Revista D

El Almirante desconocido 

El origen de Cristóbal Colón aún constituye un gran enigma para la Historia.

Por Roberto Villalobos Viato

Monumento a Colón, en Barcelona, España. Teorías indican que el Almirante nació en esa ciudad. Foto Prensa Libre: Roberto Villalobos Viato.
Monumento a Colón, en Barcelona, España. Teorías indican que el Almirante nació en esa ciudad. Foto Prensa Libre: Roberto Villalobos Viato.

Hay un Cristóbal Colón que la historia ha convertido en héroe. Se le pinta como un intrépido navegante genovés que nació en el seno de una familia humilde y que, por su perseverancia, logró llegar ante los Reyes Católicos, a quienes convenció para que le patrocinaran en un proyecto personal, increíble y ambicioso: llegar a las Indias atravesando el océano Atlántico, con lo cual demostraría la esfericidad de la Tierra. 

Este personaje aparece como un ídolo sin igual. Basta con revisar los libros de texto de los estudiantes de primaria, los sitios de internet o las enciclopedias.

“Hay un Cristóbal Colón que vive en la leyenda y en la poesía, y otro en la realidad”, escribe el investigador David Vela en su libro El mito de Colón (Guatemala, colección Encuentro de dos mundos, volumen 3).

Aunque es cierto que con su expedición, en 1492, “se oficializó” el descubrimiento de América, en realidad, fue el último de los grandes exploradores en llegar.

Arqueólogos han encontrado en el Nuevo Mundo evidencias de la presunta presencia de fenicios, romanos, chinos, vikingos y africanos, muchos siglos antes que el genovés.

Pero, según numerosas investigaciones, basadas en evidencias contudentes, hay muchos otros datos sobre este personaje que constituyen una falacia.

“Quien empezó a divulgar el fraude histórico fue el mismísimo Colón, al mentir y ocultar datos sobre su nacimiento e infancia. No se sabe nada sobre sus primeros años, ni de su juventud, sino hasta su arribo a Portugal”, escribe Antonio Las Heras en su libro La trama de Colón.

Entonces, ¿qué razones habría tenido el famoso navegante para ocultar su identidad?

El enigma

Pese a que Cristóbal Colón es de los personajes históricos sobre quienes más se ha escrito, tiene la paradoja de que es uno de los más desconocidos.

¿Dónde nació? Esa pregunta aún es enigmática. Se cree que pudo haber sido catalán, francés, vasco, portugués o de raíces judías. Por supuesto, la historia se ha encargado de divulgar que era genovés y que era el hijo mayor de una familia de tejedores.

Charles Merrill, catedrático de la Universidad Mount St. Mary’s y uno de los más acuciosos investigadores de este personaje, indica que, en efecto, pudo haber existido un Cristóbal Colón italiano —Cristóforo Colombo—, pero que no era el mismo que descubrió América.

Entonces, ¿qué hay del documento que se conserva en Génova, Italia, en el cual se lee: “De Génova salí y en ella nací”, y que está firmado por el mismo Colón? De acuerdo con Merrill, es una copia de un original perdido y que, además, es muy probable que sea una falsificación.

De hecho, durante siglos, los descendientes del navegante estuvieron envueltos en pleitos para reclamar títulos y rentas perpetuas en el Nuevo Mundo, lo cual motivó a que muchas escrituras desaparecieran a propósito o se falsificaran.

“Cristóforo, el hijo de los genoveses Doménico Colombo y de Susana Fontanarrosa, no era el mismo que emprendió el viaje hacia las Indias”, insiste Merrill.

Entonces, si no era genovés, ¿de dónde era? ¿Por qué ocultó su identidad?

Para descifrarlo hay que remontarse a 1476, cuando, a unos 10 km de las costas portuguesas, aconteció una decisiva batalla naval.

Según la historia “oficial”, el enfrentamiento fue entre un barco genovés —donde viajaba Colón— y una despiadada embarcación corsaria.

Tras el hundimiento de los genoveses, el navegante pudo ponerse a salvo al nadar hasta la playa.

Sin embargo, la biografía que se atribuye a su hijo Hernando cuenta algo diferente. Este afirma que la lucha fue entre un barco aliado a los Reyes Católicos contra un buque corsario, el cual capitaneaba Colón.

En esta teoría alterna también se dice que Colón, el corsario, se salvó tras nadar y ser arrastrado hasta la costa.

Suponiendo que esto haya sido cierto, el Almirante habría ocultado su identidad para que, años más tarde, los Reyes Católicos le patrocinaran su expedición. Si descubrían que en el pasado había luchado contra las naves reales, lo más seguro es que le hubieran retirado su apoyo.

De hecho, Colón, al final de sus días, dirigió a los reyes una carta en la que confirmó que había capitaneado un barco durante la guerra civil catalana contra la familia del rey Fernando —el monarca que apoyó la empresa colombina—.

