Comunitario

Crónica de sobreviviente en Acatenango

José Roberto Berganza Guzmán, de 28 años, originario de El Salvador, aún con crisis nerviosa relató a Prensa Libre, esta noche que la tragedia en el volcán Acatenango, Chimaltenango, parecía una película de miedo y que es la peor experiencia de su vida, además hizo una crónica de cómo fue salvado por su guía.

Por Byron Rolando Vásquez

José Roberto Berganza Guzmán, originario de El Salvador, relató a <em>Prensa Libre</em>, esta noche que la tragedia en el volcán Acatenango, parecía una película de miedo. (Foto Prensa Libre: Álvaro Interiano)
José Roberto Berganza Guzmán, originario de El Salvador, relató a Prensa Libre, esta noche que la tragedia en el volcán Acatenango, parecía una película de miedo. (Foto Prensa Libre: Álvaro Interiano)

El jueves de la semana pasada llegó a Antigua Guatemala, y al reunirse con unos amigos le hacen la invitación para ascender el volcán durante el fin de semana y él acepta el reto para cerrar su gira de cuatro meses por Latinoamérica.

Domingo

6 horas: Empiezan a desarmar las carpas para descender, previo a bajar ingieren unas barras de complementos alimenticios para poder soportar el hambre y la caminata.

En ese momento otro integrante del grupo sacó una botella de Tequila y les dijo que aunque no les gustara lo bebieran para poder entrar en calor y no sufrir de hipotermia.

Por el peso de las mochilas dejaron los alimentos enlatados que llevaban para hacer liviana la carga, y es así como llegan a las comunidades en las faldas del volcán y se ponen a salvo.

5 horas:  El guía local les dice que se levanten y que tienen que empezar a descender.  Pero Alan Sagastume, un tour operador les advierte que no pueden hacerlo porque aún esta oscuro y se pueden perder.  

3 horas: Empezó a escuchar las voces del otro grupo, que según le comentaron, eran de los que se extraviaron y algunos de ellos murieron, “ellos decían se nos destruyeron las carpas y se nos entró toda el agua. En ese momento escuché a un guía turístico que dijo por favor levántense y salgan de sus carpas y nos vamos ya. Y mi guía expresó no, no podemos bajar a esta hora, no hay luz, nos podemos perder y si adentro de la carpa está haciendo frío no se imaginan como está afuera”.

Recuerda que a esta hora salió el grupo que él presume era integrado por los seis que murieron.

Añade que le indicaron que estaban a -15 grados, y se encontraban a una altura de 3 mil 850 metros sobre el nivel del mar, cerca del cráter en el lugar donde todos acampan. “Y el guía nos insistió que no podíamos bajar y que nos teníamos que quedar allí hasta que saliera el sol”, relató el sobreviviente.

“Se escuchaban gritos, todos estábamos con miedo”, dice el ciudadano salvadoreño.

También menciona que a esa hora se tuvieron que abrazar para poder soportar el frío que era más fuerte y todo el cuerpo le temblaba.

“Llegó el momento en que me acosté y simplemente cerré los ojos, y dije los vuelvo a abrir o aquí quedé, sinceramente  pasó por mi mente aquí terminé, al final fue como sí me despierto será un milagro”, subrayó Berganza Guzmán.

1 horas: La carpa estaba llena de agua.

Sábado

24 horas: Una de sus amigas, grita “se me está metiendo el agua, está lloviendo, está lloviendo, y nosotros le dijimos que no, pero se empezaron a mojar las carpas y el fuerte viento levantaba todo lo que cubría la carpa y se empezó a meter el agua”.





22 horas: Salen para reunirse con otros excursionistas que tenían una fogata, “en el grupo estaban unas personas que dicen, a mí no me consta, que eran de quienes después encontraron los cadáveres, yo no sé si hablé con algunas mujeres de las que se perdieron”.

Añade que por lo bajo de la temperatura empezó a caer agua y el viento era muy fuerte, “era como escarcha y con mi grupo ya no aguantamos el frío afuera y nos volvimos a meter a las carpas, y dijimos que íbamos a dormir”.

También dijo que un guía que vive en las comunidades de las faldas del volcán, les trató de animar indicándoles que al día siguiente subirían al cráter para poder observar el amanecer y el volcán de Fuego, que estaba en erupción.

19 horas: Tomaron la decisión de encerrarse en las carpas porque el frío intenso y no lo soportaban.

17.30 horas: Llegan al lugar en donde les entregan sus mochilas, este lugar se ubicaba a unos 300 metros de la cima del volcán Acatenango.

Minutos después deciden armar las cinco carpas, porque ya hacía “mucho viento y dijimos armemos las carpas ahorita antes de que se haga más noche”.

Recuerda que en su recorrido llegaron a una estación y observaron que grupos de turistas estaban preparándose para acampar, abajo del área en donde regularmente se acostumbra levantar los campamentos. “Y preguntamos ¿Por qué están acampando acá? y nos respondieron es que arriba está haciendo mucho frío”.

Señala que su grupo había enviado sus mochilas en caballo y quienes llevaban la carga tomaron un camino distinto al de ellos, y entonces se vieron obligados a continuar con el ascenso hasta donde les entregarían sus pertenencias.

Relató que no almorzaron, ni cenaron porque la comida iba en los caballos.

12. 30 horas: Berganza Guzmán, junto a otros 12 excursionistas, entre nacionales y extranjeros, tres mujeres y el resto hombres, emprenden el ascenso al volcán y en ese momento observó que habían muchos vehículos parquedos en las comunidades ubicadas en las faldas y eso le brindó confianza para emprender la caminata.  

11 horas: Salen de Antigua Guatemala rumbo a las faldas del volcán de Acatenango, en las aldeas Soledad y San José Calderas, en donde un guía local los recibe. Previo a salir revisó las condiciones meteorológicas y observó que el clima estaría a 7 grados en la madrugada, “no sabía nada del frente frío, y bueno íbamos preparados y todo lo que llevábamos era para frío, todo térmico”.

Berganza Guzmán, tiene previsto retornar este martes a El Salvador para reunirse con su familia.