Guatemala

Campaña mundial promueve la conservación del medioambiente

Durante septiembre, millones de personas se unen a la campaña “A Limpiar el Mundo”, que busca sensibilizar sobre la importancia de proteger el medioambiente.

Por César Pérez Marroquín

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Ciudades Guatemala
Toneladas de plástico llegan cada año al mar Caribe a través del río Motagua. (Foto Prensa Libre: Cortesía Sergio Izquierdo)
Toneladas de plástico llegan cada año al mar Caribe a través del río Motagua. (Foto Prensa Libre: Cortesía Sergio Izquierdo)

La campaña, impulsada a escala mundial por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), tiene como objetivo mejorar la calidad de vida de las personas a través del cuidado de la naturaleza.

Otro de los objetivos de la iniciativa es motivar a la población para que se una a los esfuerzos de organizaciones ambientales a través de jornadas de limpiezas en ciudades, playas, jardines y parques.

Guatemala no es indiferente ante ese proyecto, por lo que para este año la iniciativa privada promueve prácticas de conservación.

La empresa Ingrup se sumó a “A Limpiar el Mundo” a través de su programa “Juguemos limpio”, el cual cuenta con 200 voluntarios que recolectan plástico en playas de la Costa Sur. Los participantes reciben una compensación en víveres como retribución a su aporte al medioambiente.

Además, la empresa cuenta con voluntariados internos para el acopio de este tipo de materiales. También se promueve la cultura de reciclaje a través de visitas guiadas a su planta, en la que cada día se procesan 1.6 millones de botellas de plástico.

Ingrup abrió su primera planta en Guatemala en 1995, y en el 2013 fundaron una segunda en las que en los últimos tres años han reciclado 14 mil contenedores de plástico.  El modelo de producción de esta compañía está orientado a estrategias de sostenibilidad basadas en la aplicación de las 4R: reducir, reutilizar, reciclar y reforestar.

“Para Ingrup es crucial la innovación y la mejora constante de nuestras actividades productivas e iniciativas ambientales, porque sabemos que poco a poco podemos hacer una gran diferencia y contribuir a reducir el impacto ambiental a su más mínima expresión”, dijo Pedro Castillo, gerente de desarrollo de negocios de dicha compañía.

En las platas de Ingrup se reciclan 1.6 millones de botellas de plástico al día. (Foto Prensa Libre: cortesía Ingrup)
En las platas de Ingrup se reciclan 1.6 millones de botellas de plástico al día. (Foto Prensa Libre: cortesía Ingrup)

Acciones

En el mercado dominical de San Pedro La Laguna, Sololá, los clientes que abarrotan esa comunidad indígena del occidente del país ya no portan bolsas de plástico. Allí, la vanguardia está en la tradición: los productos se entregan en hojas de árbol de plátano.

Las bolsas de plástico parecen inofensivas y se usan todos los días. Son de colores, transparentes o con grandes logotipos de publicidad. Pero a pesar de sus múltiples formas y variedades tardan en degradarse un promedio de 150 y 200 años, por lo que constituyen una amenaza para la salud del planeta.

Consciente de esta situación, el alcalde de San Pedro La Laguna, Mauricio Méndez, ha declarado la guerra a ese refinado del petróleo prohibiendo la distribución de las bolsas de plástico, productos de duropor y pajillas, un hecho que equipara a ese pequeño enclave, ubicado a las orillas del Lago Atlitlán, a los países más avanzados de Europa, que recientemente también han adoptado medidas frente a la creciente amenaza de los plásticos.

En San Pedro La Laguna, la población, en su mayoría de la etnia tz’utujil, vive del comercio y del turismo, pero la contaminación de las aguas del Lago ha sido una de las mayores preocupaciones durante años, por lo que esta medida, la tercera en el país, ha sido vista con buenos ojos.

Fernando, un carnicero tz’utujil que trabaja en el mercado, piensa que deshacerse del plástico es la mejor opción: “Las hojas de plátano sirven igual que las bolsas y no contaminan nuestro lago. Los clientes ya las piden. Así todos vamos a ser más felices”.

También María, una tímida vendedora que comercia con mariscos, ha adoptado la disposición con gusto y aunque reconoce que “algunos todavía están usando bolsas”, expresa su deseo de que dejen de hacerlo y se cambien a las hojas de plátano: “Son mejores para el ambiente”.

Las multas para quienes no acaten la disposición ambiental van desde los Q300 hasta los Q15 mil, aunque esas cantidades se pueden duplicar con la reincidencia.

Con este esfuerzo, los hábitos de los residentes han empezado a cambiar. “Traigo mi propio contenedor, no necesito esto que ensucia el pueblo”, explicó una compradora local luego de rechazar una bolsa de plástico para su compra de dos libras de pollo.