Otra parte que no encaja con la teoría convencional es que su matrimonio fue con Felipa Muñiz, una noble portuguesa. En ese tiempo, era inconcebible que una persona de orígenes humildes se casara con alguien de la élite.

Lo cierto es que tras la muerte de Muñiz, Colón se trasladó a Castilla. Precisamente ahí empieza la historia conocida por todos, cuando “visitó a los monarcas para lograr que le subvencionaran un arriesgado viaje por el océano ignoto”.

¿Nacido en Cataluña?

Hasta hoy, los catalanes aseguran que Colón nació en esa región. Esa teoría coincide cuando se dice que el Almirante participó en una batalla frente a las costas portuguesas, pero con los corsarios, quienes, según documentos, era capitaneada por un tal Colom (con “m”), de Barcelona.

Merrill, en su libro Colom: 500 años de engaños, explica que la familia de Colón estaba enemistada con la familia real, motivo suficiente para que decidiera ocultar su origen.

De acuerdo con el autor, el descrubidor siempre apareció en los textos como Colomo o Colón, castellanización del apellido catalán Colom, que no existe ni en Italia ni en Castilla.

Asimismo, defiende que puso nombres muy catalanes a las nuevas tierras descubiertas, como en el caso de la isla Montserrat en las actuales Antillas, y que cuando se refería a los Reyes Católicos lo hacía como “mis señores naturales”, lo que quiere decir que era súbdito de Aragón —región que, en ese tiempo, también abarcaba Cataluña—.

Asimismo, Merrill indica que en ciertos documentos se le menciona como “extranjero”, pero respecto a otro reino, el de Castilla —España no existía como tal—.

Con esta teoría coinciden estudios de la Universidad de Georgetown, la cual asegura que Colón era catalanohablante de Aragón. Esto también lo afirma el libro El ADN de los escritos de Colón, de la investigadora Estelle Irizarry, de esa institución académica.

Con esto concuerda Gabriel Roura, especialista en escritura medieval y archivero de la Catedral de Girona, quien efectuó un análisis grafológico de las cartas de Colón. Concluyó que la escritura del navegante muestra una clara influencia del catalán.

El escritor Jordi Bilbeny, asimismo, sostiene en sus libros el origen barcelonés del Almirante; según él, era un noble navegante que se llamaba Joan Colom i Bertram.

El piloto anónimo

Otro de los grandes mitos en torno a Colón es que, supuestamente, trataba de comprobar que la Tierra era redonda. Para los historiadores, esto también es un engaño, pues, para su época ya se había extendido la idea de que el planeta era un globo.

De hecho, el matemático, astrónomo y geógrafo griego Eratóstenes calculó la circunferencia del planeta con una exactitud asombrosa, pues, hace unos dos mil 300 años, falló en tan solo 400 kilómetros, aproximadamente.

Asimismo, el sabio griego Tolomeo, en el siglo II, dividió el mundo en una retícula formada por líneas verticales y horizontales —meridianos y paralelos, respectivamente—, con lo cual se establecieron las coordenadas geográficas que hoy se siguen empleando.

Incluso, su obra —la Geographika— despertó un enorme interés en la Europa de tiempos de Colón, ya que estaban ansiosos por apoderarse de las riquezas y especias de Asia. De esa cuenta, muchos se aventuraron a navegar por nuevas rutas. Fue precisamente Cristóbal Colón quien tomó el mayor riesgo y se adentró en las aguas desconocidas del Atlántico, pensando desembarcar en Asia.

No lo logró, pero descubrió América.

Además, historiadores afirman que el navegante estaba seguro de su travesía porque tenía información secreta de otros navegantes.

Se cuenta que había un piloto desconocido —quizás portugués, vizcaíno o andaluz— que ya había estado en el Caribe; algunos sostienen que su nombre era Alonso Sánchez.

Aunque se desconozca su verdadero nombre —si es que es cierta la leyenda—, este piloto anónimo, en 1484, viajó de la Península Ibérica a las Islas Canarias y Madera, pero a mitad de viaje fue sorprendido por un fuerte temporal que duró 28 ó 29 días. Sin rumbo, llegó a una isla desconocida —se supone que pudo ser la actual República Dominicana—.

A su regreso a las Canarias, solo sobrevivían entre cuatro y seis hombres. Al final, el piloto anónimo llegó a Portugal, donde entonces residía Colón, quien se hizo cargo del enfermo y moribundo —quizás por sífilis— hasta el final de sus días.

En agradecimiento, le entregó al Almirante sus documentos del viaje. “En el tiempo en que vivió el buen Alonso Sánchez (o el piloto anónimo), le dio cuenta a Colón de todo lo que había pasado en la ida y vuelta, y de la isla donde había llegado, entregándole papeles, que en el viaje había hecho”, se narra en libro Varones ilustres del Nuevo Mundo (1603), de Fernando Pizarro y Orellana.

