficionados que empiezan en este mundo.

“Me dijo que los tomara y que fuera a aprender con un amigo suyo que era experto”, narra Salazar. Pasados los meses, el joven volvió a conectar con la euforia del movimiento y, tras conocer a otras personas con el mismo gusto, comenzó a organizar recorridos por la ciudad, ya fuera de día o de noche, dependiendo de su horario laboral.

Cristian cuenta que luego de la participación del grupo en eventos locales y en El Salvador, su propósito es visibilizar el patinaje para reforzar un gremio de deportistas y llegar, en algún momento, a los Juegos Panamericanos y Winterclash, la competencia más grande del mundo de patinaje agresivo.

Para conocer más de Resistencia Roller, puede buscar el proyecto en Facebook e Instagram.

ESCRITO POR:

Alejandro Ortiz

Periodista de Prensa Libre especializado en temas sobre cultura y bienestar, con 5 años de experiencia.

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