Salud y Familia

¿Qué es la misofonía y por qué afecta ciertos ruidos cotidianos?

La tiza chirriante sobre la pizarra, el roce entre poliestirenos o el zumbido irritante del torno del dentista... todo el mundo conoce sonidos que erizan el vello de la nuca y nos ponen la piel de gallina.

¿Qué es la misofonía y por qué afecta ciertos ruidos cotidianos?

La misofonía suele referirse a personas muy cercanas. Esto puede causar una gran impotencia y sentimientos de culpa. (Foto Prensa Libre: Christin Klose/dpa)

Hay personas que no solo se estremecen al escuchar esos sonidos, sino que sufren enormemente. Los expertos llaman misofonía a este odio al ruido.

El término procede del griego: “misos” por odio y “phoné” por ruido. Y las personas afectadas padecen en particular los sonidos vinculados con la comida.

“Se puede describir indicando que hay determinadas personas que soportan menos determinados ruidos”, comenta Anne Möllmann, psicoterapeuta y directora de estudios en la Universidad de Bielefeld, en Alemania.

Un cinco por ciento de la población podría verse afectada

En esta casa de altos estudios, psicólogos llevan desde 2014 investigando este trastorno, que aún no está reconocido oficialmente como enfermedad, pero que, según Möllmann, es “realmente un fenómeno frecuente”. Se estima que un cinco por ciento de la población podría estar afectada por misofonía.

A los afectados no solo les molestan los sonidos que emiten los demás, sino que sienten rabia, asco y agresividad. “Tampoco son infrecuentes las reacciones físicas, como palpitaciones, sudoración o náuseas”, afirma el médico homeópata Andreas Seebeck.

Este profesional se especializó durante ocho años en el tratamiento de misofonía, porque su hijo ya la padecía desde los 12 años. Prácticamente, no podía tolerar los sonidos que hacía su madre durante la masticación. “Estábamos prácticamente al límite. Fue una carga enorme”, describe.

Un trastorno frecuentemente acompañado por sensaciones de culpa

 Por lo general, una de las características es que la misofonía no se vincula con personas desconocidas, por ejemplo, de la cantina o la pizzería, sino con personas en el entorno cercano.

“Es realmente muy estresante para todos los implicados, porque frecuentemente se trata de individuos a los que se quiere y con los que se pasa mucho tiempo”, indica Möllmann.

Cuando alguien tiene la sensación de que ya no soporta a la otra persona por los ruidos que hace al comer, a menudo esto deriva en fuertes sentimientos de culpa. Sobre todo, si percibe estos sentimientos negativos hacia su pareja.

Sin embargo, los investigadores saben hoy en día que la misofonía no es un indicio de problemas en las relaciones interpersonales que se hayan ido acumulando a lo largo de los años, porque incluso los niños pueden verse afectados.

Möllmann está llevando a cabo un estudio al respecto, dirigido específicamente a niños y padres.

Las causas aún se desconocen

Muchos interrogantes aún no tienen respuesta, como por ejemplo porque determinados ruidos se vuelven un martirio para algunas personas. Según Möllmann, está claro que las molestias no se originan en los oídos.

Más bien, detalla la directora de estudios en la Universidad de Bielefeld, parece tratarse de diferencias en la elaboración de los sonidos en el camino al cerebro. En este proceso pueden aparecer reacciones fuertes “que son completamente inapropiadas para lo que está sucediendo”.

Según la opinión de Seebeck, también parece desempeñar un papel un condicionamiento clásico, es decir, un patrón aprendido de estímulo-reacción. Una situación típica en la mesa podría ser, por ejemplo, la responsable: cuando los niños tienen que permanecer sentados, aunque ya hayan terminado de comer, y entonces se ponen de mal humor.

“Si entonces solo oyen los sonidos de masticación de los miembros de la familia, esto simplemente conduce a una sensibilización ante exactamente esos ruidos”, precisa. Lo cual, por supuesto, no tiene nada que ver con que no les agrade la persona que está masticando o mordisqueando en la mesa compartida.

El primer paso para prevenir una misofonía a largo plazo es muy sencillo, según Seebeck: “Los padres simplemente deben autorizar a sus hijos a levantarse de la mesa. Así se evitarían muchos, muchos casos”, puntualiza. El homeópata está convencido de que las personas afectadas no deben aprender a soportar situaciones con ruidos desagradables vinculados con la comida.

Es cierto que los trastornos de ansiedad se intensifican si se evitan determinadas situaciones. Seebeck aclara que, con la misofonía, sin embargo, es diferente. Porque cuanto más tiempo están expuestos los misofónicos a la situación de alimentación, en mayor medida sienten una “rabia infinita”.

Con auriculares en la mesa

¿Qué puede hacerse entonces contra la misofonía en la mesa? Möllmann señala que los auriculares, los tapones para los oídos o la música de fondo ayudan a muchos afectados, al menos temporalmente.

Básicamente, comenta, hay que plantear, ya sea en familia o en pareja, cómo organizar la situación alimentaria para que los afectados puedan tolerarla mejor.

Algunas familias comen en tandas separadas. “No es una estrategia favorable, porque por lo general las personas preferirían pasar este tiempo juntas. Pero tampoco lo desaconsejamos, si no hay más remedio”, asevera Möllmann.

Dado que el nivel de sufrimiento de los afectados es muy elevado, la investigadora recomienda un tratamiento psicoterapéutico. “En cualquier caso, este cuadro clínico debe tomarse en serio”, advierte.

Entretanto, la investigación ya constató que una misofonía no tratada puede provocar síntomas concomitantes y secundarios, a partir de los cuales pueden surgir también temores sociales y depresiones.