Champagne: cómo iniciarse en el mundo del vino espumoso

El champagne es símbolo de alegría, fiesta, lujo y distinción. Una bebida que es común usar para el brindis de Año Nuevo, como alegoría de las cosas buenas que vendrán.

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Champagne: cómo iniciarse en el mundo del vino espumoso
La champagne es un vino espumoso que suele consumirse en celebraciones como Navidad y Año Nuevo. (Foto Prensa Libre: cottonbro en Pexels).

La bebida que por excelencia acompaña esos momentos de felicidad y celebraciones es un vino de color dorado y lleno de burbujas. El champagne es un producto que tiene identidad propia, sobre todo porque se le llama así solo al que es elaborado en la ciudad francesa con el mismo nombre. Además, porque en las películas han acostumbrado a identificarlo como aquella botella que al destapar suena como una pequeña bomba y suele rociarse.

El éxito de esta bebida consiste en el intenso y delicado aroma, así como de la sensación refrescante que produce en el paladar.

El origen del champagne se remonta a 1681, cuando vivió el monje francés Dom Pierre Pérignon, 1(638 y 1715) que buena parte de su vida estuvo ubicado en la abadía de Hautvilliers, en la región de Champagne, Francia, y pudo embotellar un vino rústico capaz de burbujear después de añadir azúcar en una segunda fermentación. Sin embargo, estos efectos desaparecían al cabo de un tiempo. A pesar de ello era un vino joven, fresco y de buen paladar que gustó a muchos.

Las leyendas cuentan, según Enrique Hernández, catador de vinos, que se consideró una bebida de reyes cuando Hugo Capeto fue coronado rey de Francia en el año 987, en la catedral de Reims, en Champagne. En este evento comenzó la tradición de brindar con vinos de la región cuando se tratara de una coronación.

El Rey Sol, Luis XIV, en 1643,  pidió que llevaran al palacio de Versalles litros del vino del Padre Pérignon por sus peculiares burbujas y color.

Vino espumoso

El champagne es un vino espumoso que contiene anhídrido carbónico obtenido de forma natural, tras la fermentación alcohólica del mosto -zumo- de uva. Su elaboración es semejante a la de otros vinos espumosos pero el término “método champenoise” define exclusivamente al proceso de elaboración de los vinos obtenidos por este método en la región de Champagne, al norte de Francia. En otros países es común que se encuentre con denominaciones como “proseco” en Italia, “Cava” en España y “espumante o Sparklin” en lugares como Argentina, Chile, Estados Unidos, Australia, Europa y Sudáfrica.

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Existe diversidad de uvas para crear los vinos espumosos, pero las legalmente autorizadas para esta bebida son las oriundas de la región de Champagne: la Pinot Noire, que aporta cuerpo, carácter y longevidad al vino; la Pinot Meunier, proporciona un sabor afrutado, y la Chardonnay, que da ligereza y frescor. Las primeras dos son uvas tintas y la última es blanca, afirma Hernández.

A pesar de que se usan dos tipos de uvas tintas, el champagne es vino blanco debido al sistema de prensado inmediato, para que el mosto fluya rápidamente y los pigmentos de la piel de la uva no tengan tiempo de teñirlo, explica Karla Sandoval, experta en etiqueta y catadora de vinos.

Ese mosto se somete a una primera fermentación en donde el azúcar se convierte en alcohol, formando un vino joven. El proceso de mezcla, que se conoce por ensamblaje, requiere un cuidado especial. Cuando ya está en la botella, la bebida sufre una segunda fermentación luego de añadir azúcares y levaduras.

La copa no debe llenarse para evitar que la espuma haga resbalar la bebida. (Foto Prensa Libre: Alexander Naglestad en Unsplash).

En este proceso, conocido como “tiraje” las levaduras transforman el azúcar en alcohol, produciendo dióxido de carbono. Después se deja envejecer en una bodega al menos 15 meses, o 5 cuando se trata de un champagne millésimé.

Durante ese periodo las botellas se remueven a diario de dos a ocho semanas. Al mismo tiempo se aumenta el grado de inclinación de las botellas en los pupitres en donde estás depositadas, para que las levaduras se depositen en el cuello de la botella. Para eliminarlas, por medio del proceso denominado “degüelle, se congela el vuelo a una temperatura de -20° C.

En la producción del champagne se cuidan todos los detalles, desde la elección de las mejores uvas hasta el diseño del etiquetado, por ello se dice que existe el arte de consumir esta bebida.

No es cuándo, sino cómo

“Cuando nos referimos a consumir este vino espumoso, estamos hablando del arte de beber champagne, porque de verdad que es un arte. No se trata solo de beber, sino de considerar cuidadosamente cada detalle: la forma en la que se guarda la botella, su temperatura, cómo se destapa, en dónde se sirve y con qué se acompaña”, dice Enrique Hernández, catador de vinos.

Por mucho tiempo se creyó que el champagne era para acompañar el postre, por sus toques de sabor dulces, sin embargo, esto es erróneo. Aunque es común probarlo en fiestas, no es ideal consumirlo con el estómago lleno, porque puede causar rechazo a esta bebida. “Tampoco es un vino que se pueda mezclar con otras bebidas, es decir, que, si empieza con él, lo mejor es terminar con él, porque es muy posesivo en el sabor”, agrega el experto.

Esta bebida es ideal antes y durante la comida, ya que combina bien con la mayoría de los platos, menos con los que son muy condimentados. Puede consumirlo con caviar y ostras; los vinos que tienen más cuerpo van con platillos con más especias; y el champagne ligero es mejor para aperitivos, mariscos y postres.

Las botellas de champagne están especialmente diseñadas para resistir la presión del carbónico responsable de sus burbujas, por ello son de cristal grueso y oscuro. Se deben almacenar en posición horizontal, para que el corcho impida todo intercambio con el exterior. El lugar debe estar fresco y protegido de la luz.

El champagne se sirve frío, pero debe alcanzar una temperatura de 6°C a 8°C lentamente. Para lograrlo, lo ideal es introducir la botella en una champañera con hielo durante 20-30 minutos. Si se refrigera en la nevera, debe hacerse durante cuatro horas en la parte menos fría de la misma para evitar que pierda algunas de sus propiedades.

El vino espumoso debe dejarse enfriar por 30 minutos. (Foto Prensa Libre: Kseniia Lopyreva en Pexels).

Si se consume caliente puede perder sus aromas. Algunos expertos recomiendan consumirlo entre 10 y 12° C para que afloren mejor sus cualidades. Esta indicación será cuestión de gustos. “Lo que nunca se debe hacer es enfriarlo en el congelador, ni servirlo en copas ya heladas, porque afectaría el proceso de las burbujas, su característica principal”, afirma Hernández.

Cuando ya tenga la temperatura ideal, utilice copas de cristal transparente, de preferencia las que son tipo flauta, aunque estas han comenzado a estar en desuso por lo que quizá le sea difícil conseguir. Pero, sino puede usar también las copas en forma de tulipan, ya que dan a las burbujas el espacio que necesitan y concentran los aromas.

Al abrir la botella, se extrae el corcho suavemente, sin ruido, para que el gas escape poco a poco y de forma natural.

Para servir, tome la botella de la parte de abajo, no por el cuello, y vierta su contenido en la copa a manera que las burbujas se noten. Para lograrlo, tenga precaución con la espuma. Sirva no más de 1/3 de la copa y deje reposar hasta que la espuma blanca haya desaparecido por completo. Luego, puede continuar llenando la copa. Lo aconsejable es no llenar la copa, para que si se forma más espuma no se derrame.