La importancia de plantear y practicar la igualdad social en la familia

Ser parte de la sociedad implica reconocer las diferencias contextuales de cada persona, así como fomentar la empatía y el respeto entre individuos.

Publicado el
El reconocimiento de las diferencias y el respeto de las mismas aportan a la construcción del tejido social. (Foto Prensa Libre: Shutterstock)
El reconocimiento de las diferencias y el respeto de las mismas aportan a la construcción del tejido social. (Foto Prensa Libre: Shutterstock)

Crecer puede significar muchas cosas: buscar anhelos, reforzar la identidad, trabajar, compartir, y también, conocer nuevas y diferentes personas.

Al hablar de ese encuentro con otros individuos, vale la pena reflexionar acerca del valor que se tiene tanto de manera individual como colectiva. Y es de esa lógica que emanan reflexiones respecto a la sociedad, como la igualdad.

Para la psicóloga Inés Zepeda, el significado de igualdad social evoca a un tema de justicia, puesto que todas las personas en un espacio común “tienen derecho a gozar de las mismas oportunidades y a ser tratadas bajo sus necesidades”.

La también psicóloga Manuela Méndez explica que ese concepto busca contemplar “el cumplimiento de los derechos de cada ciudadano dentro de un espacio, sin tomar en cuenta su sexo, estatus social, religión capacidades, idioma u otras características”.

Pero, ¿por qué resulta necesario hablar de igualdad social? La psicóloga Méndez responde que esto permitiría una mayor sensibilidad respecto a las diferentes oportunidades que hay en la sociedad.

Méndez comparte que en Guatemala prevalecen las brechas sociales y las dificultades de acceso a oportunidades de desarrollo. Estos factores “provocan mayor pobreza, injustica y exclusiones. Algo que tiene como resultado un país con problemas de racismo social”.

Ser empático y reconocer las desigualdades propiciará mayores diálogos y un acercamiento más genuino a lo que acontece en el mismo territorio o espacio, infiere la psicóloga.

Inés Zepeda comenta que todas las personas, y en especial los pequeños miembros de la familia, deben estar conscientes de las diferentes realidades que existen en el país. “Esto apoyará para que desarrollen una habilidad empática”, sostiene.

La indiferencia ante la realidad de personas con limitaciones puede incrementar la exclusión y desigualdad social. (Foto Prensa Libre: Shutterstock)

Zepeda añade que la familia debe ser un modelo de cómo se reflejarán las personas en la sociedad, por lo que la practica de la empatía será funcional para que los miembros comprendan las implicaciones y el valor humano de quienes integran un territorio sin que se hagan distinciones.

La psicóloga agrega que la empatía tiene una relación con la búsqueda de la igualdad, ya que ambas dan lugar para que se escuchen y validen las necesidades de todas las personas.

“En psicología, la práctica de la igualdad provoca cambios conductuales con los que se aprende a expresar las emociones de una manera positiva, a incentivar a las personas para que sean más compasivas y a valorar todo aquello a lo que se tiene acceso respecto a otras personas”, comparte Méndez.

La especialista en salud mental apunta que la práctica de la empatía y la igualdad propician el respeto, un valor que visto desde la óptica social “fomenta una convivencia sana y en paz” mediante la cual se procura una mejor adaptación a la vida.

“El respeto es un valor básico que se debe practicar desde el hogar. Es comprender que se puede acercar a la realidad de los otros siendo objetivo y sin necesidad de cambiar las formas de pensar. El hecho que seamos distintos no tiene que provocar divisiones. Necesitamos mucha apertura”, añade Inés Zepeda.

Ideas para combatir prejuicios y fomentar la igualdad

Aunque el respeto a través de la empatía se propone como base para trazar una sociedad comprensible e igualitaria, se ha normalizado que muchas personas dentro de las clases sociales, medias-altas y altas ignoren la realidad de las más bajas, argumenta Manuela Méndez.

“Esto ha evidenciado que las personas viven bajo un concepto irreal de lo que acontece en el país o territorio donde se encuentran”, agrega.

Esto es algo que debe nombrarse a las generaciones más pequeñas, puesto que los niños y jóvenes se percatan de los contextos que habitan. Es importante explicarles todo lo que les causa duda respecto a las diferencias sociales, para que agudicen su consciencia y valoren sus oportunidades, dice la psicóloga.

La consciencia social puede construirse en medida que se reconozcan los contextos y vivencias de todos los miembros de una sociedad. (Foto Prensa Libre: Shutterstock)

Manuela Méndez agrega que tener oportunidades económicas e intelectuales, así como una serie de valores fundamentados, puede detonar posibilidades mediante las que los más “beneficiados” pueden generar puentes.

Acciones como la creación de grupos de apoyo social que mejoren las necesidades básicas de personas con limitaciones pueden ser primeros pasos para una mayor concientización y contribución al tejido social.

Las psicólogas entrevistadas argumentan que también es imprescindible modificar patrones de creencia y conductas respecto a las desigualdades sociales.

Una de ellas, se relaciona a la forma en la que se trata a los demás. Inés Zepeda comenta que no es recomendable ver a los otros como inferiores o “pobrecitos” y quedarse en ese sentimiento de lástima ya que revictimiza sus situaciones y no construye de manera consciente.

Se debe ver a las personas con limitaciones desde la empatía y no desde la pena, agrega Manuela Méndez. Otras ideas para trazar  aproximaciones objetivas y más horizontales en la sociedad deben contemplar:

  • Erradicar la discriminación a otras personas por rasgos como su tono de piel, el idioma que hablan, su lugar de procedencia, su forma de vestir o el tipo de ingreso que tiene su familia.
  • Terminar con la idea de superioridad por el hecho de tener más beneficios que otros.
  • Evitar las comparaciones entre personas.
  • Permitir la interacción entre personas más allá de su lugar de procedencia o contexto socioeconómico.
  • Promover acciones de apoyo a personas con oportunidades más limitadas.
  • Practicar la cortesía, el respeto y la empatía con todas las personas, sin distinción alguna.
  • Ver igual a todas las personas, sabiendo que tienen los mismos derechos y deberes.