¿Es necesario que el niño duerma la siesta?

Cómo saber cuándo es momento de suprimirla y cómo hacerlo. Acá los consejos de los especialistas.

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La siesta es un momento de reposo y recuperación de energía para niños y padres. Pero llega cierta edad en que es tiempo de renunciar a ella. Foto Prensa Libre: Andrea Warnecke/dpa

La siesta es para muchas familias con niños pequeños una ciencia en sí: no puede ser demasiado tarde, ni demasiado temprano, pero tampoco demasiado corta. Y el niño no debe dormirse de ninguna manera antes en el auto o cuando viaja con uno en bicicleta.

Así y todo, aunque se mantengan estas reglas de forma meticulosa, en algún momento uno se encuentra a las diez de la noche con un niño saltando y cantando en la cama. Esto puede ser señal de que los padres deberían ir despidiéndose de la querida siesta.

El descanso es importante para el cuerpo

Hermann Josef Kahl, de la Asociación de Médicos de Niños y Adolescentes alemana, afirma que el que un niño necesite o no siesta no depende de la edad. “Si el niño necesita ese descanso, hay que proporcionárselo. Cada niño tiene necesidades distintas asociadas al sueño”, explica.

La pregunta “Siesta: ¿sí o no?” comienza a cobrar relevancia a partir de los tres años de edad. El experto indica que algunos niños de tres años necesitan unas 11 horas de sueño en 24 horas, mientras que otros se arreglan con 15 horas, y añade que las dos cosas son completamente normales.

De acuerdo con la Sociedad Alemana de Investigación del Sueño y Medicina del Sueño (DGSM, por sus siglas en alemán), dormir lo suficiente es especialmente importante en el caso de los niños para la memoria, la capacidad de concentración, funciones importantes del cuerpo así como el sistema inmunológico.

Por todo esto es importante no tachar sin más la siesta, ya que de acuerdo con la DGSM, esta puede compensar efectos negativos de la falta de sueño nocturno y tiene un efecto positivo sobre la llamada memoria declarativa, encargada del conocimiento fáctico.

En el caso de los niños que la duermen regularmente, la siesta ayuda especialmente a almacenar lo aprendido por la mañana y poder reactivarlo luego.

Según la DGSM, la siesta también puede tener efectos no deseados: que el niño se duerma más tarde, que tarde más en dormirse, que duerma menos de noche o que se despierte con más frecuencia por la noche y durante más de cinco minutos.

¿Cuándo suprimir la siesta?

¿Cuáles son las señales individuales de que llegó el momento? Un indicio es que el niño no esté cansado de noche o necesite demasiado tiempo para dormirse. “Si un niño de tres años no duerme de corrido de noche, pero sigue durmiendo de día, puede tener sentido cancelar la siesta”, opina Kahl.

Lo mismo corre si un niño se despierta de noche y quiere jugar. Los padres también deberían tener en cuenta si el niño dice claramente que no quiere dormir la siesta. Kahl aconseja no obligarlos a hacerla. “Por lo general, y desde el punto de vista de su desarrollo, un niño de tres años puede renunciar a la siesta”, explica.

Hay otras señales: si un niño no se duerme tras el almuerzo después de 30 minutos, puede ser un indicio de que está listo para renunciar a la siesta, según Alfred Wiater, pediatra, médico de adolescentes, especialista en sueño y referente de la DGSM. Otra señal es si, sin dormir la siesta, el niño transcurre el día sin sueño y sin mostrarse alterado.

Llevar un registro del sueño durante tres semanas

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Antes de eliminar la siesta, los padres deberían conocer bien las necesidades de sueño de su hijo. Solo así podrán ajustar la hora de irse a dormir a la noche de los pequeños. Foto: stine moe engelsrud en Pixabay

“Para esto es de ayuda llevar un diario del sueño del niño durante unas tres semanas”, aconseja Wiater. En el diario hay que anotar por cada día de la semana cuándo se despierta el niño por la mañana y cuándo se duerme por la noche, con qué frecuencia y durante cuánto tiempo se despierta por la noche y cuánto duerme de día.

Si se establece que la siesta no es necesaria sí o sí, tampoco conviene eliminarla de un día para el otro. Lo mejor es “ir reduciendo de a poco la duración de la siesta durante un periodo de dos semanas, para aumentar la presión sobre el sueño nocturno”, recomienda el especialista Wiater.

En su opinión, la duración de la siesta depende de la edad. En promedio, los niños de dos años duermen durante el día de una y media a dos horas, los de cuatro entre 70 y 110 minutos.

El pediatra Kahl subraya que conviene observar al niño sin siesta por un par de días. “Una vez sin siesta no alcanza. Si se la elimina tres, cuatro días seguidos, se puede observar mejor si el niño lo necesita o no”, dice.

La siesta también puede durar menos

Si el niño está muy cansado, quejoso y nervioso, hay que recuperar la siesta. Esto, por supuesto, no debe suceder según el lema “todo o nada”. La siesta se puede acortar en vez de eliminarla completamente.

Otra opción es que, en la fase de transición, el niño no duerma la siesta diariamente, sino según necesidad. En caso de duda siempre vale la pena consultar al pediatra. “Como padres no conviene imponer nada”, recuerda Kahl. “Lo importante es darle al niño lo que necesita”, dice.