Miedos Falsificados

Parece tan real, pero de cerca la diferencia es evidente.

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Miedos Falsificados
A veces estos miedos nos dejan encerrados en pequeños espacios porque no nos permiten dar los pasos necesarios para salir. Foto Prensa Libre: ELG21 en Pixabay

Una y otra vez escucho a mis clientes hablar de los miedos que los tienen paralizados. A veces aparecen en temas de pareja o familia, y muchas otras, surgen en situaciones de trabajo.

Son miedos tan potentes que determinan las elecciones que hacemos de forma cotidiana, y, por tanto, van dándole forma a nuestra vida. He visto a cientos de personas llorar por estos miedos, dejan pasar oportunidades, se quedan callados cuando necesitan levantar la voz.

A veces estos miedos nos dejan encerrados en pequeños espacios porque no nos permiten dar los pasos necesarios para salir. Otras, en cambio, somos nosotros los que no dejamos que las personas cercanas tengan libertad en sus elecciones. Todo por el miedo que nos da pensar lo que podría salir mal.

Lo que no saben es que hay miedos reales y hay falsificaciones de miedos. Pero para aclarárselo vamos a ver la definición. Según la Dra. Brene Brown, “el miedo es una emoción negativa, de corta duración, en respuesta a una amenaza física o psicológica presente e inminente”.

Las palabras presentes e inminentes son clave para identificar el miedo genuino de las falsificaciones.

Resulta que nuestro cerebro cree mucho en nuestra palabra. Yo puedo estar en la comodidad de mi casa, donde no existe ninguna amenaza presente ni inminente a mi seguridad psicológica o física y convencerme de que tengo miedo. Es sumamente fácil. Basta con que yo me diga que tengo miedo, para que mi cerebro lo produce y empiece a buscar las posibles razones. Y les aseguro que va a encontrar más de alguna.

El miedo verdadero lo sentimos solo cuando hay algo frente a mí que está atentado con mi seguridad física o psicológica. Es decir, miedo es lo que siento si se me aparece una culebra o incluso si veo correr un ratón. Miedo el que sentía cuando mi mamá estaba enojada y me podía regañar.

Pero cuando no está frente a mí, sino que lo estoy pensando, ya es una falsificación. Es muy común que nuestra mente construya maquetas mentales de supuestas realidades. Es decir, nuestra mente genera fácilmente películas, tan realistas que nos cuesta diferenciarlas de la vida real.

Son situaciones que no han pasado, pero en el momento que decimos: “pero podría pasar” ya estamos cayendo en la estafa del miedo falsificado. Estimados lectores, si tenemos que decir que podría pasar, ¡quiere decir que no está pasando!

Con esto aclarado, me permito preguntarles, ¿cuántos de esos miedos que han estado en nuestra mente, limitando nuestro avance, son falsificaciones? Lo invito a que se tome unos minutos y observe el lugar donde están leyendo esto, el espacio y sus alrededores, si están solos o con otras personas.  ¿Genuinamente hay algo que sea una amenaza presente e inminente física o psicológicamente?

Podré considerar que he sido de servicio, si la próxima vez que sienta miedo, puede identificar si es algo real o si es una falsificación.

Julita Alonso

Creer

Julita Alonso

Nuestro cerebro cree mucho en nuestra palabra.

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