Se dice, además, que Sánchez conocía la congregación dominica de La Rábida, adonde, posteriormente, había llegado Colón a pedir ayuda para obtener una audiencia con los reyes Fernando e Isabel.

Asimismo, los investigadores explican que Colón había tenido otras cartas de navegación por medio de su suegra, cuyo esposo era un importante navegante.

Los historiadores refuerzan sus teorías apoyándose en el hecho de que Colón, si hubiera navegado en línea recta desde el puerto de Palos, habría atracado en las costas de Estados Unidos. Sin embargo, bajó a las Canarias y aún descendió ligeramente hacia el sur, como le habría mencionado el piloto desconocido. Lo que Colón buscaba, en realidad, era Cipango (Japón), una región rica en oro. El Almirante desconocía que ese territorio era la isla de La Española.



Desembarco de Colón. Óleo sobre tela de John Vanderlyn (1847).
Desembarco de Colón. Óleo sobre tela de John Vanderlyn (1847).


La sífilis

Una vez descubierto —o redescubierto— el Nuevo Mundo, el encuentro entre los europeos con los nativos americanos dejó un resultado médico desfavorable para ambos. De esa cuenta, Colón y sus hombres trajeron a América el tétanos, el tifo, la tifoidea, la difteria, la influenza, la neumonía, la tos ferina, la disentería y la viruela; asimismo, durante las campañas de la conquista, introdujeron la malaria y la triquinosis. Mientras tanto, los españoles contrajeron el bacilo de la sífilis, una enfermedad que estaba expandida entre los indígenas americanos desde hacía varias generaciones. Por esa razón, la sífilis se propagó por toda Europa, siendo un problema para la salud pública durante unos 400 años.

Además de las enfermedades, los europeos al mando de Colón fueron crueles, sanguinarios. En definitiva, no eran los “santos” que vinieron a convertir en cristianos a los indígenas.

En las crónicas se narra que los nativos los recibían con obsequios de todo tipo —entre oro, animales exóticos o productos inexistentes en el Viejo Continente, como el cacao, el tomate o el chile—, mientras que los invasores les cortaban las manos o hacían concursos para ver quién podía partir en dos, de un solo sablazo, a algún indígena. Documentos también apuntan que los recién nacidos eran lanzados a los perros.

Enfermo de sífilis —según muchos historiadores—, Colón aún tuvo fuerzas para regresar a las Indias, y ser precursor de otras barbaries como decapitar y sacrificar en hogueras a miles de nativos. Engrilletado después de su tercer viaje, llegó a España mostrando signos de demencia, semejantes a la sífilis en su etapa terciaria. Durante su cuarto y último viaje (1502), casi no tenía fuerzas y aseguraba tener visiones divinas. Antes de morir, estuvo postrado en cama con parálisis en las extremidades, hinchazón corporal, desvaríos mentales y daños cardiovasculares; signos clásicos de la enfermedad venérea.

¿Quién era?

Muchos detalles sobre la vida de Cristóbal Colón están perdidos. Su gesta —la de descubrir América por error— quizás nunca hubiera sido posible si no hubiera ocultado datos.

Tal vez algún día se redescubra al Almirante, tal como lo presagio él mismo en su Libro de los privilegios, donde recopiló las mercedes que recibió de los reyes: “De ti espero, Señor, que la confusión no dure eternamente”.

Mapa Martellus

El cartógrafo alemán Henricus Martellus, quien residió en Florencia, trazó hacia 1491 un mapa detallado del mundo que, quizás, influyó para que Cristóbal Colón emprendiera un viaje hacia las Indias.

El documento representa la superficie terrestre desde el Atlántico hasta el oeste, hasta Japón, en el este, y está salpicado de descripciones de diferentes regiones y pueblos.

De acuerdo con los investigadores, el explorador esperaba encontrar Japón donde Martellus lo representaba, lejos de la costa asiática, y con su eje principal corriendo de norte a sur. Hasta ahora, no se ha descubierto ningún otro mapa que muestre a Japón en esa configuración.

Desde 1962, el Mapa Martellus se conserva en la Universidad de Yale, EE. UU.



Mapa Martellus conservado en la Universidad de Yale, EE. UU.
Mapa Martellus conservado en la Universidad de Yale, EE. UU.


¿Judío?

Algunas teorías refieren que Cristóbal Colón era judío y que, precisamente por eso, ocultó sus orígenes ante los Reyes Católicos —en ese tiempo, el Reino de Aragón estaba bajo asedio de la Inquisición, la cual mandaba a la hoguera a los no cristianos—.

Simon Wiesenthal, en su libro Las velas de la esperanza, afirma que Cristóbal Colón fue a las Indias cumpliendo con la misión secreta de la colectividad sefardita  para llegar el Paraíso Terrenal.