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Prensa Libre

22/09/02 - 00:00 Cultura

Remedios Caseros (II)

metropolitánicamentehablando

A los niños del siglo XXI ya no les sale“escupelo”.

Así se le llamaba a una horrenda protuberancia pustulenta roja y de lo más desagradable que salía a la orilla del ojo.

Según decían nuestros mayores, salía por ver “cosas indecentes”. E indecente era mirarse “allí” durante largo rato, era ver a dos perros haciendo contacto sexual en la calle o a una pareja besándose como si estuviera estampada en un poste.

Y si a los niños de hoy ya no les sale escupelo, no es porque los perros ya no se queden prendidos recibiendo el respectivo guacalazo de la señora de la tienda, sino porque junto con las épocas cambian las pestes.

Pero cuando le salía escupelo al niño, para que desapareciera se le pasaba la punta de la cola de un gato sobre la protuberancia, mejor si era gata, y negra, y todavía mejor si era una gata negra embarazada. Se suponía que esa fricción desinflaba el mal.

Antes había remedios caseros para todo, para el pujo y para la tartamudez. Aquí le van un par de ejemplos de lo que podría hacer usted en caso de enfermedad. Guárdelos porque son recetas, quién sabe si hoy mismo le salga un pus por ahí, o sea víctima de una caída del “cuajo” y necesite hacer uso de este lindo catálogo.

Si tiene empacho (comió hasta el hartazgo, es decir, se hartó): pida que le den un masaje sobre el estómago, con la palma de la mano abierta y bien llena de manteca, desde el pecho hacia abajo del ombligo, y que se lo hagan despacito, despacito... para que el daño vaya suavisándose.

Para curar la “desipela” (hinchazón de una pierna): cójase un sapo vivo; agárresele cuidadosamente de la cabeza y de las patillas y pásele la panza, que es caliente, sobre la “canilla” (pierna). Unas 10 pasadas bastan.

Para el dolor de cabeza: póngase dos pedacitos de frijol crudo “sobre los sentidos” (las sienes).

Para la anemia: corte “cojollitos” de jocote y sírvalos como en ensalada. También funciona comer la carne cruda (de res) sangrando.

Si “se le cayó el cuajo” al niño de un año: (no se sabe con exactitud qué era el cuajo, pero era algo que estaba dentro del cuerpo y que tenía que “asentar”) agárrelo de los pies y póngalo así de cabeza como si fuera un recién nacido, péguele tres palmadas duras en las plantas de los pies, hasta que chille, así el cuajo volverá a su lugar y además desaparecerá el “hoyo en la mollera”.

Para dolor de estómago: haga caldo de un pedazo de hueso de costilla, cómase una tortilla y píquele hierbabuena cocida.

Si su niño tiene el estómago grande, las canillas son un palito y tiene los pies hinchados, dele de comer pollitos cocidos, lo más tierno que se pueda, durante 7 ó 14 días.

Si tiene mal de ojo: dele de tomar las aguas de 7 montes que venden en el mercado central y tiéndalo boca arriba, sobre el suelo plano. Tiene que pasarle un huevo crudo (de gallina) sobre el cuerpo. Después, el huevo de la gallina tiene que ser echado dentro de un guacal con agua y debe ser metido debajo de la cama, si se cuece, seguro que se cura.

Para las paperas: en cuanto mire que a su niño se le están abultando los cachetes, tírelo duro de las orejas hacia arriba. Si de todas maneras le salen, amárrele un pañuelo con relleno de lechuga o tomate y anúdeselo en la cabeza. No debe levantarse durante por lo menos tres días para que no se le caigan las paperas al estómago.

Remedios importados...

Dos lectores chapines que residen en Estados Unidos desde hace años, se refieren a la nota del domingo pasado (Remedios, parte I) y además escriben algo acerca de los remedios caseros.

Analigia de Mora, desde Miami:

“Aquí van un par de remedios caseros... Lombrices: ajo machacado con miel...

Para la tos: cebolla morada hervida con tomillo y miel blanca...

Para los trancazos en la cara: chinchones, etc... miel encima del golpe y un pedacito de papel encerado...

Para la mala suerte; baños de 7 hierbas, romero, albahaca, ruda, menta etc. etc. etc.

Para la bronquitis: ungüento en el pecho y camisetas de manta.

Tengo un montón pero allí la dejamos...”

Terminamos con lo que nos escribe don José Gabriel Pinto, desde Chicago:

“Mi casa era un campo de concentración por el tipo de torturas y experimentos que hacían conmigo y con mi hermano mayor con los remedios caseros, desde cucarachas de montaña (blancas) tostadas en aceite de olivo y miel para el asma, hasta un simple purgante que lo podía dejar en casa por cuestión de dos días”.

Feliz domingo, hasta el próximo y que la ruda los acompañe.

POR: JUAN CARLOS LEMUS /

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