Migrantes

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Pedro Pablo Solares @pepsol

En el otro lado de la calle

Opinión

Charlie se llamaba el vecino. A un par de horas de camino desde Atlanta, en un pueblo pequeño y campestre, en el corazón del territorio de la campiña sureña de Alabama, el hombre se pasaba los días tomando cerveza en el pórtico techado de su casa. Vieja y desordenada, de madera sucia y corroída, la morada de Charlie era el epítome de la cultura del campesino blanco; el llamado redneck. El hombre rezagado en una república que sin él evolucionó; una cultura sumida en el abandono, el económico y el intelectual. Carcomidos y desintegrados, son la burla del país. Los “hombres blancos enojados” entraron en escena al explicar el triunfo inesperado de Donald J. Trump, el año antepasado. De inmediato y desde entonces los relacioné con el vecino, con Charlie; el hombre blanco frustrado y enojado, con su esposa, cuyo nombre no recuerdo. Y desde ese pórtico techado, viejo y desordenado, sus miradas de desprecio hacia Mateo Andrés Mateo, un q’anjob’al trabajador, un hombre hacendoso. A Mateo y a su familia, los vecinos de la casa, en el otro lado de la calle.

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